Una historia de Stephen King, una producción de J.J. Abrams y James Franco como cabeza del elenco. Con esas cartas a priori ganadoras partía de salida 11.22.63, una miniserie -basada en la novela del mismo nombre- que intenta mezclar ciencia ficción y thriller. En total cerca de nueve horas de tensión en un producto bastante fiel a la novela que publicó en 2011 el prolífico Stephen King. Los cambios son mínimos, algo que los lectores agradecemos, y la dirección que el show decide seguir permite a los no lectores conservar la esencia que el libro desprendía. El argumento de la serie es sencillo: el protagonista debe viajar al pasado para evitar que ocurra el atentado a John F. Kennedy en 1963. Una premisa lo suficientemente atractiva como para que cualquier no lector de King se anime a darle una oportunidad a 11.22.63. La idea parece otro valor seguro. Y la ejecución del proyecto terminó por convertir una buena idea en un buen producto. No es la mejor serie del año, pero es difícil que deje un mal sabor de boca al espectador. Incluso aquellos que no sientan demasiado aprecio por las capacidades como actor de James Franco le verán con mejores ojos. Y si Franco no convence, los secundarios que le rodean lo harán, así como una ambientación y banda sonora que nos sumergen por completo en la década de los sesenta.

El primer episodio de 11.22.63 nos da todo lo que necesitamos saber sobre la trama y lo que nos espera. El qué, el cómo y hasta el por qué. En primer lugar nos deja bien claro que aquí manda Jake Epping (James Franco), que se convertirá en James Amberson en el pasado. Él es el protagonista de la historia y conocemos la historia a través sus ojos, de principio a fin. La misión que le da su amigo Al Templeton (Chris Cooper) es breve de describir pero nada sencilla de llevar a cabo: deberá comprobar que Lee Harvey Oswald actuaba solo el 22 de noviembre de 1963, cuando asesinó al presidente Kennedy, para posteriormente frenar dicho asesinato. Para ello viajará a 1960 a través de un armario –sic– y tendrá, por tanto, tres años para completar su acometido. Por el camino conocerá a Oswald, se enamorará, trabajará como profesor, vivirá los problemas de racismo, y se cruzará con varios psicópatas por el camino. La primera parada nos lleva a los viajes en el tiempo y el tratamiento que reciben. Sencillo y sin complicaciones. Desde el primer momento las reglas -pocas- quedan claras: cada vez que entre en el armario, Epping llegará al 21 de octubre de 1960; pase el tiempo que pase en el pasado, en el presente solo habrán transcurrido dos minutos; y el pasado puede ser cambiado -aunque no desea ser cambiado-, pero si vuelve a entrar en el armario todo se reseteará y volverá a la normalidad. Deja a un lado líneas temporales o cuestiones que podrían complicarlo. Los más fieles a la ciencia ficción podrán sentir cierta simpleza en estas cuestiones, pero al menos así no caerá en errores flagrantes.

