La vida de un artista no difiere demasiado de la de un mundano humano. Se levanta, trabaja, come, se acuesta. Vuelta a empezar. La diferencia es que esa parte del trabajo suele ser más divertida. Desde luego más creativa. El caso es que ellos y nosotros, artistas, divinos o no, y seres mundanos compartimos más aspectos de los que creemos. Como esos trenes en los que debemos subirnos si queremos que nuestra situación cambie exponencialmente. Esos saltos que mejoran nuestro día a día, nuestro trabajo. Nuestra vida. Para Tom Petty el tren tenía forma de disco con nombre y apellidos: Damn the Torpedoes.

Llegaba a 1979 con la vitola de artista prometedor e interesante, pero incapaz de hacer un disco que le alzase a los altares del rock. Tom Petty era el de ‘American Girl’ y con los Heartbreakers eran la banda con la que te lo pasabas genial en los conciertos. Tenían un gran directo, algo que mantuvieron hasta el final. Sin embargo en aquellos finales de los setenta pocos daban un duro por una carrera a largo plazo de Tom Petty and the Heartbreakers. Habían lanzado dos discos de buena factura pero irregulares, con escasa evolución en el segundo y plagados de canciones cortas y directas. De hecho el segundo, ‘You’re Gonna Get It’, recibió mediocres críticas que destacaban el hecho de ser más de lo mismo que el debut ‘Tom Petty and the Heartbreakers’. La formula parecía agotarse.

Era el momento. 1979 era el ahora o nunca de Tom Petty and the Heartbreakers. O daban el salto o quién sabe cuánto más podía estirarse el vivir de los conciertos. Ganar o irse a casa. Se jugaban el todo por el todo y no podían andarse con medias tintas. ¿Serían capaces de dar el salto y pasar a jugar en las grandes ligas? Esa era la pregunta en su entorno, fans y la prensa musical. Para el propio Tom Petty había otra más: ¿daría el salto compositivo que creía capaz de realizar? No valía solo con el éxito comercial, Petty anhelaba el reconocimiento de su altura como compositor y de su banda como músicos, por sus coetáneos, compañeros de profesión y periodistas especializados. Sin embargo, antes de entrar al estudio Petty y los suyos debían solucionar problemas más importantes.

Problemas discográficos y bancarrota

El viaje a Damn the Torpedoes no fue sencillo sino sinuoso y pesado. La banda tuvo que afrontar en primer lugar una dura y ardua lucha contra su discográfica, Shelter, y también su primer mentor y productor, Denny Cordell. Este fue quien decidió confiar en ellos sin mirar atrás, el que les guió en sus primeros pasos ya en Los Angeles. Quien apostó por ellos sin dudar y les produjo los dos primeros discos. El caso es que por el camino aprovechó para hacerles firmar uno de esos sangrantes y a la vez lucrativos contratos que tanto se estilaban en la industria de la música de aquellos años, menos dada a lo profesional y más a la improvisación. ¿Sangrante y lucrativo a la par? Sí. Sangrante para el grupo que veía como un externo se hinchaba a ganar dinero a costa de hacerse con los derechos de las publicaciones sin que la banda (casi) se enterase. En el momento de firmar dicho contrato Tom Petty and the Heartbreakers estaban desesperados por una oportunidad de ir al estudio y grabar discos. Les pasa a todos. Cuando empieza a entrar el dinero y miras tus finanzas de repente, oh, vaya, algo no cuadra.

El contrato que Shelter y Tom Petty habían firmado se retrocedía a la etapa de Mudcrutch, la primera banda de Tom, Mike Campbell y Benmont Tech, hasta ya 1974. Las condiciones para el grupo eran leoninas. Tenían dos discos en el mercado que aunque no habían sido éxitos abrumadores sí habían llegado a las listas. No paraban de girar gracias a esos dos álbumes. Y sin embargo llegaban justos a final de mes. No vivían la gran vida del rock and roll, si acaso debían mirar casi cada dólar para ver si se podía gastar. Por suerte para Tom Petty y compañía apareció en escena un tipo que traía fama de conocer el negocio y llevar a Neil Young entre otros. Elliot Roberts. Pronto se dio cuenta de que aquello no tenía sentido alguno y debían hacer algo para que su nuevo artista pasase a tener el control de su trabajo. ¿Cómo? Declarándose en bancarrota.

Tom Petty en concierto

Shelter era la discográfica que poseía los derechos de Tom Petty and the Heartbreakers y querían grabar Damn the Torpedoes. Sin embargo la aventura de Shelter llegó a su fin cuando su sello madre, ABC Records, quedó absorbida por MCA. Aquello a Tom Petty no le hizo ninguna gracia y quiso aprovechar una cláusula de su contrato por la que si ABC vendía Shelter o perdía sus derechos de distribución la banda quedaba libre para irse con quien quisiera. Aquello para Petty y los suyos era un regalo caído del cielo, claro que no iba a ser nada fácil. Mientras Tom Petty and the Heartbreakers estaban en el estudio grabando Damn the Torpedos, el artista andaba metido en una maraña legal con juicios de por medio que podía entorpecer el resultado final del álbum. Ahí a los Heartbreakers les quedó claro un aspecto de su ahora líder: si alguien debía bajar al barro y currar sin descanso Petty lo haría por todos ellos.

