Desde que Movistar se hizo con las riendas de Digital + una de las cosas que quedó claras desde el principio fue que la compañía telefónica quería marcar territorio con producciones propias, ya fuesen programas de entretenimiento o series nacionales con un recorrido a priori extenso. Con esta idea se creó La Zona. Una serie que en su primera temporada, dividida en ocho capítulos, ha sido todo un acierto para crítica y espectadores.

La creación de Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo, quienes ya avisaron de su buen hacer con Crematorio en 2011, ha destacado por ser un producto muy equilibrado y, a la vez, apasionante en una época donde las series no lo tienen nada fácil debido a la multitud de oferta que hay en las diferentes plataformas que están al alcance de todos.

Es verdad que en los últimos años el nivel de las series nacionales ha aumentado exponencialmente. Los que manejan los hilos de las televisiones se han dado cuenta que este tipo de productos tienen buen calado entre el público, y se han puesto manos a la obra para dar cobertura a esta demanda donde las historias de realidad con toques de ficción no abundaban, ni en cantidad ni en calidad. Por eso La Zona ha sido capaz de hacerse un hueco muy sólido. Ha encontrado su nicho y ha sabido hacerse fuerte en su posición.

Movistar se la jugó con La Zona y se puede decir, sin ningún género de duda, que acertó de pleno. Los galardones de Mejor Serie Dramática y Mejor Actriz de Reparto -Emma Suarez-, además de las nominaciones de Eduard Fernández y Alexandra Jiménez como Mejor Actor y Mejor Actriz, respectivamente, en los Premios Feroz son un aval de absoluta solvencia. Las expectativas, que ya eran muy altas si se tiene en cuenta la masiva labor de promoción que tuvo esta serie, creando un ‘hype’ bastante importante, son cumplidas.

Crítica La Zona

La calidad de la interpretación de todos sus principales protagonistas hace que el espectador se enganche nada más comenzar la serie. Eduard Fernández, un camaleón a la hora de meterse de lleno en papeles de todo tipo, marca una tendencia elevada con su personaje del veterano policía Hector Uría, que es bien acompasada por el resto del elenco, siendo Iván Cervantes, su compañero en el cuerpo, un agente bastante más joven que es un apoyo y un lastre a partes iguales. No hay que menospreciar tampoco el papel de Juan Echanove como mafioso local. Infravalorado a todas luces. Muchas personas aparecen involucradas en esta sugerente historia que tiene como ‘base de operaciones’ una zona de exclusión donde nadie puede entrar tras un accidente nuclear en la central de Nogales.

Con este contexto tan marcado de fondo, la trama, que se produce tres años después del incidente, se va desarrollando uniformemente, incorporando poco a poco todos los ingredientes necesarios para completar un relato donde nada, ni nadie, puede decir que está libre de culpa. Esta circunstancia de desarrollo continuo puede hacer que la serie tarde un poco en arrancar, sobre todo para los paladares más exigentes que tenían en su cabeza ya la extensión de ocho capítulos, pero la tendencia alcista que muestra desde el inicio culmina con un séptimo y octavo capítulo donde el círculo se cierra magníficamente.

Para comprender en su totalidad a La Zona era necesario expandir la mente de los espectadores y no ceñirse únicamente a un par de caminos alternativos sobre el argumento. Esta variedad hace que en los ocho capítulos se pueda ver los puntos más altos y los más bajos del ser humano ante situaciones complicadas. Chapuzas, asesinatos, tejemanejes y corruptelas en las altas esferas para formar un cóctel sorprendente en la pantalla, pero que no lo es tanto en el panorama de la política nacional donde los escándalos y los sinsentidos están a la orden del día. Una historia de ficción con elementos tangibles que hierven la sangre del ciudadano de a pie.

Uno de los puntos fuertes de la producción dirigida por Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo es la variedad visual que ofrece haber podido rodar en múltiples localizaciones. Asturias ha sido el tapete perfecto al tener todo un abanico de posibilidades con sus magníficas zonas rurales, elemento que es muy necesario en una serie donde la intriga y las incertidumbres están a la orden del día. La meteorología del norte pone la guinda a un pastel muy sabroso.

Tras una brillante primera temporada, ahora a los hermanos Sánchez-Cabezudo les queda hacer lo más difícil, hacer una segunda entrega que siga siendo sugerente, pero sin perder la esencia de lo que es La Zona, algo que no va a ser nada fácil.