Stranger Things 2 era una de las series más esperadas del año. La locura generada en 2016 a su alrededor generó mucha expectación sobre a la segunda parte. Y ahora que la secuela ya está disponible en Netflix, la hemos devorado. El sabor de boca que nos deja es bueno, pero no espectacular. Mismas sensaciones que nos dejó la primera parte hace un año. Las virtudes y defectos son más o menos idénticos. Sí podemos decir que Stranger Things 2 no decepciona: da lo que promete.

Los que se declararon fans acérrimos tras ver la primera temporada estarán muy contentos con el resultado de la segunda parte. Porque Stranger Things 2 nos da más de lo mismo: el Upside Down, ese grupo de chavales que van a salvar el mundo, los tira y aflojas en la ahora sí ahora no relación entre Nancy y Jonathan, los gritos de Winona Ryder, y ese sheriff bueno que es Jim Hopper. A eso le añadimos su buena dosis de nostalgia ochentera y listo. ¿Te suena? Sí, es Stranger Things, pero ahora le han puesto un 2 detrás.

Esto que bien podría ser un punto negativo en muchas otras series de televisión -y secuelas de cine-, aquí es un valor positivo. Porque Stranger Things 2 nos da exactamente lo que queremos, ni más, ni menos. No necesitamos nada nuevo -aunque lo hay-, y en cambio sí nuestra buena dosis de entretenimiento para devorar de una tacada en un fin de semana otoñal. Por tanto, los Duffer Brothers pueden estar satisfechos: han cubierto las expectativas de una gran legión de fans que esperaba con fervor el regreso de la pandilla de Hawkins.

Lee más: Nuestra crítica de Stranger Things 1 

Sin embargo esta es un arma de doble filo. Los hay que pueden ver en la repetición de esquemas y envoltorio algo que les termine por cansar. Esos espectadores sedientos de cosas nuevas. Y no olvidemos que, como decíamos en la crítica de su primera temporada, Stranger Things no aporta nada nuevo al género. Es el cóctel de unos ingredientes mil veces usados, en un producto de un resultado similar a otros -Super 8, sin ir demasiado lejos-, pero muy bien hecho. Los Duffer Brothers le ponen mimo y cariño al asunto. Pero en definitiva, han sabido aprovechar la ola de la nostalgia que cada poco nos envuelve. En su caso apretando las tuercas a la generación que nació o creció en los ochenta.

Stranger Things 2 Cazafantasmas

Pedirle más a Stranger Things 2 es un error. Y con esa actitud cogíamos la segunda temporada de la serie favorita de los millenials. Las sensaciones finales han sido similares, pero como ya eramos conscientes de lo que nos ofrecían, no hay queja posible. La hemos disfrutado, pero como disfrutamos otros productos ligeros como pueden ser Big Mouth o Arrested Development, por nombrar dos series de Netflix.

¿Qué destaca y qué no en Stranger Things 2?

La repetición de esquemas, como decimos, es buena en este caso. Hay pequeñas nuevas píldoras, en forma de personajes o escenas. Entre los primeros destacamos, sin duda, a Sean Astin. Uno de los grandes adolescentes de las películas de aventuras de los ochenta, protagonista en The Goonies y que aquí hace de nueva pareja de Joyce. No solo eso, precisamente su personaje tiene momentos que nos recuerda al Mikey que hizo en el clásico de los ochenta. Y si a eso le añadimos ver a Mikey con Lydia de Beetlejuice compartiendo escenas románticas en una pantalla… los nostálgicos verán su cabeza explotar.

De entre los nuevos destaca Max como añadido femenino a ese grupo de chavales que sin Eleven habían perdido esa referencia, pero el personaje nos aporta bastante poco, como su hermanastro Billy, que nos sobra de principio a fin. Max al menos nos da el descubrimiento de la adolescencia en forma de hormonas por parte de Lucas y Dustin. Ambos conocen los primeros síntomas del amor, algo que sufre un Mike al que vemos en soledad llamando repetidas veces a Eleven. El amor y el desamor adolescente, nunca decepciona.

La serie adolece de algo de ritmo, por momentos parece no ocurrir nada durante los cuatro o cinco primeros capítulos. El séptimo sobra, excepto si explotan esa vertiente de superhéroes reunidos en próximas temporadas -algo que no nos convence a priori-. Nos gusta el envoltorio, por supuesto, y se nota que hay más dinero en esta segunda parte. Y nos gustan las escenas que comparten Hopper e Eleven, así como el crecimiento de Steve de la mano de Dustin.

Las referencias, una vez más, nos ayudan a mantener una atención constante. No son escasas: Terminator, Alien, Farrah Fawcett, Cindy Lauper, Stephen King… En lo musical arrancar con Devo es una gozada, para seguir escuchando Scorpions, The Psychedelic Furs, Bon Jovi, Queen, The Clash y… Ghostbusters. Uno de los momentazos de la temporada, ver a esos chavales disfrazados de los Cazafantasmas y discutir sobre si puede o no haber varios Venkman. ¿Quién no quiere ser Venkman? ¡Es Bill Murray, por el amor de dios!

Nos hemos devorado la serie en un fin de semana, ¿y ahora qué? Esperar otro año para ver una tercera parte para la que dejaron abierta la futura trama. Un baile de instituto no era buen final para Stranger Things 2. En 2018 descubriremos si repetir el cóctel sirve para seguir triunfando. Hasta entonces solo podremos hacer un maratón con las dos temporadas de la serie nostálgica por excelencia.