Era una de esas series que teníamos muchas ganas de ver en 2018. HBO, un elenco con Amy Adams y Patricia Clarkson a la cabeza, una historia que prometía. Una vez vistos sus ocho episodios, podemos decir que Heridas Abiertas (Sharp Objects) nos ha convencido. Una serie que cede todo su protagonismo a tres mujeres de carácter, muy diferentes entre sí, con asesinatos de por medio. Una realización muy cuidada, reminiscencias a True Detective por aquí y por allá. Y una Amy Adams espectacular, soberbia una vez más. Una serie que, además, nos propone un paseo muy sutil a la misoginia de la sociedad en la que vivimos.

Wind Gap es el pueblo al que se desplaza la periodista Camille Preaker (Amy Adams), un pueblo que es casi tan protagonista como los propios personajes de la serie. Camille vuelve a su pueblo, a su casa, a su familia, donde tendrá que viajar a los traumas del pasado generados por la muerte de una hermana y una madre posesiva y enfermiza (Patricia Clarkson). El motivo de su vuelta es el asesinato de una adolescente que ha conmovido al pueblo. Cuando llega, se encuentra una segunda fallecida, amiga de la primera, conocidas de su hermana (Eliza Scanlen). Y entre policías, asesinatos, detectives, traumas, un pueblo y adolescentes se mueve Heridas Abiertas.

El piloto es de esos que te dejan con la boca abierta. Un episodio que explica todo, sí, pero a la vez nada, que te pide que te introduzcas de lleno en lo que va a venir. El traumado personaje de Amy Adams es el punto de partida de todo y nuestra guía absoluta en Heridas Abiertas. No miramos a otro lado. Es de su mano que llegan los grandes momentos, pero también otros en los que miramos el techo deseando que eso no hubiera pasado. Porque sí, Heridas Abiertas nos convence, pero lo hace por su arranque y su final, en el medio se diluye sin aparentemente hacer nada por ello.

Heridas Abiertas

En ese tramo intermedio la serie se sostiene por las actuaciones de las tres principales protagonistas. Por un lado esa Camille Preaker de la que no entendemos varias cosas, por mucho trauma que tenga. El nivel de sumisión a su hermana llega a niveles demasiado irreales para este tipo de ficción. Pero Amy Adams solventa la papeleta con acierto, y nosotros tiramos adelante esperando que esto forme parte de algo que… nunca llega. En el desarrollo de su personaje hay momentos interesantísimos y otros que, directamente, nos pierden. Sin sentido. No todo vale para escenificar un trauma.

Su relación con su madre es de lo más interesante de la serie. Y es que sus problemas vienen de su infancia y adolescencia. Patricia Clarkson lo hace todo bien. Su personaje es una amenaza constante para la salud y tranquilidad mental de su hija mayor, pero una amenaza calmada, relajada, llena de sutileza. Y por ahí se mueve la hija menor, Amma, que en casa es una mosquita muerta y fuera de ella un ciclón con las hormonas por las nubes. Un personaje al que admito me cuesta seguir y unirme, pero que lo acabo haciendo por la enorme y siniestra actuación de la joven Eliza Scanlen. Apuntemos el nombre, hay buena actriz.

Heridas Abiertas HBO

Y mientras todo eso ocurre, el pueblo emerge como otro gran protagonista. Los odios, los rumores y cuchicheos, las viejas rencillas, los cotilleos, las sospechas ante los posibles asesinos. Cualquiera parece capaz, cualquiera parece tener un motivo u otro. Si dudas de Camille, algo imposible, será hasta normal y es que en Wind Gap nada parece normal. Parece anclados en alguna década pasada. Todo esto en un tramo intermedio de la serie que baja su nivel, dejando los asesinatos a un lado en demasiado metraje. La serie nos va perdiendo, sí. Me pregunto a donde lleva todo esto, qué ha pasado con los asesinatos, porqué tanta vuelta a la incapacidad de Camille para forjar relaciones normales. Me sorprendo recordando a True Detective por esto o aquello. Y entro, sin darme cuenta en la recta final.

Los dos últimos episodios de Heridas Abiertas nos compensan esa irregularidad mostrada previamente. Ahí la serie de HBO crece, se viste de gala, calienta con un séptimo que nos empieza a abrir la boca y lo remata con un octavo y final que la abre del todo. Nos deja, hablando en plata, con el culo roto. Cuando creíamos tener un final feliz, vemos que nada es lo que parece. Nos replanteamos todo lo anterior y vemos la presión de la sociedad, de la familia, de la psique y lo que esto puede hacer en un ser humano. Un giro de guión -no había leído el libro- excelente, de nuevo sutil, magníficamente rodado y que nos rompe todos los esquemas.

Hasta ahí, hasta la resolución final, hemos visto el proceso de redención de Camille, con una Amy Adams que crece y crece sin parar en la serie. El tramo final mejora el resultado de la serie y nos contenta. El mosqueo previo que comenzaba a formarse en mi interior queda olvidado. HBO lo ha vuelto a hacer. Y si oyes hablar de Heridas Abiertas ya sabes por qué es: su magnífico final.