Netflix sigue adelante con su agresiva intención por crecer en suscriptores y lo hace apoyado por una fuerte apuesta en contenidos propios. Y algunos de ellos son muy ambiciosos. Como Altered Carbon, su serie de cabecera en este arranque de 2018. Una propuesta que hace un viaje por la ciencia ficción de corte cyberpunk, con tinter noir y una estética con aires a Blade Runner que nos engancha. Una divertida y entretenida serie que se puede ver de una tacada.

Altered Carbon no es original. Ni lo quiere ser ni nosotros se lo pedimos. Quizá no nos de todo lo que buscamos, pero de momento su primera temporada consigue mantenernos pegados al desarrollo de su trama. No es un producto tan redondo y completo como esperábamos, de hecho se le ven más costuras de las que uno puede desear. Pero nos convence lo suficiente como para esperar el siguiente capítulo con ganas.

El planteamiento general es bastante atractivo: tres siglos en el futuro, la identidad humana de cada persona, su consciencia, puede guardarse y transferirse en diferentes cuerpos, que pasan a ser meros envases físicos. Esto crea algo tan peculiar como la opción de ser inmortal. Casi nada. Y en esas ‘despiertan’ a Takeshi Kovacs, un ‘envoy‘ -una especie de super soldado- para que resuelva el asesinato -solo de envase- de Laurens Bancroft, un millonario que ha vivido la friolera de 300 años.

Vamos al grano. Altered Carbon cuenta con una gran ventaja y una desventaja. En lo positivo destacamos la gran calidad de su dirección. La presencia de manos y mentes como las de Miguel Sapochnik, Nick Hurran, Andy Goddard o Alex Graves se nota y mucho. Aciertan siempre, sabiendo cómo mostrarnos en cada momento lo que ellos desean contarnos. No marean ni visual ni narrativamente, siendo directos y eso un producto como este, denso en apariencia, lo agradece.

Altered Carbon

Lo negativo está en su reparto. Irregular es el adejtivo que viene a la cabeza a la hora de describirlo. Joel Kinnaman -Kovacs- por momentos convence, con esa mirada entre cínica y de tipo duro, pero tiene otros momentos en los que directamente no entendemos su trabajo. Y hasta podemos decir literalmente, ya que unas prestar atención a la dicción no le hubiera venido nada mal. Martha Higareda cumple pero no convence como Kristin Ortega, una policía de firmes y honrados ideales.

Nos sorprende y no para bien James Purefoy como Bancroft. En el piloto deja la sensación de forzar un extraño acento que después desaparece. Me declaro fan de Purefoy pero aquí pincha en hueso. Le falta cierto aura de grandeza. En el elenco los secundarios cumplen y gracias. Pero uno destaca sobremanera, Chris Conner como Poe, una inteligencia artificial peculiar, interesante y divertida. Él aporta los momentos cómicos de la serie y lo hace absorbiendo a su personaje.

¿Y el desarrollo de la serie? Ahí nos llevamos nuestra cuota de decepción. Debo señalar que esto ocurre por las expectativas creadas sobre Altered Carbon por mi parte. Y es que me hubiera gustado un mayor desarrollo de los aspectos sociales, religiosos y éticos que la serie pasa un poco por encima, dejando a un lado por momentos el ritmo trepidante y las numerosas escenas de acción de las que hace gala la serie de Netflix.

Sin embargo esto solo hubiera colmado mis deseos y Altered Carbon sería entonces un producto diferente. Lo que aquí tenemos es una interesante ración de intriga y una entretenida dosis de acción, aspectos que vencen a cualquier otro tipo de desarrollo que pudiera haber adoptado la trama. Los amantes de la acción -y más en un enclave futurista- deben saber que están de enhorabuena. Las coreografías que se llevan a cabo en la serie les dejarán contentos. Otro aspecto a rescatar es la gratuidad de la desnudez de sus protagonistas. Por simplificarlo: en los días que tardé en ver la serie vi más el pecho desnudo de Joel Kinnaman que el mío propio. Y soy de ducha diaria.

El mayor problema para Altered Carbon quizá sean las enormes expectativas que se habían depositado sobre ella. Muchos esperaban de ella una de las mejores series del año y, sinceramente, está bastante lejos de eso. Una serie entretenida, sí, agradable de ver, pero hasta ahí. Por momentos se diluye, por momentos nos atrapa, irregular por tanto. Pero algo debe tener, cuando queremos seguir viendo más capítulos. Quizá es que Altered Carbon es como el glutamato monosódico, algo que sabemos no es lo mejor para nosotros, pero aún así una vez empezamos con ello, no podemos evitar continuar hasta acabarlo.