La tercera temporada de True Detective ha devuelto la serie al nivel que mostró en su primera temporada. Sí, soy de los que consideran la segunda temporada un lunar, ahora ya pudiendo considerarla un bache en el camino. Porque como decía, Nic Pizzolato ha vuelto a embelesarnos con su producto estrella. Menos centrada en el caso que guía la serie y más en las cuestiones personales que marcan el camino que siguen los personajes. Una pequeña delicia que, además, cuenta con un Mahershala Ali en estado de gracia.

Dos niños desaparecen en un pequeño pueblo estadounidense. Nada nuevo bajo el sol. Incluso Heridas Abiertas trataba un tema similar. El cambio llega en la manera de tratarlo. La tercera temporada de True Detective emplea hasta tres líneas temporales para contarnos su historia. Saltando de una a otra sin necesidad de situarnos cronológicamente, bien desarrollado en todo momento de tal manera que no nos perdemos en ningún instante.

El caso resulta ser algo secundario, pero esto solo lo iremos conociendo con el paso de los capítulos. Es, como señalaba anteriormente, el medio que nos da la serie para ir construyendo un viaje personal: el de Wayne Hays (Ali), un detective que enfoca todo a realizar un digno y honesto trabajo. Tan honesto como intenta serlo en su día a día. Y esto será lo que vaya moviendo una interesante historia.

Junto a Hays, dos personas que marcan su destino. Por un lado Roland West (Stephen Dorff), el compañero detective de Hays, con el que intenta primero resolver el caso y con quien chocará en cuestiones personales. Sin embargo, un personaje que va creciendo en importancia y marcará más a Hays es el de Amelia Reardon, la mujer a la que une su destino. Una mujer fuerte, convencida a decidir su destino, aspectos que gustan y molestan por igual al protagonista.

True Detective tercera temporada

¿Por qué es quién es? ¿Qué le ha llevado a convertirse en la difícil persona que es? Ese es el destino de la serie y por eso necesitamos dar vueltas alrededor de tres líneas temporales. En ellas vamos recibiendo pistas, para terminar de entenderlo todo en la escena final, que nos muestra el lugar del que Hays nunca se fue. Todo son pequeñas piezas de un puzzle que se va construyendo poco a poco. Con el aliciente del Alzheimer que le afecta en la línea temporal más cercana al presente. Una lucha contrarreloj, que en principio pensamos es por el caso, pero a partir de la mitad de la temporada seremos conscientes de que esto no es así.

A True Detective hay que reconocerle algo que nunca le falla a una serie producida por HBO: su bella factura. En todos los sentidos. Fotografía, dirección, sonido, guion, todo funciona como un engranaje perfecto. No tenemos nada al nivel del plano secuencia de la primera temporada, pero el global roza la excelencia. La agilidad con la que se mueve de un año a otro también es destacable. Quizá el único lunar es la sencillez con la que despacha el caso que deben resolver los detectives. No es lo más relevante, cierto, pero es de justicia esperar algo más.

Esta tercera temporada de True Detective es una gran vuelta a las raíces de la serie. No debemos olvidar que en la primera temporada tan importante era el caso, como sus protagonistas. Aquí solo hay un protagonista absoluto, pero su trabajo es tan bueno que colapsa la pantalla. Sin duda alguna True Detective vuelve a contar con nuestra plena confianza de cara al trabajo que pueda llegar en el futuro. Sin embargo me siento en la obligación de dar un consejo a Nic Pizzolato: tómate tu tiempo, no hay ninguna prisa en construir la cuarta temporada. Parece obvio que nos regalas una mejor serie cuando lo desarrollas con calma.