El éxito de El Señor de los Anillos a principios de este siglo hizo que tanto literatura como cine y televisión echaran la mirada atrás, a tiempos medievales, añadiéndole un punto mágico, fantasioso y todo lo que quieran llamarlo. Ya en los 80 películas como Conan, Willow o La princesa prometida habían marcado el camino, pero el boom general no se dio hasta que un director neozelandés revolucionó todo repescando a Tolkien.

De todo lo que se ha hecho desde entonces, no cabe la menor duda de que la grandeza, el auténtico trono televisivo de este mundillo lo ostenta Juego de Tronos. Y en eso, HBO le ganó la partida a Netflix. No pasa nada, porque cada plataforma tiene sus grandes obras y esta última está logrando un contenido cinematográfico de lo más suculento. A Roma el año pasado, se le han unido Historia de un matrimonio, Los dos papas o la joya de la empresa: El irlandés. Pero en diciembre llegó otro juguetito, en forma de serie, para que los amantes del medievo tengan su rato de gloria en la plataforma: The Witcher.

Basada en unas novelas que dieron luz al videojuego de éxito, que va ya por su tercera edición, Geralt de Rivia, a quien pone rostro el mismísimo Superman (Henry Cavill) llega para quedarse. Y de ese modo, desde la presentación del personaje en un primer capítulo que nos pone en situación, tenemos claro que pisa firme para abrirse camino dentro de la parrilla televisiva. La serie es consciente de que con terreno perdido debe apostar por una presentación diferente, que atraiga, y a pesar de la irregularidad de ciertos episodios, nos consigue enganchar.

The Witcher netflix

Lo hace con un abc bastante claro. Cada capítulo tiene una historia de Geralt a nivel individual con principio y fin, para que el espectador sienta saciada la curiosidad en cada uno de ellos, mientras que la trama central va poco a poco cogiendo forma. Ayuda mucho ese despiste desde el inicio donde no se nos ubica en ningún momento, y las pequeñas pistas van generando el universo entero.

Y digo universo porque The Witcher en lugar de presentar todos los reinos del lugar y qué pintan en la historia en dos larguísimos episodios, lo que se nos muestra es poco a poco una pequeña ración de cada zona y de los personajes a los que deberemos seguir durante el viaje. Sin ser un personaje tan carismático en el inicio, y ganándole terreno en cuanto a relevancia o nivel Yennefer (Anya Chalotra), Geralt de Rivia sabe salir airoso de no pocas situaciones para ir labrándose una buena fama en el espectador.

A The Witcher se le podrá achacar cierta falta de nivel en algunos aspectos, pero no técnicos. Cumple de sobra con esa función, y el guión, sin ser la panacea, logra entretenernos a la par que nos pide conocer más -por el ya mencionado trucado montaje- cara una conclusión de la primera temporada que, sin ser el mejor capítulo -ni de lejos- nos deja un regusto a un necesario o aceptable final… de temporada.

Porque uno se queda con ganas de más capítulos de The Witcher y, por desgracia, tocará esperar. El juguetito medieval de Netflix es un acertado producto que no debiera ser comparado a la ligera con Juego de Tronos. Esa guerra ya está perdida antes de salir, y Geralt y sus compañeros de viaje por el valle opulento -oh, valle opulento- pueden darnos muchas tardes de aventuras y diversión si aceptamos la propuesta. Servidor, ya lo ha hecho.