Que Netflix lance una serie documental como ‘High Score’, centrada en la historia de los primeros años de la industria de los videojuegos no debería sorprendernos. Al fin y al cabo en esta plataforma viven por el último grito, o por monopolizar la conversación sobre el último estreno. Así se entiende porque una de sus mejores series como ‘Mindhunter’ esté en barbecho y sin noticias de una posible tercera temporada. No mueve grandes públicos. Volviendo a ‘High Score’, que este documental además sea un producto con marcados altibajos tampoco debería sorprendernos. Parece seña de identidad en Netflix.

‘High Score’ te va a dar seis entretenidos episodios repasando de manera somera y rápida la historia de los videojuegos desde finales de los 70 hasta mediados de los noventa. ¿Todo eso en seis episodios? No. En esa franja de tiempo hay mucha tela que cortar en lo que a los videojuegos se refiere y este documental pasa por encima por muchas de ellas, algunas ni mencionándolas. No sabremos nada de juegos de estrategia, el boom de las aventuras gráficas ni se nombra, y hasta la Game Boy parece un tanto olvidada, no hablemos ya de su competencia. ¿Cómo puede ser esto?

La serie documental tiene por un lado una mirada exclusivamente americanojaponesa, si es que este vocablo existe. Europa ni existe. Olvidaros de Spectrum. Más allá de esto, el hecho de tener esa visión hace que se centre en algunos aspectos que más tirón puede tener en esos mercados. Como la guerra entre Sega y Nintendo que vivimos en los primeros noventa. Una batalla apasionante y que merece una serie en condiciones, no esta ‘High Score’ de Netflix que pasa por encima y nos deja con un sabor de boca agridulce, con ganas de más.

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High Score naufraga donde otros productos de Netflix lo hacen

Cada episodio se centra en un aspecto diferente de los videojuegos de aquella época. Desde el RPG a los juegos de lucha, pasando por los primeros FPS o la mencionada guerra de consolas. El problema que sufre ‘High Score’ como tantos productos de Netflix es que no profundiza en ninguno de los aspectos. Apenas destaca uno o dos juegos, una o dos voces, un hardware concreto. Una pena, porque hay material de sobra para hacer algo realmente genuino y completo. Cogiendo como ejemplo el episodio dedicado a los juegos de lucha apenas encontramos menciones a Street Fighter 2 y en menor medida Mortal Kombat.

La presencia de escasas voces en cada episodio es un lastre pero hay que darles un punto positivo ya que las caras que vemos resultan interesantes. Son historias en primera persona, vemos a los protagonistas contándonos con pasión sus vivencias, sus innovaciones, sus juegos. Vemos a John Romero hablar de Wolfenstein 3D y Doom y no solo disfrutamos sino que echamos la mirada atrás para recordar aquel desastre que hundió su reputación que fue Daikatana. Qué decir de Roberta Williams –aunque ver King’s Quest es otra cosa-, Nolan Bushnell o las manos que crearon personajes icónicos como Yoshitaka Amano (Final Fantasy) o Naoto Oshima (Sonic).

Aún a pesar de sus aspectos negativos es de justicia destacar que ‘High Score’ es muy entretenida. Aunque a veces las historias nos sepan a poco, el ritmo con el que se narra todo, la utilización de las imágenes y la estética videojueguil empleada por momentos nos da para pasar buenos momentos y terminar con una sensación agradable. No es el producto definitivo sobre la historia del videojuego. Faltan muchas cosas, faltan voces y seguramente no tiene el mejor guion del universo. A pesar de todo con ‘High Score’ hemos pasado un buen rato, al más puro estilo Netflix, y nos quedamos con eso.