Las series de televisión se han convertido en uno de los entretenimientos estrella del siglo XXI. Las plataformas de streaming nos lo han puesto fácil. Por un módico precio tienes cientos de series a tu disposición sin moverte de tu casa. Una tarifa plana, comodidad, la posibilidad de seguir cada serie a tu ritmo y cuando quieras… Ventajas, cientos. Acostumbro a señalar en determinadas críticas que una serie -o película, libro, etc- es necesaria. ¿Por qué? Su capacidad de llegar al gran público les permite enviar mensajes y reflexiones que ayudan a conformar opinión y sociedad. En estas se encuadra La conjura contra América, la última obra de David Simon para HBO.

Necesaria por tener un mensaje tan importante como actual y, por desgracia, imperecedero. Partiendo de la novela de Philip Roth del mismo nombre, David Simon construye en solo seis episodios una obra que eleva su valor y su interés por las reflexiones que va dejando en cada uno de sus capítulos. Seguimos la historia de los Levin, familia judía que vive en la Nueva Jersey de 1940. Allí verán el ascenso del antisemitismo, en una ucronía en la que el famoso aviador Charles Lindbergh se presenta en las elecciones presidenciales estadounidenses y vence a Franklin D. Roosevelt. Algo de realidad tiene todo esto y es que Lindbergh sí tenía simpatías por la Alemania nazi y sus ideas.

No vemos campos de concentración. No vemos palizas. Lo que vemos es paranoia, miedo, tensión y la escalada que se vive, poco a poco, en una sociedad judía que primero ve algo como imposible, luego piensa que es una locura para acabar recibiendo un golpe de realidad y terror en la cara. Ese camino es la delicia que nos ha regalado David Simon en La conjura contra América. El destino es lo de menos en esta nueva joya del catálogo de HBO. Lo importante como ocurriera en otras obras de Simon es el camino. Así lo fue en The Deuce o The Wire. Aquí además añadimos las diferentes reflexiones que vamos encontrando por el camino.

Apreciamos en los ojos de una madre de familia el miedo, el pánico a perder lo que más quiere, la rabia de ver a su hermana entregarse al que por desgracia es el enemigo. La ira del padre de familia que no quiere creer que no haya una solución, una manera de luchar. La lucha, del joven que quiere cambiar la maldad que se cierne sobre el mundo y los suyos. La negación del preadolescente soñador. La ignorancia que no es tanta en los ojos del niño de la familia. Diferentes ojos, miradas diversas, en las que conseguimos ver todo el drama, toda la ecuación, en apenas seis episodios. Pero qué episodios, amigas y amigos. Magníficos.

La conjura contra América

Es duro de ver el contraste entre las dos hermanas. Por un lado Evelyn Levin (Winona Ryder), centrada en lo personal y el egoísmo y que no parece ver más allá de sus ojos. Ante ella Bess, la sufridora y atemorizada madre de familia. Ahí se parte la familia y vemos dos maneras de afrontar un mismo problema. Si el reparto es de nivel, con una genial pareja formada por John Turturro y la propia Winona Ryder y secundarios de lujo como Michael Kostroff (The Wire) o David Krumholtz (The Deuce), son la pareja protagonista los que se llevan la palma. Él, Morgan Spector como Herman, rayando a gran nivel. Sin embargo, para desgracia de todos ellos y para disfrute nuestro está Zoe Kazan como Bess. De dominar todos los premios habidos y por haber.

Uno de los trabajos más cautivadores que seguramente veremos en este 2020. Una genialidad, una obra maestra como actriz. Sus ojos son los nuestros durante todo el transcurrir de la serie. Excelente de principio a fin, siendo una especie de brújula, de faro para su familia y para la serie. Su escena al teléfono en el último episodio de la serie es sencillamente una maravilla. Insisto, la palabra que define a Zoe Kazan en La conjura contra América es cautivadora. Si la serie es de una inmensidad emocional que acongoja, es en parte gracias al genial trabajo de la actriz.

No es casual que pasemos gran parte de la serie en la casa de los Levin. Esto va de una familia, como tantas otras, y su enfrentamiento al miedo y lo desconocido. Al odio. A la infamia de ver como sus iguales les hacen sentir inferiores. La conjura contra América es, sí, una serie necesaria en los tiempos que corren. Estos tiempos de Donald Trump, Salvini y compañía. Cambiad nombres y épocas para pensar que quizá la ucronía no es tal. Y no, no es una buena serie por ser necesaria. Esta es solo otra de sus cualidades. La conjura contra América es una joya, una magnífica serie, una más, del catálogo de HBO. Por méritos propios, mensajes o reflexiones a un lado. En especial por un guion y unos personajes que enganchan. Sentimos sus emociones como nuestras y ese es el mayor legado que nos puede dejar.