En el año 2015 Europa cambió. La decisión de los votantes británicos de abandonar la Unión Europea sacudió al continente. Al mundo. Nadie creía que aquello fuese posible, pero ocurrió. ¿Cómo? ¿Qué motivos hicieron que la gente apostase por el Leave? ¿Quiénes fueron los culpables de aquello? Estas son las interesantes preguntas que se plantea Brexit, película de HBO con Benedict Cumberbatch como protagonista. Un ágil y brillante ejercicio de film crítico y social, del que el espectador sale cambiado. Lo que Brexit nos pone en pantalla da el mismo miedo que decíamos en su momento de El Vicio del Poder. Juegan con nosotros y no nos enteramos.

El resultado de la película lo conocemos. No nos acercamos a Brexit queriendo saber lo que ocurrió. Queremos saber porqué, cómo y quienes perpretaron algo así. Brexit nos muestra el nuevo modelo de política que funciona en esta era interconectada. Un tipo de política que no tiene miedo para tirarse al barro y mancharse con el tema que sea. Un tipo de política que, sí, no tiene miedo a mentir para lograr su objetivo. Eso es lo que expone ante nuestros ojos la película que dirige Toby Haynes. Un duro golpe de realidad, pero una lección que viene bien aprender. Ayuda a entender el auge de los populismos y las medidas más disparatas.

Brexit además construye un relato ágil. Es una película que apenas da respiro. Sin darte apenas cuenta estarás encarando el final del film, quedándote con ganas de más. Porque es cierto que hubiera sido excelsa de haber sido aún más incisiva, de haber profundizado más. Aún así, su narrativa nos convence por lo fácil que nos llega el relato y sus interioridades, con una técnica al servicio de ese alto ritmo de narración, sin pausa, como fue la campaña que desembocó en el Brexit. Una parte técnica que por momentos se acelera de más. Pero así es hoy el mundo en el que vivimos. Extremo, sin un segundo de calma.

Brexit

Vemos pasar ante nosotros a los protagonistas de la acción, los políticas y las personalidades públicas que tuvieron algo que ver en todo aquello. Pero por primera vez conocemos a quienes estaban detrás, a quienes movían la maquinaria. Es una radiografía profunda y dolorosa de la realidad política. Profunda, porque ponen ojos, cara, dogmas y principios de quienes mueven los hilos en la sombra. Dolorosa, porque esta realidad casi ofende y sin duda da auténtico pavor ante lo desalentador del futuro que puede llegar. Ese aire a thriller que le da Toby Haynes a Brexit ayuda a fomentar esa sensación. Todo pasa ante nosotros demasiado rápido y no nos enteramos de nada.

En Brexit vamos de la mano de Benedict Cumberbatch, quien interpreta a Dominic Cummings. Un tipo que quiere darle una vuelta a la manera de hacer política hoy día. Un hombre explosivo, sin escrúpulos cuando se trata de ganar. Cumberbatch se luce y consigue embaucarnos en este desafiante trayecto. Su actuación, por momentos acelerada como la trama, en otros calmada, en otros aterradora, es una buena muestra de lo que la película nos cuenta. De lo que la película es. Cummings es ese tipo de persona que parece conocerte mejor que uno mismo. Asusta ver de lo que es capaz.

Su agilidad hacen de esta película de HBO un producto de lo más entretenido. Pero lo más interesante de Brexit es el mensaje que nos deja. Como todo, incluso la política, puede comprarse con oscuros movimientos en la sombra. Todo es marketing. Todo está a la venta. Incluso un puñado de votos. Incluso tu voto. Aunque no seas consciente de ello. Brexit es, en definitiva, la muestra en pantalla de que un nuevo modo de hacer política ha llegado para quedarse. Y que, lo conozcamos o no, nos guste o no, el barro solo empieza a formarse. El futuro no parece halagüeño. Y Brexit nos lo muestra sin censura.