Godless ha sido uno de esos productos de Netflix que, siendo una muy buena producción, no ha gozado de la publicidad de otros proyectos. Parece que para la compañía de streaming este western no merecía el mismo trato que Stranger Things, House of Cards, Narcos o Altered Carbon. Aún así se ha ganado el favor de buena parte de la crítica y especialmente del público, que vía boca a boca y redes sociales hizo que llegase a más gente.

La premisa de la que parte Godless es muy interesante. El pueblo de La Belle sufre una catástrofe en una mina y ve como los hombres de la localidad fallecen. Las mujeres quedan al frente del pueblo, sin hombres, y salen adelante repartiéndose las tareas, haciéndose fuertes. Eso, en un western resulta cuanto menos novedoso. Nos gusta ese empoderamiento femenino en un género tan atípico para las mujeres, y era una de las principales cuestiones que me llevó a la serie.

Sin embargo Godless se queda a medias en ese aspecto. Es cierto que cuenta con una serie de personajes femeninos muy fuertes. Desarrollados de manera genial. Nuestra atención se posa en cada presencia de Alice Fletcher y Mary Agnes McNue, muy bien representadas por Michelle Dockery y Merritt Wever respectivamente. Pero más allá hay poco que rascar. Y, como digo, Godless se queda corta en este aspecto. Un ‘quiero, lo intento, pero tampoco voy hasta el fondo del asunto‘.

Netflix Godless

Porque Godless tiene un doble bendito problema de nombres Roy Goode y Frank Griffin. O lo que es lo mismo, Jack O’Connell y Jeff Daniels. El problema para ese empoderamiento que pretende ser el tema central es que, a la hora de la verdad, lo que mueve la serie es el enfrentamiento entre esos dos hombres. Lo que centra nuestra atención son las razones que les unieron, los que les han llevado a la situación actual, entender sus motivaciones, etc. La serie pierde girl power según avanza el metraje.

Al final, por tanto, Godless no se aleja tanto del western tradicional tanto como en apariencia quiere mostrar. Y eso penaliza un poco al resultado final. Que no se me malinterprete: la serie -miniserie, más bien- es buena, se ve de una sentada y entretiene de principio a fin. Pero si el empoderamiento femenino es uno de sus principales avales, este no es tan importante en el conjunto global del producto.

¿Como western da buen tono? Total y absolutamente. Godless, repito, es entretenida. Y dentro del género se maneja con soltura y acierto. Hay que recordar que Steven Soderbergh es uno de los creadores de la serie, junto a Scott Frank. El buen hacer estaba asegurado. En Godless vemos esa vida que viene y va al mismo destino: ninguna parte. Donde el objetivo es despertar un día más. Donde la vida parece que se detiene. Donde el polvo es uno más de entre la población.

Godless

El excelente trabajo -una vez más- de Jeff Daniels bien merece el viaje de siete capítulos que da esta serie de Netflix. Enorme, descomunal. Sus escenas tienen una carga de tensión brutal. Aunque no puedo perdonar que, como fan de The Newsroom, no haya habido un cara a cara en condiciones con Sam Waterston, otro actorazo que pasa de largo en la serie. A Daniels y las antes mencionadas Dockery y Wever se les suma un sorprendente Jack O’Connell. El crío que hacía de malote en Skins ha madurado y nos muestra aquí que puede hacer una interesante carrera.

Western, Netflix, Jeff Daniels, empoderamiento femenino… Vale, Godless no es la serie feminista que muchos esperaban, pero sí es un buen producto. No tendrá segunda temporada, pero no la necesita. Está bien tal cual está.