Martin Scorsese es un melómano, quizá el mayor melómano de la industria de Hollywood. Esto bien puede ser una exageración, pero lo cierto es que su trayectoria nos habla de un director enamorado hasta el límite de la música y de sus protagonistas. Sus documentales sobre The Band, Bob Dylan, The Rolling Stones y George Harrison le delatan. Pero le faltaba un último homenaje, o mejor un último homenajeado, la propia industria que tanto le apasiona. Vinyl es precisamente eso, un homenaje a la caótica industria de la música de los 70, pero también a la sociedad de la época, a aquella Nueva York decadente en imagen y economía pero llena de vida en sus calles y sus bares.

De la mano de Mick Jagger y Terence Winter, Scorsese nos sumerge en un relato lleno de ritmo y energía desde el primer minuto. Vinyl no es perfecta ni lo pretende. Nos muestra el caos que dominaba la escena en los setenta, sin intenciones de sentar cátedra. Sus principales pretensiones pasan por enganchar al espectador, especialmente a aquel tan melómano como Scorsese. Y lo consigue. Sus armas se dividen entre la música y las drogas, así como la espiral autodestructiva en la que se introduce el personaje de Richie Finestra, su protagonista.

Vinyl no busca sorprender ni sentar cátedra. La música y su industria es entretenimiento y eso es lo que quieren ofrecer sus creadores. Los 113 minutos del piloto -el más largo de la historia- fueron dirigidos por Scorsese como ya ocurriera con Boardwalk Empire, otra de sus series. En dicho piloto y nada más arrancar ya vemos las que serán las señas de identidad de la serie: buena música, buena ambientación, ritmo y drogas. Ya en los eléctricos primeros minutos del piloto están presente, en esa secuencia en la que Finestra descubre a los New York Dolls -con un David Johansen clavado- en el Mercer Arts Center, mientras los Dolls ejecutan Personality Crisis, una perfecta metáfora de lo que está por venir.

Vinyl HBO Juno Temple Bobby Cannavale Richie Finestra

Las sustancias estimulantes juegan un papel capital en el show, ya que pronto descubriremos que la forma de actuar de Finestra se encuentra totalmente influenciada por su excesivo consumo de drogas. Sus productores no han escondido la droga ni han intentado darle un tono oscuro, al contrario, se decidieron a mostrarla tal y como se podía ver en aquella década de los setenta, una época en la que drogas como la cocaína no estaban mal vistas e incluso se utilizaban como un medio más de socialización. En otras palabras, no era necesario esconderse para consumirlas, sino que hasta eran un componente más en fiestas y hasta en reuniones, como podía serlo el alcohol o unos canapés, según fuentes de la época.

Hablar de Vinyl es además hablar de Richie Finestra y, por tanto, de Bobby Cannavale. El actor estadounidense se encuentra como pez en el agua, como si el papel fuese escrito para él. Algo que no sería de extrañar teniendo en cuenta que Cannavale formó parte de Boardwalk Empire, cumpliendo a la perfección como el gángster psicópata Gyp Rosetti. En Vinyl está magnífico y por momentos eclipsa al resto del elenco. Su actuación absorbe y devora la pantalla en la gran mayoría de sus planos. Junto a él una Olivia Wilde en el papel de una ex modelo de Andy Warhol convertida en ‘esposa de’, papel del que acabará renegando ante los excesos de su marido.

Otro que repite a buen nivel vía Boardwalk Empire es Max Casella. Desde El Lobo de Wall Street, otra del dúo Scorsese-Winter, llega Scott Levitt, alguien que debería mirarse lo de que le planten pelucas ridículas cada dos por tres. Sorprende ver a Ray Romano drogarse como quien va a por el pan a la panadería, pero tras las posibles reticencias iniciales la actuación de la estrella de Everybody Loves Raymond raya a un gran nivel. El dúo que conforman Juno Temple y James Jagger -hijo de Mick, todo queda en familia- cumple, en especial un Jagger que parece haber nacido para el papel de protopunk ensimismado y antitodo.

“It’s all about the songs, guys. Can you hum it? Will you remember it tomorrow? Does it make you want to call the radio station and ask who the band they just played was? Think back. Think back to the first time you heard a song that made the hairs on the back of your neck stand up, made you want to dance, or fuck or go our and kick somebody’s ass! That’s what I want! In two weeks”.
Richie Finestra

Los guiños a la industria y a la historia de la música son constantes. Las apariciones de estrellas de la época genera la sensación de no ver una serie, sino más bien un documental en vivo y en directo de lo que fueron aquellos años, aún a pesar de que Vinyl se toma algunas licencias de cara al argumento y desarrollo de la historia. Ver a Alice Cooper jugando con los empleados de la American Century Records que dirige Finestra o la conversación de este con los miembros de Led Zeppelin avisan de lo que está por llegar.

Cass Elliot, un John Lennon sarcástico y muy creíble -en pleno ‘fin de semana perdido’ con May Pang-, David Bowie o Andy Warhol entre otros, le dan un extra de credibilidad, algo a lo que ayudan los conciertos muy bien recreados de la Velvet Underground, Lou Reed o New York Dolls. Con mención especial para el Elvis Presley que realiza el imitador Shawn Wayne Klush. Viendo en pantalla al Coronel Parker uno empieza a sentirse intimidado por la secuencia, pero cuando es Elvis el que toma el testigo la adrenalina se dispara. Aún a pesar de ser consciente de que el Rey del Rock falleció hace muchos años, los guionistas y Klush consiguen revivir por algunos instantes el aura y el magnetismo que Elvis tenía.

Vinyl no es solo una serie sobre la música y su industria. Es también una serie que habla sobre la pasión. Esa pasión que para algunos, muchos o pocos, mueve el mundo, es la que agita a Richie Finestra. Y entre todas las canciones, estrellas, drogas e historias la sensación que termina venciendo es precisamente esa, la de que Vinyl es una oda a la pasión, la que lleva a Finestra a creer de nuevo en su sello musical, la que le incita a buscar nuevos sonidos -como la incipiente música disco, una escena que germinaba en Nueva York en lugares underground- no solo para él y su discográfica, también por verlo como una necesidad de remover el aletargamiento en el que puede caer la industria. Por desgracia los creadores decidieron meter por medio a la Mafia, quienes si bien es cierto que jugaron un papel importante en algunos momentos de la música, aquí sobran desde el primer plano en el que aparecen.

Las críticas han sido bastante irregulares con Vinyl. Hay una cierta sensación de que se esperaba más de ella, pero tanto aquellos que quedaron prendados como los que quisieran darle una segunda oportunidad se han quedado con las ganas. HBO ha tomado la decisión de cancelar la serie. Algo extraño cuando habían realizado cambios buscando una mejora que la cadena de cable creía necesaria. Entre las decisiones tomadas estaba el despido de Terence Winter. La cadena televisiva había gastado mucho dinero en esta arriesgada apuesta, y aunque la primera temporada ha sido una excelente puesta en escena de lo que podía estar por venir, nos quedaremos con las ganas. Hasta siempre, Vinyl.