La segunda temporada de Atípico nos da una dosis mucho más cruel, despiadada y tierna -sí, suena curioso- que una primera temporada excesivamente centrada en los flirteos de la protagonista (Jennifer Jason Leigh) extramatrimonialmente.

 

Ya en su carta de presentación en pequeña dosis -8 capítulos-, Atípico se convertía en una revelación en pequeña escala para Netflix. Una serie familiar basada en cuatro pilares, los que muestra cada uno de los componentes de la familia. Se centra en la vida de un joven autista amante de los pingüinos, pero si algo cojeaba en la buena primera temporada era que el exceso de protagonismo recaía en dos patas: la madre y el chaval.

Aquí, una vez nos han dejado las cartas sobre la mesa, la segunda entrega, ampliada en dos capítulos, lo cual se llega a agradecer y no se hace pesado, nos muestra mucho más a esta familia. Quizá quien más protagonismo tenía en la primera temporada -Jason Leigh- es aquí en la segunda temporada de Atípico quien más pierde desde la base, y al igual que su personaje en la serie, intenta su reentrada en una familia que le ha dado la espalda. Mientras vemos esa guerra matrimonial, se nos engrandece, con sus problemas, el personaje de Michael Rapaport, mucho más sólido y con protagonismo que antes.

Crece, exponencialmente, Brigette Lundi-Paine, con más poso protagonista y con momentos de mayor lucidez dentro de su entrada a una edad en la que comienzan las dudas con nuevas amistades e incluso, dudas sexuales típicas de la edad. Es la base más juvenil de Atípico, una serie que tiene diferentes frentes abiertos en lo poco que dura cada capítulo y eso la hace una comedia -¿o es un drama?- realmente interesante.

Atípico Serie

Si la más joven de la familia nos muestra la vida escolar, el protagonista que debiera ser la estrella del evento, ese niño autista interpretado por Keir Gilchrist, nos enseña más sobre la vida que cualquier otro. Desde su nobleza y sinceridad, provoca los momentos cómicos a pesar de su constante seriedad. Nos muestra ese cambio de la juventud hacia convertirse en un adulto. Adultos que acaban convirtiéndose en “chistes” de sí mismos en ese matrimonio roto que interpretan Leigh y Rapaport.

Las cuatro patas de la silla están bastante equilibradas, en definitiva, en esta segunda temporada de Atípico. Y eso la hace más atractiva. Quienes no sean amantes de las series juveniles tendrán donde engancharse, y quienes sean precisamente eso, amantes de este tipo de series, también tienen su ración con los dos ‘niños’ de la familia. La segunda temporada de Atípico sale ganando en todos los aspectos gracias a ello.

Y en una apuesta clara hacia el futuro, la serie nos deja abiertos suficientes frentes como para hacer eterna la espera a una tercera temporada. Queda la sensación de que donde en la primera temporada bastaban ocho capítulos, en esta diez se pueden quedar cortos. El caso es que veremos qué nos depara el futuro, pero Atípico ha ganado gracias a lo coral de la propuesta, y a unos secundarios bien lanzados en diferentes momentos, desde la psicóloga que ha perdido punch en esta temporada, el compañero de trabajo cool del joven protagonista, o las nuevas amistades -algunas peligrosas- de la más joven de la familia