Con The Crown Netflix ha conseguido un imposible. Nos ha colado un drama romántico, un culebrón si lo prefieren, como algo más profundo y con matices. Bajo la apariencia de un drama histórico con tintes políticos, The Crown se limita a deambular entre los amoríos y relaciones personales de los miembros de la monarquía británica. Primero se quieren y después no, ahora se toleran y más adelante no se pueden ver. Esas son las líneas maestras de los diez capítulos de la que más de uno considera ‘la serie que hay que ver’ del momento. ¿Es para tanto? No nos lo parece. Demasiado lenta y, como decimos, con una profundidad algo impostada. Por suerte hay algo, o alguien en concreto, que nos hace seguir viéndola capítulo tras capítulo. Un John Lithgow inconmensurable como Winston Churchill, en la que es quizá una de las mejores caracterizaciones de un personaje histórico. De todos los tiempos.

En Revancha hemos alabado buena parte de los shows que ofrece Netflix. La productora de streaming tiende a darnos material de calidad, como suele hacerlo también HBO. La única excepción de momento ha sido Unbreakable Kimmy Schmidt, a la que ni siquiera hemos querido darle una segunda oportunidad. The Crown no llega a tal extremo y quizá ataquemos la segunda temporada con renovadas esperanzas, aunque la ausencia del Churchill de Lithgow, al menos como personaje relevante, le resta atractivo. Con Kimmy Schmidt intentábamos entender el despropósito que ocurría ante nuestros ojos. En The Crown intentamos comprender el por qué de algunas malas decisiones que bajan la nota final. Porque siendo sinceros, juntar los tejemanejes políticos de ese Reino Unido en el inicio de su decadencia colonial, con los de monarquía británica, prometía. Pero todo queda a medias y al final priman las tramas más simples.

Los juegos políticos en una época en la que el pueblo británico pedía tímidamente progreso en aspectos sociales quedan en un segundo plano. Nos toca conformarnos principalmente con las lecciones de Winston Churchill a la reina Isabel IIClaire Foy-, los movimientos de Anthony Eden contra el propio Churchill y poco más. A cambio, tenemos una preferencia por las tramas románticas. Entendemos que la serie está centrada en la corona y por tanto esto debe jugar un papel relevante, ¿pero tanto? La química entre actores ayuda a soportar las idas y venidas del matrimonio entre Isabel y Felipe de EdimburgoMatt Smith-. En lo que respecta a la princesa MargaritaVanessa Kirby– y Peter Townsend el asunto se hace más denso. Mala señal. Esa querencia por esas historias le da un tono muy de señora mayor, poco actual.
The Crown

Otra de las principales pegas que ponemos a The Crown es su lentitud. Que nadie se confunda, nos gustan las series lentas. Sin embargo en The Crown el tiempo parece pararse por momentos. Durante varios momentos nos abraza la mala sensación de que nada ocurre ni ocurrirá. Sorprende que Peter Morgan, creador de The QueenHelen Mirren– y un gran seguidor de la corona británica -y de Isabel en particular-, no haya hilado más fino en ese aspecto. O quizá era precisamente esta su intención, jugar con los tiempos y mostrarnos que en aquella época todo funcionaba de manera muy diferente. Por cierto, quien busque fidelidad histórica, que sepa que no siempre es total, algo que como ya vimos con Narcos no es algo malo, si no todo lo contrario.

No todo son cosas malas en The Crown. La producción de la serie más cara de la historia -hasta el momento- roza la perfección. Decorados, casting, atrezzo, el cuidado por los detalles es apreciable a simple vista. La inmersión con una época cercana y a la vez tan lejana es total. Es fácil perder la mirada en las localizaciones de cada escena. En los planos logrados. Y es que a pesar de todo lo aquí dicho, la serie llega a agradarnos, pero no llega a la excelencia… de momento. Habrá que estar atentos a su evolución en las próximas temporadas. Tienen terreno e historias por delante para hacer un gran producto.

Y que no se nos pase por alto la labor de los actores de la serie. John Lithgow está de premio. No solo de nominación, si no de premio. Directamente y sin discusión posible. Jared Harris como el rey Jorge VI esta a su vez inconmensurable. Que tendrá Jorge VI que nos ha dejado dos grandes papeles, tanto este como el de Colin Firth en El Discurso del Rey. Destacamos también a Vanessa Kirby, que nos sorprende como la princesa Margarita, a quien hace muy creíble. Claire Foy da el tipo y Matt Smith hace un papel fiel al rey consorte, tanto que nos creemos sus tribulaciones. Eso entre los principales, mientras que el nivel de secundarios no decae. Grandes aciertos en el casting, uno de los motivos que nos llevará a darle una segunda oportunidad. Toca seguir confiando.