Esas cosas solo pasan en las películas americanas. Esa frase lapidaria piensa la protagonista de The End Of The F***ing World instantes antes de que, en efecto, estalle el coche que habían estrellado contra un árbol. Todo en la serie producida por Channel 4 y que Netflix ha traído a España tiene ese aroma sureño, como si estuviera ambientada en Alabama; pero nada más lejos de la realidad, está ambientada al Norte de Gran Bretaña.

Channel 4 acierta de lleno con este producto de escasa duración -apenas 8 capítulos de 25 minutos-, y también Netflix al hacerse con sus derechos. Nada nuevo. Lo curioso del asunto es que The End Of The F***ing World si sumamos todo su metraje alcanza a duras penas las 2 horas de duración, y a nadie se le escapa que en el fondo no deja de ser un largometraje camuflado en forma de miniserie.

Vayamos al grano. Lo que gusta de la serie, más allá de tener dos actores jóvenes en estado de gracia, interpretados por Jessica Barden y Alex Lawther –Black Mirror-, es que recrea una road movie americana de las de toda la vida, pero con un toque más british. The End Of The F***ing World es ligera de digerir en la superficie, repleta de simpatía, pero dura en el fondo, donde se muestran las penurias.

Porque la serie no es una comedia dramática, es un drama enmascarado con ese toque de humor británico, una historia de supervivencia en toda regla, una de esas películas, perdón, series, que gusta masticar, paso a paso, kilómetro a kilómetro, capítulo a capítulo. Seguir el viaje de estos dos adolescentes en busca de la madurez, o de ellos mismos, es una de esas experiencias que merecen la pena.

No nos engañemos. Tras un primer capítulo donde se nos muestra a un autoidentificado psicópata y a su intento de primera víctima humana, poco a poco vamos cayendo en la cuenta de que a lo largo del viaje estos dos son los personajes más inocentes y nobles que nos podemos encontrar, dentro de sus propias y respectivas locuras. Puesto que todo lo que encuentran a su paso no es sino un claro síntoma de que el mundo puede irse al garete ante la total falta de prejuicios y vergüenzas de las personas. ¿Un tanto exagerados los personajes? Puede, pero dan salsilla a la serie.

The End Of The F***ing World es, en definitiva, una espiral hacia el interior de dos jóvenes, un viaje a ninguna parte camino de la perdición. Una especie de Bonnie and Clyde del siglo XXI pero destinado a un público algo más juvenil. Donde atina de lleno la serie es en aparentar, en sus cimientos, ser una estúpida serie adolescente más, para convertirse en uno de esos viajes donde los personajes en menos de dos horas cambian radicalmente como personas, paso a paso, kilómetro a kilómetro, gracias a la inestimable ayuda de los egoístas, macarras y seres indeseables que se encuentran por el camino.

Si cabe poner un pero en su dirección, es que el pulso narrativo de los primeros cuatro capítulos, donde todo va sobre ruedas, se pierde ligeramente en los dos o incluso tres siguientes, donde la calma -que siempre avecina tormenta- hace que la serie sea algo menos deseada antes del deseado -o no- desenlace de las aventuras de los Bonnie and Clyde del s.XXI, esa joven, tierna y alocada pareja de enamorados fuera de la ley.

Eso sí, hay que mencionar a dos jóvenes prometedores que tiran a sus espaldas de la serie, y de una banda sonora sensacional, repleta de grandes éxitos, de toques sureños americanos, e incluso que abraza en su último capítulo el western. Todo se funde de muy buena manera para que el tiempo que dediquemos a The End Of The F***ing World  no sea tirado a la basura. Quizás sea un pasatiempo, un placer culpable; o quizás sea toda una oda a la revolución, a romper con todo y mirar solo hacia adelante. Ojalá todas las series sobre adolescentes tuvieran esta mala baba.