Una vez vivido esto, 11.22.63 se convierte en una miniserie de suspense, con un enemigo claro y no, este no es Lee Harvey Oswald. El principal rival de Epping es el propio pasado, un pasado que no quiere ser cambiado y que intentará poner todas las trabas posibles a Epping, hasta el instante final en el que Oswald debe apretar el gatillo para acabar con Kennedy. Hasta llegar a ese momento la tensión irá poco a poco aumentando, aunque para relajarlo contaremos con el punto de romanticismo que da la historia de amor de Epping con Sadie Dunhill (Sarah Gadon). Curiosamente las escenas de mayor tensión -y seguramente las mejores de 11.22.63- no las dará la historia de Kennedy. El personaje de Franco es una especie de héroe a la antigua usanza, en busca de salvar a desdichados y damiselas en apuros. Y de esas ganas de ayudar al prójimo viviremos escenas que llegan a rozar la crueldad, de la mano de dos secundarios que bordan sus papeles. Harry Dunning es un alumno de Epping en la escuela de adultos, en donde acaba por sus dificultades de aprendizaje. Cuando cuenta lo que vivió de pequeño por culpa de su padre, Epping siente que debe hacer algo. Y ahí aparecerá Josh Duhamel dando vida a Frank Dunning, el padre de familia, un sádico maltratador. La actuación de Duhamel nos lleva a odiar a su personaje y las maneras en las que este juega con la gente, desde el mismo segundo en el que aparece en pantalla, lo contrario que ocurre con la versión adulta de su hijo, gracias a un Leon Rippy que está excelente en su papel. Más adelante conoceremos al marido de Sadie, Johnny Clayton, un hombre reprimido sexualmente que no soporta ver como su mujer le deja y rehace su vida, pagándolo con ella. T.R. Knight nos enseña a un personaje que va creciendo a lo largo de sus apariciones. Cuando uno le ve en pantalla presiente que algo va a ocurrir, pero no alcanza a atisbar hasta donde es capaz de llegar Clayton. Y eso sucede gracias a Knight, que esconde la maldad que tiene su personaje en su interior bajo una fachada de hombre bien y una sonrisa sarcástica que cautiva.

Cuando la serie se acerca más a ese terror clásico de Stephen King sale ganando, aún a pesar de dejar la historia principal al margen. Para dicha trama resulta todo un acierto la decisión de usar el formato de miniserie, permitiendo así que los capítulos carezcan de relleno, a diferencia de lo que ocurrió con otra de las novelas recientes de King que ha sido llevada a la pequeña pantalla: Under The Dome (La Cúpula). En este otro caso puede emplearse en su defensa el hecho de que el número de personajes es mayor, pero el sinsentido que terminaron por realizar al alargar la cantidad de episodios y temporadas convirtió un libro interesante en una mala serie. No ocurre así con 11.22.63. La novela queda reflejada de una manera fiel en la serie, aunque para ello necesitaron realizar algunos cambios y recortes. Quizá con un par de capítulos más hubieran logrado un producto más redondo, pero los ocho episodios son más que suficientes. Para los lectores queda en el debe el saltarse la etapa de Jake en Jodie, el pequeño a las afueras de Dallas en el que da clase mientras va preparándose para su misión. El resto de cambios son en su mayoría mínimos, como que en el libro retrocede en el pasado hasta 1958. O la inexistencia en la novela del personaje de Bill, el ayudante que se busca Epping para lograr su misión. Pero en televisión el tiempo es limitado y toca crear recursos para hacer más creíble la historia -o evitarse elipsis demasiado amplias-. Con respecto al libro, cuesta ver en el atlético Franco al profesor que nos presenta King, pero el actor resulta bastante convincente en su papel. Por momentos incluso parece ofrecer una actuación de otra época, como si él mismo se hubiera sumergido por completo en la década de los sesenta. En el lado de grandes actuaciones sumaremos a los ya comentados Rippy, Duhamel y Knight, a Chris Cooper, y a un inquietante y desconcertante por lo creíble Daniel Webber como Oswald, en un papel nada sencillo pero que termina por hacernos creer que estamos viendo al Oswald de verdad.

Los dos secundarios que más vemos en pantalla -Gadon como Sadie y George MacKay como Bill- bajan el nivel y no resultan tan convicentes, pero esto no le resta un ápice de interés a una miniserie que ha hecho honor al best seller de un King que tuvo la idea del libro en su cabeza desde 1971, y que vivió con una pequeña obsesión en cuanto a lo que el asesinato del presidente Kennedy se refiere. En resumidas cuentas 11.22.63 es una buena serie, que logra mantener al espectador pegado a la pantalla durante sus ocho episodios, y fiel a lo que el escritor creó. En otras palabras: una buena novela en formato televisivo. Y sin necesidad de estirar el chicle. Un acierto como producto y sin duda un acierto para aquel que decida darle una oportunidad. Sea bueno o no parar a Oswald y salvar a Kennedy.