Tres han sido los años que hemos esperado para tener a Sherlock de vuelta. Tres largos años de tensa espera. Las expectativas y el ansia generado por su regreso eran enormes. No en vano, Sherlock ha conseguido crear algo que va más allá del mero producto televisivo. Ha logrado trascender y crear una comunidad, un fenómeno mundial. Quizá por eso las críticas a esta cuarta temporada están muy divididas. Los hay que siguen adorando al personaje y los cambios que ha sufrido, mientras que otros en cambio llegan a sentirse engañados. No reconocen al Sherlock que Steven Moffat y Mark Gatiss les muestran. Porque la nueva y quizá última temporada nos enseñan a un detective diferente. Que lleva incluso al cambio del tono general de la serie.

Que algo ha cambiado en Sherlock es innegable. Puede que demasiadas cosas. Comenzando con la resolución de los casos, que parece haber quedado en un segundo plano. La última tanda de tres capítulos está centrada en las emociones del detective británico. Que eso sea un acierto o no queda al gusto del consumidor. Gatiss y Moffat convierten a Sherlock en humano, en un personaje con unos sentimientos que nunca antes habíamos visto. Atrás queda el ser que solo se preocupa por el interés que le genera el siguiente caso. Aunque antes no era un ente insensible, ahora vemos como Sherlock Holmes se preocupa de John Watson y los suyos a niveles que desconocíamos. Incluso se sabe el nombre de Lestrade. Parece guiarse única y exclusivamente por sus emociones. Y esto a muchos no les ha convencido. Son seguidores que esperan casos y más casos. Desean ver la genialidad de Sherlock a la hora de resolver complicados acertijos con la ayuda de Watson. Nada más. Y nada menos.

Una pregunta que va más allá de la serie es qué esperamos los espectadores de las series. ¿Siempre el mismo producto? ¿Nos molesta ver cambios en algo que nos convence? Que los productores hayan decidido hacer un Sherlock más humano podría tener sentido si la serie tiene un futuro de largo recorrido. El problema radica en las dudas existentes en torno no ya a un futuro a medio o largo plazo, sino también ante una posible quinta temporada. Las difíciles agendas de los cotizadísimos Benedict Cumberbatch y Martin Freeman complican la supervivencia de Sherlock. Con esto en mente, puede costar un poco más entender el giro en el tono de la serie. Además esos sentimientos que empezamos a ver en Sherlock llevan consigo una serie más oscura en general, con menos humor y sarcasmo del que nos tenía acostumbrados. Quizá esto venga dado por los tiempos en los que vivimos, con los ascensos al poder de gente como Donald Trump, el éxito del Brexit, etc.

Sherlock

¿Son estos cambios algo esencialmente negativo? No. Simplemente la serie ha recibido un cambio de cara. Por otra parte hay algo que se mantiene inalterable: la excelente química en pantalla de Cumberbatch y Freeman. Dos actorazos, infalibles. Cada escena entre ellos es un placer visual. Uno piensa que los guiones podrían ser malos, la producción y dirección nefasta, y aún así estos dos serían capaces de salvar el producto final. Con ellos en el equipo juegan sobre seguro. El resto mantienen su buen nivel, especialmente Andrew Scott como Moriarty -del que por fin podemos confirmar su muerte definitiva-. Mycroft Holmes -Gatiss- cuenta con más minutos en pantalla que nunca, quizá por ese giro emocional y sentimental de su hermano. La sorpresa de conocer a Eurus Holmes va bien unida a este nuevo Sherlock.

Parece innegable que la serie ha perdido algo de su excelencia. El primer episodio está muy lejos de ella. Con las expectativas generadas ante la larga espera por una nueva temporada, el espectador se da de bruces con un capítulo irregular. El segundo sí que está a la altura. Sin embargo por el hecho de condensar muchos cambios en apenas tres capítulos y esa irregularidad de la que hace gala, esta temporada puede dejar un sabor agridulce. El problema para Sherlock puede radicar en habernos malacostumbrado demasiado. Con esta serie no vale cualquier cosa.

Mientras unos siguen preguntándose el por qué del giro en Sherlock, son muchos los que ya miran hacia el futuro preocupados. ¿Habrá quinta temporada? ¿Quizá solo un especial a modo de cierre definitivo? Sí parece claro que en caso de haber algún capítulo más, tocará volver a esperar. Bastante. No parece que ni Benedict Cumberbatch ni Martin Freeman tengan a Sherlock como una prioridad en sus agendas. Y en caso de que haya quinta temporada surgen otras mil dudas. ¿Seguirá Sherlock siendo una montaña rusa de emociones? ¿Habrá futuro entre el detective y Molly? ¿Quién será el próximo archienemigo? Pero la más importante, sin duda, es si obtendremos respuesta a alguna de estas preguntas.