En esta avalancha de producciones españolas promovidas por servicios de streaming, HBO apuesta con fuerza por una de sus señas de identidad: los documentales. Y lo hacen con un personaje como Jesús Gil. El otrora alcalde de Marbella y presidente y dueño del Atlético de Madrid es el protagonista de El Pionero, producción de cuatro capítulos que va claramente de más a menos. Arranca con fuerza para desfogarse muy rápido y terminar pronto sumido en el tedio. Algo que sorprende cuando se trata de un personaje como ese, con aparentemente mucho que contar.

El Pionero sigue un orden cronológico que consigue meternos de lleno en la vida de Jesús Gil. Comenzar con sus primeros años, aquellos quizá más desconocidos para el gran público, hace que no quitemos los ojos de la pantalla en su primer episodio. Ya vamos viendo las dinámicas y formas que va a mantener el documental a lo largo de sus cuatro episodios, que rozan la hora de duración cada uno. Imágenes de archivo, declaraciones de Gil, y entrevistas a sus cercanos, principalmente. Y esto implica amigos y enemigos.

Suena interesante, pero pronto se torna aburrido y repetitivo. Los entrevistados son siempre los mismos y no aportan nada interesante. En el lado de Jesús Gil tenemos a su familia, que aparecen una y otra vez en pantalla. ¿Por qué? Parece que son ellos quienes han realizado el documental. De esto hablaré después. El caso es que ver a sus hijos contar las bondades de su padre y decir aquello de que sí, alguna cosa mala habrá hecho papá, es cuanto menos ridículo a estas alturas de la película.

¿Y en el lado ‘enemigo’? Isabel García Marcos lidera el frente, y con eso está todo dicho. Para quien no lo recuerde, llegó a posicionarse del lado del GIL en Marbella, en un pacto un tanto turbio que ella vende muy dignamente en pantalla. También meten por ahí a una pobre anciana que sufrió a Gil inmobiliariamente hablando. Sin embargo, cuando quieren darle voz a Carlos Castresana, ex fiscal anticorrupción, queda siempre en un segundo plano y rápidamente contestado desde el otro lado. Con estos mimbres, poco podemos rascar.

El Pionero

¿Capacidad de análisis dentro del documental? Ninguna. Inexistente de principio a fin. Y no puede ser de otra manera. Si quien produce el documental es la familia del protagonista, resulta complicado que vayan a hacer un análisis frío y conciso. El Pionero se convierte entonces en un indigno ejercicio de blanqueamiento de Jesús Gil. Un intento de sentir simpatía por una persona culpable de 58 muertes en Los Ángeles de San Rafael, o la misma que no fue condenada por corrupción por simple prescripción del delito. Y esto lo celebra la familia en el documental.

No olvidemos que Jesús Gil fue un hombre que dinamitó el Ayuntamiento de Marbella con la simple intención de llenar sus bolsillos. Antes se había hecho con el poder del Atlético de Madrid ilegalmente, sin pagar lo que debía. Amén de diversos trabajos poco éticos que terminaban con dinero en su bolsillo. Alguno cuentan en el documental. De soslayo, obvio.

Lo que parecía de primeras un interesante documental sobre un controvertido personaje muestra de una forma de ser España, se convierte en una loa a feas maneras de hacer política y negocios. El Pionero no sirve más que para echar una mirada atrás y ver esa España que, apenas dos décadas después, da miedo y nos hace sentir que algo, por poco que sea, ha avanzado. Aunque a la par nos damos cuenta de que sí, algo de esa España que representaba Jesús Gil sigue muy presente en el país. Lo demás sobra.