El fenómeno Paquita Salas no descansa. Con su primera temporada Javier Ambrossi y Javier Calvo realizaron una serie interesante, entretenida y profunda más allá de las apariencias. Con esos ingredientes lograron cautivar a una audiencia que se enamoró y enganchó al personaje de Paquita. Hemos visto ya su segunda temporada y solo podemos decir que como mínimo el nivel se mantiene. No sería arriesgado afirmar que Paquita Salas ha mejorado de un año a otro. ¡Ay Brays Efe, qué papelazo el tuyo!

En Paquita Salas vemos a una mánager entrañable, una mujer que quiere ser un tiburón en su negocio pero a la que le puede su lado sentimental. Como alguien entrañable es fácil identificarse con ella. Las locas desventuras de PS Management se mantienen como punto de partida en una segunda temporada quizá más profunda y que parece querer ir más allá de la comedia de situación. No te asustes, vas a seguir riéndote a mandíbula abierta con Paquita, Magüi y compañía, y lo harás incluso cuando toque ver las miserias de la misma Paquita Salas.

Paquita Salas Magüi

Miserias que aparecen ya desde el primer episodio, cuando Paquita se ve en la nada más absoluta, sin su nueva cliente estrella, Mariona Terés, desesperada por sacar adelante una empresa que se va a pique, acuciada por las deudas. Ese es el inicio de una breve pero intensa experiencia, condensada en cinco episodios, con momentos buenos de gran nivel. ¿Y los malos? A mí que me registren, que yo no los he encontrado.

Paquita Salas es una serie ambiciosa como sitcom española. Una apuesta arriesgada, sí, pero por momentos parece infalible. Una de las razones que la hacen tan poderosa son sus personajes. A la magnífica Paquita -interpretado por el no menos magnífico Brays Efe-, fenómeno social de primer nivel, se le unen su subordinada, discípula, contrapunto y encantadora Magüi. Y si Brays Efe está magnífico, qué decir de Belén Cuesta, quien una vez más borda su papel, consigue la difícil tarea de brillar al lado de un personaje como el de Paquita Salas.

Pero hay más razones. Como los cameos. En Estados Unidos es habitual que en series de este tipo, o programas de sátira y humor, personajes y actores de caché hagan breves apariciones, incluso para realizar parodias de si mismos. En España eso brilla por su ausencia y es una pena. Sin embargo Los Javis han conseguido lo que parecía imposible -más allá de Torrente- y las apariciones de famosos son una constante. Es cierto que ser una serie sobre ‘el mundillo’ puede ayudar. Ver a Antonio Resines dando consejos a Lidia San José, a las ‘Compañeras’ Eva Santolaria y Virginia Rodríguez, a Paz Vega, Kira Miró, Lydia Bosch, Andrés Pajares, Terelu…

Paquita Salas Los Javis

Sin embargo alguien brilla por encima de todos: Ana Obregón. La actriz/bióloga/presentadora/famosa/lo que sea se ríe de si misma hasta el extremo en un episodio en el que, haciendo de ella misma, estira el personaje hasta el extremo. Comedia pura en todas sus escenas. Los fans de la Obregón disfrutarán, los no fans nos reiremos sin compasión. Cameos aparte, en esta segunda temporada Lidia San José gana en protagonismo para el bien de la serie. La actriz es el vivo ejemplo de lo que la serie nos muestra: las dificultades por sobrevivir y mantener un nombre en esta industria. Y Lidia está sensacional.

El paso adelante dado en cuanto a profundidad nos convence. La serie de Netflix gana más vida aún, con aparentemente poco consigue renovarse mucho, y una vez más vuelven a quedar interesantes puertas abiertas de cara a una tercera temporada que esperamos ya con ansia. Y por favor, si Los Javis leen esta humilde crítica: más capítulos como el quinto. Ese homenaje a la televisión de los noventa, para los que nos criamos con ella, vale oro. Cuidado al detalle y con un nivel paródico magnífico. ¡Imperdible!