Esta es una de esas ocasiones en las que uno se sientan ante la hoja en blanco sabiendo que va a salir perdiendo. Un espacio que rellenar por delante conociendo el resultado de antemano. Como un partido amañado. ¿Y a qué se debe este arranque? A sentir que este quien escribe va en dirección contraria con una de las series del año. Westworld. Por si el fan acérrimo de Westworld no quiere seguir leyendo, aviso: no, esta no es la serie del año -¿The People vs OJ Simpson?-, ni siquiera entra en un top 3. Y ni mucho menos una de las mejores jamás hechas.

A tal nivel han llegado algunos calificativos. Es una serie entretenida, sí, pero con varios errores demasiado relevantes. No lo llamemos errores, si lo prefieren, y digamos que son problemas. Y como problemas son solucionables de cara al futuro. Hay mimbres de cara al futuro y, por tanto, menos mal que Jonathan Nolan y Lisa Joy tienen un año por delante para enmendar esos aspectos a medias.

Antes de continuar quisiera dejar clara otra postura: no considero Westworld una mala serie. No. Hay cosas a destacar, como una historia que aunque a trompicones termina por agarrarte a su desenlace. El problema aquí es la llegada a dicho desenlace y como juegan con el espectador. Otro de los aspectos positivos es el apartado cinematográfico en si. Todo está cuidado al máximo, cada plano. La fotografía, perfecta. Como podía esperarse de una serie de ciencia ficción con un gran presupuesto como el suyo. Los actores cumplen tal y como su nombre les exige. Pero claro, son tipos como Ed Harris o Anthony Hopkins.

El primero, inconmensurable, creyendo en el proyecto y en su personaje desde el primer momento. Cada segundo suyo en pantalla sube el nivel de la serie. Anthony Hopkins es un tipo que no falla. Un seguro de vida bajo ese halo de frialdad. Su carisma es indiscutible. Su simple presencia roba la atención del espectador. Sin embargo, hay situaciones en las que deja la sensación de estar actuando con el freno de mano echado. Esto no es algo negativo per se. Algo positivo si acaso, demostrando la facilidad que tiene Hopkins para realizar ciertos papeles.

Westworld.

El resto del elenco es de nivel. Jeffrey Wright vuelve a realizar un buen papel. Nos enamoró en Boardwalk Empire y aquí, en un registro completamente diferente, sigue sacando buena nota. Tanto Evan Rachel Wood como Thandie Newton cumplen sobradamente, brillando en varios momentos de la temporada. El problema de todos ellos -y los secundarios- es lo poco que nos dicen sus personajes. Ahí nos falla Westworld. Durante gran parte de estos primeros diez capítulos nadie nos dice qué busca la serie. A dónde quiere llegar. Y eso lo acusan los diferentes protagonistas, demasiados en ocasiones, y algunos de los que incluso desconocemos su final -en parte al menos-. ¿Es la trama de la dirección necesaria? No. ¿Qué ocurre en los cinco o seis primeros episodios? Entre poco y nada. ¿Es necesaria semejante introducción al mundo que nos quieren mostrar en Westworld? No.

Cuando Westworld se pone metafísica se queda a medias. Entre medias, quiere equipararse a Lost -bien podríamos decir que quiere ser ‘la siguiente Lost’– para no conseguirlo. Demasiados giros de guión para engañar al espectador y que este se mantenga ante la pantalla una semana tras otra. Algunos de esos trucos tan simples como el que cualquier empleado pueda trastocar toda la configuración de los robots con total libertad. En un lugar o empresa donde todo parece estar controlado al dedillo, chirría bastante este hecho.

Pero uno va tragando. Porque en el fondo hay algo que incita a seguir la historia. O serán las ganas de que esta serie sea realmente buena, de que nos ofrezca algo diferente. De que dignifique la ciencia ficción y sea un show para el recuerdo. Es la apuesta de HBO: el dinero y los nombres los tiene. Quizá sea el hype, el querer entender por qué ha gustado tanto.

Esperemos que en el futuro a la serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy no le cueste otros cinco o seis capítulos saber hacia donde se dirige, qué quiere ser. Que sea más directa y concreta, que aclare sus postulados. A su vez lo bueno es que es una serie con cinco temporadas en la mente de sus creadores, de la cual esta primera es solo un prólogo. Sin embargo, cinco capítulos gastados en poco, de un total de cincuenta, parecen demasiados. Tras el fracaso de Vinyl y el próximo adiós de Game of Thrones, HBO ha puesto todas sus esperanzas en Westworld. No va a ser ni The Wire, ni The Sopranos ni Six Feet Under, pero merece más de una oportunidad.