Una película sobre etarras sufriendo por la victoria de España en el Mundial 2010. La premisa suena genial. A falta de llevarla a cabo con acierto. Borja Cobeaga y Diego San José decidieron arriesgar de la mano de Netflix y se quedaron a medias. Fe de Etarras no es una mala película pero no cumple con las expectativas generadas. Quizá todo el ruido generado a su alrededor no ha ayudado. La realidad es que Fe de Etarras nos deja a medias, creyendo que se podía haber sacado más jugo a su historia y, por desgracia para una comedia, con la sensación de no habernos reído lo suficiente.

Empezamos la película con ganas. Cobeaga y San José demostraron sobradamente en Vaya Semanita que saben hacer humor con un tema como este. La escena inicial nos muestra un piso franco en Bayona, alrededor de una mesa y con una surrealista conversación sobre que “en ETA se come de la hostia”. Y ya tan pronto vemos que Martín –Javier Cámara-, su protagonista, ni es de fiar ni el hombre más valiente del mundo. Sacamos las risas iniciales, nos ponemos cómodos ante lo que está por venir… y no nos volveremos a reír de verdad hasta que el metraje no encare su recta final. ¿Qué le ocurre por tanto a Fe de Etarras?

El primer problema lo situamos en una irregularidad marcada por los vaivenes que da entre la comedia y el drama. Algo por otro lado que nos viene marcado por los propios personajes. El cuarteto protagonista conforman un comando caricaturizado hasta el extremo, y que durante una parte de la película vive de las ocurrencias de Fernando, o Pernando –Julián López-, un anarquista albaceteño que agarra la causa de ETA como uno más. Él tira del film y a él nos agarramos. No en vano el desarrollo de Fe de Etarras pide a gritos sus apariciones. Miren Ibarguren -Ainara- y Gorka Otxoa -Álex- llevan la carga romántica de una película a la que esto le sobra. Mientras que el de Javier Cámara es un hombre con una losa sobre sus hombros, y asimismo un líder que junta ideas de la causa y las une en un extremo y extraño pero cómico batiburrillo.

Esa rara y estúpida -en buen sentido- mezcla tarda bastante en casar. Hay que destacar que los cuatro protagonistas están a un buen nivel en sus papeles, en especial ese fantástico dúo que forman Javier Cámara y Julián López. Pero ni ellos consiguen subir el tono del film. Esa extraña manera de hilar comedia y drama le acaba pesando mucho al ritmo de Fe de Etarras. Cuando Pernando consigue sacarnos una sonrisa, ahí aparecen Ainara y Álex para recordarnos que no vamos a reírnos demasiado. Algo que según avanza el film se hace notorio y nos va decepcionando. Algunos sketches nos reenganchan con la película y todo ello nos va dejando ese poso de irregularidad, de estar viendo una película que de mejor o peor manera va hilando los gags que estaban en la mente de sus creadores.

Bien es cierto que algunos de esos gags son buenos -o muy buenos-, como la partida de trivial o la compra de petardos. Incluso algunos como la escena inicial o la pelea con la ‘banderita’ hilarantes. Pero eso es todo. Unos cuantos gags sueltos, mientras que el resto del metraje nos deja fríos. A Fe de Etarras le falta precisamente fe. Carece de la chispa y la garra que podemos esperar de los mismos autores que encandilaron a la sociedad vasca -y española- en Vaya Semanita. Pensando en todo esto, hay que plantearse si el problema no está en las tremendas expectativas generadas gracias al excelente -una vez más- marketing de Netflix. Y es que solo el hecho de estrenar una película con ese nombre y ese argumento el 12 de octubre es ya una genialidad.

Fe de Etarras no es una película transgresora, como podíamos desear. Los límites del humor le quedan un tanto lejanos. Es una comedia que se deja ver, de esas que uno ve para echar un rato sin pensar en nada más. Con ETA de por medio y la palabra comedia a su alrededor uno espera más gamberrismo, para el que quizá España no esté preparada aún. Media España al menos seguro que no. Netflix, Cobeaga y San José han desperdiciado una oportunidad de oro. Se han quedado a medio camino. Y Netflix, que ya nos sorprendió para mal con Las Chicas del Cable, va gastando balas con sus producciones españolas. Al menos esta vez el producto final no es una decepción absoluta. Fe de Etarras se ganará sus seguidores gracias a su reparto y a unos buenos gags que salvan el producto final. Para paladares más exquisitos la película se queda corta, muy corta. Queríamos carcajadas y rozar los límites del humor y nos hemos quedado con las ganas.