Parece ser que a Netflix le ha dado por apostar por las series juveniles con muertes de por medio. Si en Por Trece Razones había un suicidio, en Élite hay un asesinato. ¿Similitudes? Todas y ninguna, pero centrémonos en valorar lo que se ha hecho aquí, una serie con ingredientes suficientes para atraer al público juvenil y no tan juvenil, para enganchar y para, salvando las distancias y sabiéndonos derrotados desde el principio, plantar cara a lo que viene de fuera -que hay de todo, dicho sea de paso-.

Élite juega en otra liga, en esa donde series como Al Salir de Clase, Compañeros o Física o Química -amén de Merlí, de Tv3- han ido alternándose en el tiempo. Llega en un momento donde el cine sobre institutos había desaparecido de la parrilla estatal, pero donde gracias a la mencionada serie norteamericana sobre el suicidio de Hannah Baker había cobrado protagonismo. Élite coge el guante, y se instala -aún sin saber si habrá segunda temporada- en los hogares españoles.

Élite

Lo hacen sabiendo que no tienen la mejor mano de la mesa, pero jugando realmente bien sus cartas. Dentro de un guion con las constantes trampas necesarias para mantener el interés del espectador intacto, y a pesar de la irregularidad de sus diferentes capítulos, mantiene un hilo fino, una idea de base que hace que devores sus episodios. No hacerlos eternos -que se acaben ya esas series de 70 minutos por capítulo- y que te ventiles una temporada en apenas ocho ‘shots‘ hacen que digerir el producto final sea fácil.

A pesar de, repito, las trampas que se van poniendo. Y aunque algunas situaciones o personajes caen en el ridículo y pueden incluso llegar a sobrar, Élite acaba convenciendo holgadamente, siendo de lo mejor en su especie -series sobre adolescentes- dentro de la producción española. Hay que reconocer que técnicamente había medios y que, aunque no convencen todos los jóvenes actores, tener en el plantel a algunos que ya llevan horas de vuelo en series de prestigio -hasta 3 nombres provienen de La Casa de Papel, esa serie de Atresmedia que lo petó en 2017- hace que la serie no caiga en más torpezas que las que algunas situaciones requieren.

Además, Élite intenta ser algo más. Tenemos todos los ingredientes necesarios condensados en ocho episodios: sexo, drogas, bullying, pobreza, inmigración… diferentes culturas, los ricos y los pobres, y, de propina una ligera dosis sobre estafadores, mafiosos y ¿política? Intenta, en pocos gestos, salirse de las bases de una serie juvenil para abrazar diferentes problemas de la sociedad. ¿Tenerlos todos en tan pocos capítulos puede resultar exagerado? Por supuesto, lo es, y es ahí donde quizás falle algo la serie, en abarcar más allá de lo necesario.

Élite Netflix

El mensaje final de la misma no es otro que enseñarnos como es la sociedad de hoy en día. ¿Hasta donde está uno capaz de llegar por ser rico o famoso? Si consigues entrar en su círculo, ¿qué serías capaz de hacer para no perderlo? Lo dice uno de los personajes de la serie, la alta sociedad “se defiende” entre ellos. ¿Y los pobres? Esa lucha entre riqueza y pobreza, entre unos seres superiores y ¿las ratas? que pretenden vender, es sin duda, el experimento social más interesante que propone la serie de partida. ¿El asesinato y las declaraciones de los protagonistas? Eso no es más que una burda excusa para que el mensaje y la serie tengan una razón de ser.

Nos queda una bonita producción, un entretenimiento fácil de visualizar y no mucho más. Sin duda es una serie por la que Netflix podría y debería apostar, al menos a ver donde llevaría una segunda temporada. Posiblemente a entrar en el bucle infinito donde entran la gran mayoría de series cuando no tienen razón de ser de la original y se perpetúan en el tiempo… pero, mientras entretenga, sea ágil y genere expectación, bienvenida será.