En 2017 recibíamos el último proyecto de David Simon con los brazos abiertos. Estábamos de enhorabuena, la persona que nos había hecho tan felices con The Wire estaba de vuelta. The Deuce prometía y en su primera temporada fue de menos a más, terminando a un gran nivel. Cumplió una de esas leyes no escritas que dicen que un producto de David Simon necesita tiempo y margen para ir construyéndose. Vista la segunda temporada de The Deuce en HBO, esa ley se mantiene. Porque si en hace un año la serie nos gustó y convenció, en esta ha dado un salto de nivel y nos ha encantado.

Además de un salto de nivel, la segunda temporada de The Deuce también da un salto temporal. Ya sabíamos que la serie tenía planeadas tres temporadas, con una primera centrada en 1971-1972, mientras que esta segunda se adelanta cinco años desde el final de su precuela. Es 1977 y nuestro protagonistas están aparentemente asentados, felices. Parece que todo los sonríe, tienen éxito laboral, consiguen avanzar en sus carreras. Y desde ahí parte esta segunda temporada de The Deuce para explotar un camino interesante. Uno que ya habíamos visto abierto en la primera en la figura de Eileen/Candy (Maggie Gyllenhaal).

The Deuce es, en esta segunda temporada, una historia sobre el empoderamiento femenino. Ojo, que no se me entienda mal, la serie sigue hablando de Nueva York, de la industria pornográfica, de la prostitución, las drogas y la vida, en general, de ese Nueva York más canalla y turbio que pudo vivirse en aquellos años. Pero sí, la segunda temporada de The Deuce vive por y para mostrarnos el empoderamiento femenino reflejado en sus protagonistas. Candy y Abby (Margarita Levieva) especialmente, pero sin olvidarnos de Lori, esa prostituta/actriz porno excelentemente recreada por Emily Meade.

The Deuce

No parece casual que James Franco cuente con menos protagonismo en esta segunda temporada de The Deuce. Hay quien lo achaca a los problemas alrededor de unos supuestos abusos que realizó el actor años atrás y que salieron a la palestra hace unos meses. La realidad es tan sencilla como que sus personajes pierden la importancia que ganan sus partenaires femeninas. Antes Frankie y Vinnie, los gemelos representados por Franco, eran los encargados de resolver los problemas de unos y otros. Ahora, con el giro sutil hacia el empoderamiento femenino de sus protagonistas, real en la segunda ola feminista vivida en aquellos años, los gemelos tienen menos tiempo en pantalla. Especialmente notorio en el caso de Frankie, donde tras un inicio en el que parece jugar un papel importante, cae en la intrascendencia total y absoluta.

Pero esto va de Eileen/Candy, Abby y Lori. La primera con su crecimiento como directora en la industria pornográfica y el reconocimiento que esta le da. La segunda con su propio bar, sí, pero también inmersa en un movimiento político en el que intentan mejorar la vida de las prostitutas de The Deuce. La tercera con una también reconocida carrera como actriz porno, en aquellos años en los que esa industria vivió una era de oro. Lo que Lori debe superar con C.C. encima de manera constante, su dependencia emocional hacia su chulo, sus coqueteos con las drogas por sus miedos a él, es una de las tramas más interesantes de la presente temporada.

Los chulos juegan un papel más secundario en esta ocasión. Ven como su relevancia en la vida de la calle decae. No son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos, a lo que les exigen las nuevas reglas. Y todo por esas mujeres que se rebelan a ellos. Darlene vive otra historia de autoconocimiento, de entender qué quiere y qué no quiere ser, que deja a su chulo, Larry Brown, descolocado. ¿Y la droga? Presente, especialmente en tramas secundarias como la que va uniendo poco a poco a Shy y Rodney en el descenso a los infiernos.

Crítica segunda temporada de The Deuce

The Deuce no sería lo mismo sin la presencia de la policía. Ya sabíamos por los primeros ocho capítulos que el cuerpo policial de Nueva York era un ente corrupto desde los cimientos. Aquí la historia continúa, algo que ya vimos en Vinyl. Por si alguien llega hasta aquí sin conocer la historia de la regeneración de la Gran Manzana: dicho proceso requirió de años de limpieza, externa e interna, para convertir la ciudad en lo que hoy conocemos. Ese ambiente turbio y sucio que vemos en las calles de la Nueva York de The Deuce era completamente real. Ahí está un clásico como Taxi Driver para reforzar la idea. Y el proceso de regeneración que empezamos a ver en la serie es, fue, real. Por ahí tenemos ese lado urbanístico que David Simon gusta de dar a sus proyectos, con el plano de una maqueta que dará sentido a todo para los despistados.

El aspecto visual vuelve a ser una delicia. Su banda sonora un espectáculo, con cambio de sintonía incluido -de Curtis Mayfield a Elvis Costello-, síntoma de que la serie es un cambio constante. Como la época que trata. Y el reparto. Emily Meade y Margarita Levieva están espectaculares. James Franco nos convence. Chris Bauer fantástico en un papel que parece sencillo pero se complica un poco. Gary Carr y Gbenga Akinnagbe se coronan como esos dos chulos un tanto perdidos en un nuevo paradigma, especialmente el primero. Pero Maggie Gyllenhaal, amigas y amigos. Maggie Gyllenhaal debe ganar todo premio que pueda ganar. Simple y llanamente.

Todo esto completa una crítica de la segunda temporada de The Deuce bastante larga. El problema llegados aquí es que me gustaría seguir contándote bondades sobre la serie. The Deuce da para debate, como acostumbra a hacer David Simon. Nos quedará una última temporada, la tercera, que será el broche final a una serie que no será la más famosa de HBO, pero desde luego va a dejar poso en aquellos que la vean. Si no lo has hecho ya, no lo dudes y dale una oportunidad al turbio universo de The Deuce. No te arrepentirás.