Eres un tipo con éxito. La vida te sonríe: tienes dinero, y algo de fama en ámbitos financieros y en el mundo empresarial. Parece que nada ni nadie puede detenerte. Y sin miedo a nada, decides crear de la nada un festival. Pero no un festival cualquiera, no. El ‘Super Festival’. Un evento elitista, para gente única, en un entorno especial -y sí, único-, y con artistas de primer nivel. Los precios van al mismo nivel que tus sueños: más altos imposible. Te crees invencible. Inmortal, incluso. Contratas a influencers y top models para promocionar el que será el festival de la década. Del siglo. Lo llamas Fyre y te pones a sonreír mientras esperas para contar billetes. Pero algo falla.

Todo suena bien, pero nada sale como debería esperarse. Fyre, el documental de Netflix, nos muestra una historia real, la del empresario estafador Billy McFarland, alguien que se creía por encima del bien y del mal. Fyre era el festival que quiso crear de la nada, sin tiempo y sin recursos, pero pensando a lo grande. Y resultó que aquello no era más que una estafa más, como las que había realizado antes (Magnises). Y seguiría realizando, por cierto. El documental que nos ofrece Netflix es un interesante relato de lo que ocurrió entre 2016 y 2017, este último el año en el que debió celebrarse el festival.

Jóvenes que se gastaban hasta 500 libras por una simple entrada para Fyre. Se les prometía lujosas villas, comida de primera calidad, un entorno paradisíaco donde una vez estuvo Pablo Escobar, y artistas de gran nivel. Nunca vieron ni una sola imagen del festival. Todas las promociones, vía redes sociales, consistían en supermodelos disfrutando del sol en la playa, en una fiesta, en un barco. La buena vida. ¿Quién no iba a pagar por vivir una experiencia así? Recuerda que los festivales de música hoy ya no son eventos musicales, son experiencias. Y la más cara, la más lujosa, es algo muy atractivo para esta sociedad consumista y atrapada por las apariencias de las redes sociales.

Fyre Netflix

Cuando llegaron allí el panorama era desolador. Había quien gastó miles de dólares para vivir una experiencia única y soñada. ¡Cuántas fotos y vídeos pondría en las redes sociales! Muchos esperaban ser la envidia de sus amigos, conocidos y haters. Pero no. Las villas eran tiendas de campaña empleadas en situaciones críticas como el Katrina. La comida era un sandwich de queso. Los artistas no aparecieron por las Bahamas, lugar del festival. Lugar que, por cierto, no se celebraba en la isla de Pablo Escobar, como anunciaron, sino en una cercana en la que tuvieron que hacer hasta un suelo nuevo para no mostrar las vergüenzas desde el primer minuto.

Intentaron emborrachar a los incautos asistentes para que no se quejasen demasiado. Hubo desbandada entre los empleados del festival. El dueño, Billy McFarland, intentó calmar los ánimos de los presentes. Cuando se canceló, sin vuelos de vuelta -que estaban prometidos- a Estados Unidos, muchos entendieron que aquello solo había sido una estafa. Y eso no quedaba tan bien en Instagram. Fyre, el documental de Netflix, hace un repaso por todos esos actos gracias a varios de sus protagonistas.

Hablan empleados que no entendían como se seguía tirando adelante en vista de que aquello no tenía salida. Otros que lloraban de impotencia. O incluso quien estaba dispuesto a hacer algo que le denigraba como persona con tal de salvar Fyre. También estafados asistentes, que con el tiempo han conseguido reírse de su pérdida de dinero. No es un drama. Pero sí un interesante documental sobre cómo podemos ser fácilmente engañados ante falsas promesas de felicidad momentánea. Y lo vemos con imágenes in situ, con las promos empleadas del festival, con un recinto que promete más tristeza que emociones fuertes.

Fyre Festival

¿Por qué disponemos de estas imágenes? Porque la productora del documental de Netflix es la misma que llevó la promoción del festival Fyre en su momento. Hoy se han puesto al otro lado de la barrera. Si quieres otra visión, toca acercarse a Hulu, quienes también han estrenado su propio documental sobre Fyre.

¿Qué nos enseña Fyre en Netflix? Que las redes sociales no dejan de ser, en muchas ocasiones, una zona donde las empresas pueden cazar presas para sus beneficios. Casi impunemente. Fyre nos muestra que el marketing, en este caso el marketing digital, puede vender cualquier cosa. Humo incluido. La potente presencia de influencers y gente guapa pueden bastar para conseguir que compremos un producto. Aunque no sepamos muy bien qué compramos. Tal es el caso de Fyre. Sentirse un elegido, alguien único en la sociedad. Encontrados sentimientos en una sociedad cada vez más individual. ¿Fue precisamente eso, el ego, lo que movió Fyre y a sus asistentes?

El hype creado y no alcanzar esas expectativas. Fyre ofrece diversas e interesantes lecturas como documental. Hace un crescendo en la historia, que aquellos que desconocíamos el caso agradecemos. Fyre es un documental recomendable, perfecto para una tarde de sábado o domingo. Perfecto también para conocer que no somos más que un rebaño en manos de unos pocos pastores. Al menos Billy McFarland está hoy en la cárcel. Pequeño consuelo.