Las series españolas tienen buena salud. Esto nos lo muestran buenos productos seguidos por la audiencia y crítica como las recién finalizadas El Ministerio del Tiempo y La Casa de Papel. Dos series que han logrado una buena legión de fans, sobretodo en el caso de la serie de TVE. Una acaba, momentáneamente, porque estirar de la cuerda se había hecho pesado, en parte porque cada fin de temporada llegaban los mismos rumores de que quizás no habría otra temporada. La otra, porque tirar del hilo de la historia hubiera sido un sacrilegio -que, por desgracia, hacen no pocas series-.

Son dos de los ejemplos más recientes de que, a pesar de que terminen, las series españolas están creciendo en las últimas temporadas. Quizás se les pueda achacar la falta de ideas para alargar la materia o que de golpe y porrazo una cadena decida cerrar el ciclo porque los números ya flojean y quede eso en un coitus interruptus como sucedió con el final de Vis a Vis, otra de las series de más éxito en los últimos tiempos, pero pese a ello, las series estatales están logrando buenos datos.

Ya no se trata de mirar únicamente a los números. También a la calidad. Se da por sentado que las mejoras de los medios audiovisuales hacen que el espectáculo esté garantizado. Que aquí ya no se hagan series cutres que con el paso de los años parezcan aún más cutres. Ahora, si hay presupuesto, se puede montar un serial de buena calidad. Solo hace falta mejorar lo que muchas veces no se miraba: la calidad. Los guiones, los actores… intentar que el público se meta en el bolsillo.

Y eso es lo que ha logrado, por ejemplo, conmigo una serie como La Casa de Papel. Un atraco donde el objetivo de los atracadores es ganarse la opinión pública. Su 6,7 de nota media en Filmaffinity nos muestra que está en otra liga en comparación con series españolas policíacas anteriores. Se le pueden achacar ciertas trampas y cutrerío impropio de profesionales -errores infantiles que no casan-, algunos lapsus con las horas que no ligan con lo que se ve -por ejemplo, se supone que son las 20h. de un día de octubre y en Madrid aún es claramente de día-… pero, ¿acaso no son las series norteamericanas también muy tramposas? A fin de cuentas todo consiste en que el espectador ingiera el refresco y pida otro.

 

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Y así estamos. Que la gente se movilice para que El Ministerio del Tiempo -posiblemente la mejor serie del panorama estatal en cuanto a calidad y, sobretodo, argumento– pudiera continuar es buena señal. Que series como La Casa de Papel o Vis a Vis -A3media a la cabeza de ambas- tengan muy buena calidad y reciban grandes críticas o premios es otro asunto a tener muy en cuenta.

Si unimos a los diplodocus del panorama que son Cuéntame o La que se Avecina, dos series que siguen teniendo su público fiel y se mantienen en la parrilla, y a un buen puñado de éxitos que, si bien parecen menos hilvanados y trabajados, tienen también su cuota de público, estamos ante una época de bonanza de la ficción televisiva española. 

Porque aquí entran series que han logrado un gran favor del público en los últimos años. Desde El internado o El Barco hasta Mar de Plástico o Velvet – si os fijáis, casi todo cosa de A3 media, que ha logrado tener en las series un arma potente para ganar audiencia, lo cual hay que aplaudir-, series que han logrado gozar de unas cuantas temporadas y un público fiel.

Especial hincapié hay que hacer en el caso de la serie con más costuras -no en el guión- de las mencionadas. Velvet fue un éxito de 4 temporadas que se fue bastante al traste en muchos sentidos con la marcha de su cabeza masculina visible. La serie la sujetaban dos personajes por muy coral que la vendieran y eso se notó en la calidad de una cuarta temporada que pedía a gritos acabar. Curiosamente ahora la plataforma Movistar ha reflotado el invento, cuando parecía caduco, y a pesar de no contar con el mencionado protagonista, mantiene casi todo el elenco que terminó hace más de un año la serie en Antena 3.

La Zona

Movistar está haciendo ahora la fuerza. Y como plataformas extranjeras -Netflix o HBO, por poner ejemplos- está apostando fuerte por las series y promocionándolas a bombo y platillo, para intentar convencer a la gente de que se suba a su tren. La Zona, La Peste o Vergüenza son series con buenos actores como cabeza de cartel e ideas algo diferentes para no ser repetitivos.

Al tren de las series españolas también se ha metido Netflix, sabiendo que tienen tirón entre cierto público. Su primera apuesta podemos dudar de si el guión han querido elaborarlo mucho o no. Pero lo que no se puede poner en duda es que han querido ir sobre seguro. Actrices de renombre, con una cabeza de cartel visible, y un argumento que simplemente cambia las costuras por los cables. Las Chicas del Cable sucede un par de décadas antes que la serie Velvet, pero todo en la serie nos recuerda a ello. Y eso, al público que veía Velvet, le sabe bien, le entretiene.

Y a la espera queda, haya mejor o peor calidad, una nueva serie de instituto. Que en los 90 triunfaran Al Salir de Clase y Compañeros, que A3media recuperase el formato para Física o Química, o que recientemente la cadena catalana Tv3 esté a punto de terminar -tras 3 exitosas temporadas- la serie Merlí, sobre un profesor de filosofía y sus alumnos, nos hace pensar que tarde o temprano se repescará este tipo de series. Solo hace falta pillar una nueva generación y vender el mismo producto en diferente envoltorio.

Lo dicho, series españolas las hay de todos los colores. Policíacas, románticas, comedias… pero lo bueno de la ficción televisiva española es, que algunas tienen muy buenos mimbres, y las que no lo tienen, lo suplantan con unas ideas claras para lograr el éxito. La bola se va haciendo grande, cada vez parece haber más mercado y eso, el público, lo tiene que agradecer… puesto que ya hay donde elegir y no hace falta solo hacer caso a lo que viene de fuera