Leo que a la madre de Vince Gilligan no le gustó el final de Breaking Bad’. Seguramente a algunos de vosotros tampoco. Viene a mi memoria el final de Lost, que tanta polémica suscitó en su día y que aún hoy colea en el ambiente seriéfilo. Algunos de quienes vieron The Leftovers se quejan de que no se dieron todas las respuestas que la trama pedía. Los Soprano ofrecía mil interpretaciones -bueno, quizás no tantas-. Todo esto trae una pregunta a mi cabeza: ¿debe buscar la satisfacción de los fans los finales de series?

Es fácil y cómodo ponerse del lado de los fans y seriéfilos. Tras pasar temporadas, años, siguiendo una serie, llega el final y este les decepciona por no ser lo que esperaban. Pero ¿por qué decepciona? Seguramente sean nuestras expectativas lo que hace mejor o peor el final de una serie. Hay casos y casos, cierto. Pero en muchas ocasiones las quejas y críticas que leemos en redes sociales van más en la línea de “no ha pasado lo que quería/esperaba, ergo esto es una mierda”, que por el razonamiento argumentado.

finales de series

Existen finales que son un despropósito absoluto. Ahí está el de Los Serrano, con el ya mítico sueño de Resines. Sueño largo, que los niños le crecieron o suyo. El de How I Met Your Mother, como fan de la sitcom que pareció poder sustituir a Friends, fue bastante, bastante malo. Tanto que dan ganas de no volver a ver la serie jamás. O qué decir del final de Dexter, una broma de mal gusto, completamente fuera de lo que había sido la serie y el personaje. Especialmente en sus primeras temporadas. Vale, la evolución de un personaje, ya, pero Dexter NO era eso.

 

Los peores finales de series como Dexter o How I Met Your Mother son la excepción a la norma

 

Hablamos de tres finales de series que la crítica y el público parecen estar de acuerdo al señalar como malos. Pero hay mucha vida -y polémica- más allá de estos. Ser objetivo con una serie que nos ha acompañado durante un tiempo es complicado, pero en ocasiones toca ponerse un traje imparcial antes de emitir juicios. Es el momento de pensar si el final es fiel con lo que ha sido la serie, por ejemplo. Lost, en cierta manera, lo era. No dejaba de ofrecer un “este es el final, y puede ser lo que tu quieras” por parte de los creadores -aunque muchos, entre los que me incluyo, no lo veamos así-.

Serie The Leftovers

O por escoger un caso menos polémico pero del mismo Damon Lindelof: The Leftovers. A muchos les dejó un mal sabor de boca. Parte de los espectadores sintieron que no habían tenido las respuestas que esperaban. Pero ¿qué era The Leftovers? ¿Una serie sobre lo paranomal? No. Lo paranormal no era más que un vehículo para mostrarnos como los seres humanos afrontamos sensaciones duras y sentimientos como la pérdida de alguien, la soledad o la tristeza. Y por eso siempre defenderé que el final de The Leftovers es magnífico para la serie.

Que a la madre de Vince Gilligan no le guste el final de esa pedazo de serie que fue, es y será Breaking Bad no deja de ser un chascarrillo. ¿Qué hay de malo en ese final? La serie no deja de ser un vistazo a la caída a los infiernos de su protagonista, Walter White, y ese final es el remate -con algo de redención personal- de todo ese viaje que compartimos durante cinco temporadas. Las series se hacen para gustar y ser vistas, pero no dejan de ser el producto de una o varias cabezas pensantes. Estas cabezas tienen una idea y esta no tiene porqué ser similar a la nuestra.

Por tanto no, los finales de series no deben buscar la satisfacción de sus espectadores. Deben ser coherente la propia serie, signifique eso un final mejor o peor. Ni sorprender, ni contentar. Coherencia es la palabra.