El final para volver a empezar. La muerte en vida como punto de partida de una nueva aventura. Una dolorosa, una vida sufrida, en la que cada día es una lucha con uno mismo para no tragarse un bote de pastillas. Para no colgarse del techo y poner el punto final a todo. After Life, la última serie creada por Ricky Gervais parte de ese interesante punto para ir creando una sitcom que no es tal. Gervais señala que esta After Life -que podéis ver en Netflix- es lo mejor que ha escrito nunca y sinceramente debemos creerle. Quizá no sea la más divertida, pero sí la más cruda y sincera que podemos encontrarle en su filmografía.

Uno se da cuenta ya en el primer episodio de esta primera temporada de After Life de que se encuentra ante un producto quizá diferente en lo que a Ricky Gervais se refiere. Incluso desagradable como espectador, al menos por momentos. Porque en ese estreno de serie el protagonista, Tony Johnson, se dedica a insultar y faltar el respeto a todo ser viviente con el que se cruza en el camino. El humor estúpido, sencillo y faltón puede funcionar muy bien, pero en el caso que nos ocupa no hay humor. Hay falta, hay un ser irrespetuoso que pronto descubrimos es una persona que sufre, que vive porque respira, no porque quiera estar aquí.

Esa es la mayor belleza que nos da Ricky Gervais con After Life. Un aspecto que desconocemos tras ver su primer episodio. Porque esta primera temporada de After Life es un viaje en su máxima expresión. Tras los primeros minutos desearemos no haber seleccionado esta serie del “tipo ese que presenta los Globos de Oro metiéndose con los famosos”. Porque, como digo, es un episodio, un personaje, que puede resultar desagradable. En cambio una vez vistos los seis episodios que conforman la primera temporada de After Life la sensación será completamente diferente. Nos sentiremos completos, contentos de haber visto lo que Tony sufre, vive y pasa. Nos sentiremos un poco Tony.

¿Quién es Tony Johnson? Un redactor del Tambury Gazette, un periódico local, muy local, demasiado, que recientemente ha sufrido la pérdida de su adorada esposa por un cáncer. Esa muerte le ha sumido en un dolor en apariencia incurable, en una tristeza irreparable y sin remedio. Esos sentimientos los expresa haciendo daño a todo el que se cruza en su camino, convirtiéndose en un ser desagradable. Alguien a quien sus amigos y compañeros no reconocen. Gervais hace uso del flashback para entender esos sentimientos, pero lo hace de una manera brillante e inteligente e intentando salirse del camino sencillo.

After Life

Cada poco vemos a Tony con una botella de vino, un portátil y en su pantalla vídeos de su mujer. Les muestran felices, inseparables, pero también cómo ella le daba instrucciones una vez llegaba su final. Sé feliz, le pide. Imposible. Con ese poco, con un Tony doliente y en un estado de autoflagelación constante, empatizamos con él pronto. After Life nos muestra el duelo de una manera diferente a la que hizo The Leftovers, pero consigue penetrar nuestra armadura tal y como lo hizo la excelente serie de Damon Lindelof.

Escribo esta crítica una vez vista no solo la primera temporada, sino también la segunda. Cuando esto ocurre suelo realizar una crítica conjunta, pero en este caso he decidido separarlas y diferencias. Son viajes similares pero con matices que bien merecen sus propias particularidades al plasmarlas en palabras. Esa es la clave de After Life. El camino. El ir de un punto a otro, y cómo llegamos hasta ahí. En la primera temporada es por momentos desagradable, sin embargo quizá no alcanzamos a ver un peligro real de que Tony se haga daño a si mismo. Aún no le conocemos tanto y, además, tiene a su perra. Se agarra a un clavo ardiendo, como si en el fondo no quisiera fallar a la última voluntad de su esposa: “Tony, sé feliz, sigue adelante”.

After Life te paga con creces cada minuto que le entregas. Y ese es el mejor resultado posible. Sencilla, directa, emotiva y, sí, doliente. Para su protagonista y para nosotros. Una de esas series que nos tocan la fibra y que cuesta volver a ver. Sufrir, a sabiendas, no es plato de buen gusto. Ricky Gervais sigue siendo faltón pero esta vez nos ha dado un producto diferente y especial. Uno que merece la pena que veas, de verdad. Te compensará con creces.