Ha costado, pero ya he entrado en el mundo que Netflix nos ofrece con Dark. ¿Mundo? Universo. ¿Universos? La primera temporada de Dark nos remueve algo por dentro desde muy pronto, tanto en nuestros cerebros como en nuestras entrañas. Lo que vemos no es sencillo de digerir, en ocasiones ni siquiera es fácil de entender. Y sin embargo nos engancha porque sus virtudes son muchas, variadas y magníficas. Una serie no diré única, ya que cuenta con la referencia clara de Twin Peaks en el ambiente, pero desde luego sí especial y definitivamente muy interesante.

La primera temporada de Dark, su primer episodio, arranca mostrándonos un suicidio. Una manera arriesgada, chocante y valiente de empezar. Y desde luego potente, muy potente. El mensaje de dicha escena es claro y directo: con Dark no habrá medias tintas, va a ofrecerte un puñetazo en el estómago si lo entiende necesario. Es sin duda un aviso a navegantes. Rápidamente observamos que es una serie oscura en sus formas, densa en su fotografía, que juega un papel igual de importante que la historia a la hora de atacar nuestros sentidos. Visualmente es un contundente yunque lanzado contra nosotros. Ese bosque en el que nos introducimos una y otra vez acaba por ejercer una dura sugestión.

Además de ese aspecto visual, Dark conjuga una interesante mezcla de idas y venidas en el espacio temporal con el ritmo del thriller, que seguimos alrededor de la desaparición de un niño -¿uno solo? ¿Seguro?-, aspectos que casan maravillosamente. No se queda ahí y ya desde su primera temporada Dark además nos mete de lleno en los diferentes dramas personales que viven y padecen las diferentes personas y familias del pequeño pueblo donde se desarrolla la acción. Aspecto capital para atraer aún más si cabe nuestra atención ya que la sensación que se nos genera desde casi el primer minuto de visionado es sencilla: aquí todos esconden algo. Y ese algo es sin duda turbio.

Queremos descubrirlo. Como queremos descubrir que ha pasado en las otras líneas temporales, o porqué desaparece un niño. Ahí aparece otra de las grandes bazas de Dark como es el hecho del constante planteamiento de nuevas preguntas sin respuestas aparentes. Esto nos obliga a agudizar todos nuestros sentidos y nos impide relajarnos como espectadores, convirtiendo la serie en una experiencia que trasciende lo televisivo para convertirse en algo más. No cabe duda de que hablamos de un fenómeno entre seriéfilos y seguidores de la ciencia ficción. Motivos y virtudes tiene para serlo.

Para más inri, cuando esta primera temporada de Dark nos ofrece una respuesta, aparecen nuevas preguntas que nos hacen torcer el morro. ¿Qué ha pasado? ¿Quién ha pasado? ¿O deberíamos decir cuándo ha pasado? Llegados a cierto punto esta primera temporada de Dark se convierte en un velado todos contra todos entremezclado con un sálvese quien pueda que a nosotros, como espectadores, solo nos lleva a un lugar posible: el siguiente episodio. La constante sensación de nada ser lo que parece acrecienta nuestras dudas, nos incita a seguir, nos lleva a olvidarnos de nuestras obligaciones esperando que Ulrich, Jonas, Mikkel, Noah o Claudia nos digan algo, nos den un guiño con el que aclarar nuestras ideas.

Sin olvidarnos del terror y suspense que nos generan escenas y escenarios. Maldita habitación infantil preparada para los experimentos. Su simple aparición nos pone la piel de gallina, temblamos por saber que ahí no sucede nada bueno sin ser capaces de saber qué ocurre realmente. Vivimos el miedo, el shock y las dudas que sufren quienes viajan a años que no les corresponden. Acostumbrados a que un viaje en el tiempo sea algo divertido –benditas Regreso al Futuro, Los héroes del tiempo, El Ministerio del tiempo…-, aquí sucede lo contrario y casi tememos por el simple hecho de que alguien se introduzca en la cueva de los horrores.

Emociones, sensaciones todas ellas que nos sirven para disfrutar de una de las grandes experiencias televisivas que hemos recibido en los últimos años. Soy crítico con la política de Netflix en lo que a productos propios se refiere, pero con Dark –como con otras, no me tachéis de hater total- solo puedo aplaudir. Se han lucido, sin duda alguna. La primera temporada de esta serie alemana es un producto excelente de cabo a rabo, uno que revisaremos algún día esperando encontrar nuevos detalles que en su primera visualización se escaparon. Yo por si acaso voy a ver ya la segunda temporada, no puedo esperar más.