Una serie pensada para atacar el mercado ‘adolescente’ tiende a echarme para atrás. Prejuicios, sí. No me llaman la atención en demasía. Sin embargo, había algo en Sex Education que me inclinaba hacia ella. Ya desde su promoción notaba cómo crecía en mi un interés hacia esta serie que nos ofrece Netflix. Prometía ser diferente. Prometía ofrecer una profundidad extra, partiendo de una premisa muy interesante. En apariencia se acercaba al instituto británico en el que sitúa la acción tocando un tema aparentemente tabú en la televisión: la sexualidad en la adolescencia.

En Sex Education nos unimos a Otis Milburn , un chaval incapaz de masturbarse por un trauma que sufre desde hace años. No contento con eso, se ve inmerso, sin quererlo ni beberlo, en un negocio con Maeve Wiley (Emma Mackey), compañera de instituto. ¿Y en que consiste dicho negocio? En ser una especie de terapeuta sexual para con sus compañeros de aula y pasillo. Él, que no pasaba de ser el incomprendido de la clase. Al que nadie miraba y, si lo hacían, era para reírse o meterse con él. Y de repente, es una especie de semi dios.

En ese camino que realiza Otis encontraremos las típicas inseguridades de los adolescentes. El sexo y todas las dudas que eso genera, las identidades sexuales, embarazos no deseados, etc. Es esa premisa inicial la que nos llama la atención, la que nos mantiene pegados a la pantalla y la que genera un valor añadido a esta serie británica de Netflix. Cuando Sex Education se aleja de todo eso, nos va perdiendo paulatinamente. Se convierte en una serie normal más. Entretenida sin dejar poso. Y no queremos eso.

Los protagonistas están bien dibujados. Tanto Otis como Maeve parten de un boceto muy típico para mostrar aristas peculiares que los hacen interesantes. En el caso de Otis encontramos a una madre aparentemente abierta y relajada, pero realmente controladora y un tanto temerosa ante la etapa que vive su hijo. Y a esa madre le da vida una Gillian Anderson que hace un excelente trabajo. Cada escena en la que aparece es un soplo de aire fresco. Curioso, en alguien que lleva décadas en la industria.

Sex Education

Con Maeve tenemos a la típica chica dura, con la que nadie se atreve a meterse en el instituto. Esa que es popular, sí, pero a la que nadie se acerca. Una chica solitaria sí, pero culta, amante de Virgina Woolf. Pronto entenderemos porqué su soledad. Estos dos personajes generan una amistad interesante, cada uno con sus particularidades y problemas diferentes. Se ayudan de una manera adolescente, implicándose a fondo uno, más distante ella.

Como decía, mientras Sex Education se centra en las cuestiones relacionadas con la sexualidad en la adolescencia y cómo la afrontan los jóvenes de la serie -y sus problemas-, nos mantiene pegados al sofá. En eso nos recuerda a Big Mouth. El problema surge cuando, a mitad de temporada, empieza poco a poco a desviarse y querer ser una serie para adolescentes más, con sus tramas románticas y otras más simplonas. Resultan aburridas. Son cuestiones mil veces vistas que no necesitamos. Sí, quizá la serie sí, para mantenerse viva, pero en ese empeño por vivir, nos matan a nosotros.

Sex Education tiene una manera de salvar ese tramo flojo: Eric Effiong. El mejor amigo de Otis. Un chaval afroamericano y gay. Sufre ‘bullying’ del matón del colegio -un interesante personaje también, con aires a Ethan Hawke-, su mejor amigo le decepciona, le pegan… En definitiva, vive un acelerado proceso de aprendizaje con el que empatizamos y mimetizamos. Se convierte, sin aparentarlo en un primer momento, en el personaje más rico y que mejor evoluciona.

Solo con la premisa de la que parte Sex Education ofrece un interesante entretenimiento. Bien trabajada y construida, la serie es en líneas generales un producto que mantiene nuestro interés y que deja poso. El hecho de ir de más a menos no le penaliza en absoluto. No en vano en los últimos tiempos son varias las series en las que algo así viene ocurriendo. Y es que en una era en la que aparecen dos o tres nuevas series cada semana, algunas parecen construidas para captar nuestra atención y luego dejarse ir. Sex Education no es así. En Sex Education hay ese algo que la convierte en perdurable.