No soy especialmente fan del género de terror. Sí de ese tipo de cine que lo mezcla con comedia, del gore no tan salvaje y de aventurillas que mezclan el género con otros géneros. Pero el terror puro y duro, ese que tan de moda se está poniendo con casas encantadas y oscuridad, con el susto a la vuelta de la esquina que sabes que sucederá y aún así te asusta… ese no lo suelo digerir.

Pero reconociendo el arte que hay dentro de ese cine que está mejorando a pasos agigantados, tocaba ver la nueva propuesta de Netflix: La Maldición de Hill House, basada en la novela que Shirley Jackson había escrito en 1959. Aquí, la adaptación nos traslada a la actualidad y a 1992 para narrarnos dos líneas temporales.

Y es en esa complicada conexión donde la obra dirigida por Mike Flanagan se desenvuelve a las mil maravillas. Desde el primer capítulo, La Maldición de Hill House pone en la mesa las fichas que serán movidas, las de un matrimonio y sus cinco hijos en la actualidad, donde han crecido cada uno con diferentes problemas y miedos, y en el pasado, en esa maldita casa de la que en 1992 tuvieron que escapar.

La Maldición de Hill House Serie

La casa les llamará y una serie de movimientos acaban reuniendo a la familia por necesidad, nuevamente. Ya vemos ahí el claro mensaje de que la familia está para apoyarse, sobretodo en situaciones límite, donde toca limar asperezas. Es ese bonito mensaje lo que más destaca en una obra donde lo sobrenatural está a la vuelta de cada esquina, en los miedos de cada uno de esos personajes.

Capítulo a capítulo vamos conociendo cosas del pasado y del presente oscuro de cada personaje, ya que cada episodio de los iniciales se centra en uno de los personajes de la historia. La excelencia se logra en ese capítulo “compartido” que es el sexto, donde los planos secuencia perfectamente coreografiados nos llevan al pasado y al presente como quien no quiere la cosa.

¿Y sustos? Hay, y terror, también. Pero La Maldición de Hill House se monta sobre esos cimientos para contarnos una historia sobre las personas y sobre diferentes problemas del día a día, como pueden ser las drogas, la pérdida de un ser querido. El juego pasado-presente funciona a la perfección y en momentos nos hace más de un Fake cuando parece que va a caer un susto y no es así.

La Maldición de Hill House

Porque lo que genera esa casa, lo que genera esta obra es tensión, suspense. Te mantiene alerta y no se recrea apenas en sangre ni en fantasmas. Genera tensión que va in crescendo y que llega a grandes momentos de interés en el mencionado sexto capítulo o en los que se centran en contarnos, poco a poco, lo que pasó en aquel año de 1992.

La Maldición de Hill House hace que poco a poco el espectador se familiarice con los fantasmas para llegar a ese mensaje que no es otro que el de que ellos existen, coexisten entre nosotros y simplemente toca adaptarse a vivir con ello. Los fantasmas del pasado se presentan en el presente y toca acabar con ellos, pasar página y continuar con la vida.

Una vida que nos da las dos caras de la moneda, al igual que esa casa tan terrorífica en apariencia como llena de vida. Sustos, tensión, mal rollo… perfectamente llevado, perfectamente narrado y con una calidad artística fuera de dudas donde el máximo esplendor está hacia mitad de la serie. Y, por supuesto, una serie de esas que engancha, que puedes devorar capítulo a capítulo mientras te dejas engullir por el sofá… o por la maldita casa de Hill House. Dejad los miedos a un lado y adentraros en esa casa y la vida de la familia Crain.