Se acerca la Navidad y con ella el bombardeo incesante de cine infantil con tintes navideños que suele inundar nuestros televisores. Netflix no es ajeno a ello y acostumbra a realizar unos cuantos largometrajes que llegan a la plataforma en las semanas previas a tal evento de ambiente familiar. Uno de esos proyectos que ha caído al sacudir el árbol es Crónicas de Navidad.

Sin lugar a dudas ver a Kurt Russell disfrazado de Santa Claus ya es suficiente gancho para atraernos a sus garras. El trailer denota, al mismo tiempo, que en el proyecto ha ido cierto mimo de querer hacer un buen espectáculo y manejar ciertos efectos especiales que la alejan de los cutrefilms televisivos de fin de semana.

Y ahí es donde empieza a ganar puntos la película, sujetada en dos jóvenes sin mucha más chicha que los de otras películas, un chaval joven que cumple y una niña pequeña que rinde algo más creyéndose el papel y creyéndose la historia. Porque a fin de cuentas de lo que tratan estas películas es de que se las tome en serio, de que el espíritu navideño crezca.

Crítica Crónicas de Navidad

Crónicas de Navidad no se sale mucho del guión preestablecido. No es la gamberrada que uno quiere que sea, capaz de bombardear la Navidad desde dentro. Quizá nos pueda el espíritu gamberro que queremos que se apodere, cual Grinch, de la noche del 24 de diciembre, y aquí no encontremos suficiente cobijo ni acomodo. Poco importa, mientras esté Kurt Russell.

Porque para compensar que el proyecto no deja de ser una aventura infantil más, una muesca navideña más, ahí tenemos al bueno de Kurt Russell para deleitarnos, incluso micrófono en mano en una de las secuencias más surrealistas y divertidas de la película. Él cumple, como cumplen sus elfos, dispuestos a ayudarle para que la noche acabe bien. Unos bichejos que son de lo más divertido y entrañable de la película, a pesar de su toque infantil.

Gnomos, Elfos

Crónicas de Navidad es sincera en todo momento. Parte de unos hechos tan claros como los de cualquiera de su especie: niño deja de creer en la Navidad, niña sí cree en la Navidad, desgracia familiar y una noche mágica para correr mil aventuras y unirlos a todos. El resto son meros secundarios menos el querido Santa, dispuesto a hacer prevalecer el bien y ganar adeptos y adictos a su fe religiosa. Tiene unas pocas horas para que el espíritu navideño suba y alcance altas cotas.

Lo hace con un ligero homenaje a E.T. y lo hace dejando claro que quiere un hueco importante y bien alto dentro de los Santa’s del celuloide. Kurt Russell nos divierte, nos entretiene. Y sí, el proyecto no da mucho más de sí porque es una película hecha para los más pequeños de la casa. Lo que consiguen, gracias a ciertos guiños y algún que otro momento conseguido, es que los que hace tiempo que dejamos de creer en su palabra, por unas horas tengamos fe en él -en Kurt, por supuesto-.

Hace que adultos disfruten de este entretenimiento un tanto infantil pero, sobretodo, familiar. No es poco, teniendo en cuenta que el género que abarcaba es uno que no da mucho margen de maniobra y que acostumbra a dejarnos auténticos esperpentos de películas. Netflix atina en el conjunto, si bien algo más de mala baba, siempre dentro de los cánones, le hubiera podido ir bien.