Lo nuevo de los Hermanos Coen nos transporta al Lejano Oeste, territorio nada desconocido para ellos puesto que con el remake de Valor de ley consiguieron nada menos que diez nominaciones a los Oscars. En esta ocasión, con Netflix como productora, los Coen empezaron La Balada de Buster Scruggs dispuestos a hacer una serie de seis capítulos, una antología sobre el Western que, finalmente, nos ha llegado en forma de largometraje.

El personaje que da título al film: Buster Scruggs es el protagonista del primero de los capítulos. Soberbio Tim Blake Nelson, sin lugar a dudas un papel para recordar los amantes del género y de los Hermanos Coen, lástima que su aportación se quede en esos escasos veinte minutos que dura su capítulo. Un primer capítulo que nos traslada a lo mejor de los Coen, a esos años 90 donde tenían su toque negro unido a la macarrada, un humor salvaje y que roza o traspasa el surrealismo, como demostraran en El Gran Lebowski.

Pelicula Netflix

Y así arranca este proyecto, con música, un vaquero vestido de blanco, cual héroe -o villano-, que toca el género musical pero nos divierte en cada fotograma. Blake Nelson lo borda y los Hermanos Coen se sienten en su territorio para llevar a cabo una macarra aventura con duelos, Poker y momentos musicales. Todo un festival al buen cine -freak, dicho sea de paso- que nos saca más de una carcajada. Como carcajada nos saca algún personaje y situación de la historia que le sucede. Corta, como si de un chupito se tratase, pero igualmente disfrutable. Los Coen entran y lo destrozan todo a su paso con buen gusto pero, sobretodo, muy buen humor en ese dúo de episodios cuyo coitus interruptus es la escasa duración de la segunda aventura cuando el cuerpo pide más.

Y ahí, con ese fundido a negro con el que concluye la segunda de las gamberras historietas, a los Coen se les apagó la luz. O eso o quisieron hacer de La Balada de Buster Scruggs algo diferente y mezclarlo todo, y el resultado no es otro que llegar al aburrimiento cuando te tenían comiendo de su mano. Porque sí, los Hermanos Coen consiguen enarbolar en la primera media hora, una película que llama poderosamente la atención, para después comenzar esa balada y descanso del cowboy en los siguientes capítulos, especial hincapié en ese quinto que se nos llega a hacer eterno.

Y no, no es que no tengan buenas historias detrás. Los argumentos de La Balada de Buster Scruggs son curiosos y cada historia tiene personajes de su padre y de su madre con un hilo finísimo en común: las bastardas muertes que suceden a lo largo de los capítulos mostrándonos lo mejor del cine de Sam Peckinpah en escasas pequeñas dosis. Ese sangriento festival tiene, por desgracia, un aroma a western clásico más que a spaghetti western en esos episodios que comento. Y no hay nada en contra del género por excelencia del Hollywood clásico. Pero los Coen no son, ni de lejos, los Ford, Hawks, Hattaway y compañía. O no lo demuestran, al menos, en unas historias que intentan beber de sus personajes y sus diálogos -cuando los hay, que hay episodios más solemnes- pero que fallidamente no consiguen acabar en buen puerto.

La Balada de Buster Scruggs

Nada en contra de los -y no habrá spoilers- finales de cada capítulo, sin duda alguna lo mejor de todo el proyecto después de la sensacional Balada de Buster Scruggs. Sin duda cada capítulo es salvado por esa pequeña chispa de mala leche que hay al término de los mismos, pero es insuficiente para salvar el ritmo irregular, por no decir tedioso del que se apodera más de la mitad del film. Una pena, que cuando se de cuenta los Coen, nos traigan una historia de diálogos puros y duros pero que tiene su chispa de principio a fin en esa caravana camino de… ninguna parte. Porque sí, cuando los Coen parecen volver a coger el ritmo, la película se termina y nos quedamos con esa extraña sensación de no saber si querer más o decir basta.

Una pena, por lo tanto, no que los Hermanos Coen no hayan atinado con la película. Si no que un personaje y una historia tan grandiosa como la de Buster Scruggs haya quedado relegada a veinte minutos de apoteosis que, por sí sola, pasaría -en mi modesta opinión- a la historia del género, al ser divertida, sangrienta pero al mismo tiempo beber de muchas de los ingredientes del Western. ¿El resto de la película? Un compendio de capítulos que acaban pareciendo excesivamente aleatorios e independientes unos de otros. Quizá si se hubiera vendido como una serie el resultado de La Balada de Buster Scruggs podría ser más disfrutable, pero como largometraje no funciona.