Netflix está realizando una gran labor en lo que a series de animación se refiere. No para de sacar cosas interesantes. Entre ellas está Big Mouth. Ahora toca analizar la segunda temporada de una serie irreverente y bella a la vez, un análisis y reflexión bastante certero de esa etapa adolescente que todos hemos pasado. Vuelven las hormonas, las tensiones por el amor cuasi infantil, el estrés por dar pasos adelante en lo que al sexo se refiere. El estreno de Big Mouth fue un éxito, una serie de la que solo pudimos decir cosas buenas. ¿Repetirá parabienes la segunda temporada?

La segunda temporada de Big Mouth arranca allí donde lo dejó la primera. Un aspecto positivo de esta continuación es que la serie aprovecha la adolescencia para volver a su antecesora cuando lo necesita. Repite fórmulas que funcionan, explota otras que empezó a trabajar en la primera, y mientras todo eso ocurre sigue recordándonos lo que implicaba ser adolescente. Pocas preocupaciones relevantes, sí, pero esa fiesta de las hormonas ya nos tenía suficientemente ocupados como para pensar en algo más.

Todos hemos sido adolescentes. Nos enfadábamos para siempre y un día después hacíamos las paces. El amor podía durar una semana y no pasaba nada. Big Mouth vuelve a explorar estos aspectos y apuesta una vez más por convertir la serie, en algunos momentos, en un producto de ritmo caótico y vertiginoso, como es la propia adolescencia. Continúan los mismos protagonistas como Nick, Andrew, Jessi y Jay, pero en esta ocasión los secundarios gana protagonismo. En especial Coach Steve, ese adolescente un tanto perdido que está metido en el cuerpo de un profesor de instituto.

Big Mouth segunda temporada

El mayor uso del personaje de Coach Steve viene bien para explorar ciertos aspectos que quizá los creadores no se atrevan con los chavales. Y por el camino nos deja una intro maravillosa. Los chavales mientras tanto siguen inmersos en lo que significa crecer para convertirse en adultos. Siguen explorando su sensualidad, sus amistades, fallan, aciertan. Cada uno con diferentes momentos claves, siendo Big Mouth tan mordaz y crítica como en su primera temporada.

Big Mouth vuelve a dejarnos capítulos para el recuerdo. En especial el segundo episodio. El protagonismo va para las inseguridades que las adolescentes podían tener sobre su cuerpo mientras este crecía y cambiaba -y veían como otras cambiaban más o menos rápido que ellas-. Inolvidable, con un número musical precioso. Aquí los guionistas y creadores vuelven a dar con la tecla. En solo dos capítulos ya nos tienen pegados al sofá. De nuevo.

Big Mouth

Esta segunda temporada de Big Mouth conocemos al Shame Wizard, el fantasma de la vergüenza, que intenta hacer ver a los protagonistas que las acciones de sus hormonas adolescentes pueden tener consecuencias. Y vaya si las tienen. En esta temporada vemos como la parte masculina –Nick y Andrew– meten la pata en varias ocasiones, bien por irse de la lengua por tocar una teta o por aprovecharse ‘sexualmente’ de una chica que no les gusta. Mientras tanto Jessi se mete en una espiral negativa, sin encontrar su sitio como mujer, intentando entender todos los cambios hormonales que le tocan vivir mientras pelea por aceptar la separación de sus padres. Acaba abrazando al gato de la depresión. Casi nada.

Pero hay más, como el capítulo sobre educación sexual, aborto y ETS. O ese en el que adolescentes y mayores ‘debaten’ sobre qué quieren las mujeres, en el lugar más misógino que uno podría imaginar. En esta segunda temporada de Big Mouth vemos a Nick enamorarse sin él saberlo, obcecado como está de primeras por unos pechos, para descubrir que hay vida más allá de un cuerpo.

A la muestra de esta crítica está que la segunda temporada de Big Mouth es fiel y se mantiene en el gran nivel que dio la primera. Si te gustó la inicial tanda de capítulos disfrutarás con esta segunda. Big Mouth es una divertida serie que nos enseña sobre los adolescentes, sí, pero que también es una lección para los adultos. Porque muchas de las lecciones que deja sirven para todos nosotros.