El asunto tuvo una solución aparentemente sencilla pero inteligente y hasta maquiávelica. Roberts recomendó al grupo demandar a su discográfica y declararse en bancarrota, algo nada difícil teniendo en cuenta que no ingresaban un dólar, y sería él quien correría con todos los gastos de Damn the Torpedoes. Como fácilmente podían demostrar que no eran capaces de salir de su situación de insolvencia con las condiciones de su contrato, el tribunal le permitiría empezar de cero y firmar con quien quisiera. Curiosamente la industria no quería que ganase ese juicio… y a la par estaban desesperados por firmarle.

Un productor para alcanzar la gloria y unirlos a todos… o no.

Llegaba el momento de meterse en un estudio y gastarse todo el dinero que Elliot Roberts pudiera poner. Para ello necesitaban un productor. El que hizo sus dos primeros discos, Denny Cordell, estaba descartado no solo por querer una evolución y un salto, sino porque habían denunciado el contrato que tenían con él. Detallitos. La búsqueda de productor no fue complicada porque todos los caminos parecían llevarles a un mismo hombre: Jimmy Iovine. Hoy millonario gracias a su compañía de –entre otras cosas- auriculares Beats Electronics, a finales de los setenta era un hombre con ambiciones de hacerse un nombre importante en la industria de la música. Quería ascender y dejar lo de ser un don nadie al que ninguneaban.

Para Tom Petty era una buena opción. Iovine venía de producir para Patti Smith y Bruce Springsteen, en ambos casos sus respectivos terceros álbumes y en situaciones similares: necesitaban un tercer disco para dar el salto y convertirse en algo más relevante en la industria. ¿Resultado? Éxito absoluto, tanto el ‘Easter’ de Patti Smith como especialmente el ‘Born to Run’ de Springsteen fueron grandes triunfos para todos y consiguieron ese salto definitivo. Tom Petty quería eso y Iovine era por tanto el hombre perfecto. Algo que quedó aún más claro cuando Petty le tocó lo que había compuesto para el disco. Las canciones eran ‘Refugee’ y ‘Here Comes My Girl’, Iovine quedó prendado y le dijo que no necesitaba escuchar más.

Tom Petty setentas

Una vez comenzadas las sesiones pronto quedó claro que se entendían como si se conocieran de toda la vida. Ambos querían sacar algo concreto del otro, querían aprovecharse del otro, lo aceptaban y apostaron por esa unión. Cuando aquello ya no dio más de sí separaron sus caminos, aunque eso llegaría tras otros dos discos y la sensación de Petty de que para Iovine ya no eran preferentes. Por el camino se encontrarían ambos con Stevie Nicks y su ‘Stop Draggin’ My Heart Around’. Sobre Damn the Torpedoes Tom Petty lo tenía bastante claro en aquella época: “El nuevo álbum tendrá un toque muy distinto, al igual que difieren los dos primeros”.

El proceso de grabación no fue sencillo. Entre Tom Petty y los Heartbreakers había rencillas. Elliot Roberts les ayudaba con sus problemas legales y les financiaba el disco, pero también le había comido el tarro a Petty. ‘Tú eres el compositor, tú eres el líder, tú debes ganar más… y trabajar más’. Adiós a cobrar todo en cinco partes iguales, Tom pasaría a ganar más. Claro que después mientras Petty se comía todo tipo de problemas, negociaciones y trabajos, el resto estaba en la piscina del hotel poniéndose moreno de manera obscena (Ron Blair, bajista) o en el Rainbow Room castigando el hígado (Benmont Tech). Al grupo le costó unos años entender que en el escenario eran uno, pero fuera de él quien mandaba era Tom Petty. Para rematar empezaron los después crónicos problemas con Stan Lynch, batería de los Heartbreakers, con un Iovine que cada pocos días le insistía a Petty: “despídelo”. Por más que fuese el líder y ese su grupo, Tom Petty seguía teniendo una fuerte creencia en la existencia de ellos como banda y no fue capaz.

Damn The Torpedoes: el disco que lanzó a Tom Petty

Setenta tomas necesitó solo ‘Refugee’, la canción que abre este Damn the Torpedoes que supuso el éxito para Tom Petty and the Heartbreakers. Número dos en las listas estadounidenses sin necesidad de girar de manera eterna, si no llegó al uno fue por la presencia de ‘The Wall’ de Pink Floyd. La crítica bendijo el álbum, como no podía ser de otra manera. Sin duda era un salto adelante creativo y tampoco cabía duda de que era su álbum más completo. Dos caras quizá no perfectas pero sí redondas, con una cara A que comienza espléndida con el trío ‘Refugee’, ‘Here Comes My Girl’ y ‘Even the Losers’. Clásicos perennes de Tom Petty and the Heartbreakers. Las canciones iban más allá de los dos minutos y medio y la banda se mostraba pletórica. La producción… bueno, digamos que Iovine había demostrado que su elección fue perfecta y se ganó a pulso el aura de productor estrella.

La cara B del Damn the Torpedoes no le iba a la zaga, arrancando con ‘Don’t Do Me Like That’, canción que Tom Petty quería regalar y que solo la insistencia de Iovine permitió que se convirtiera en un clásico del artista. Cuatro canciones mencionadas que formarían parte para siempre de los conciertos de la banda pero, además, cuatro singles para un grupo que cerraría la segunda cara con otro clásico como ‘Louisiana Rain’. Si no te gusta no tienes alma. Entre medias quedaban buenas canciones como ‘Century City’, recordando el sonido de sus discos anteriores, o ‘What Are You Doing In My Life?’ que completaban un gran álbum.

El trabajo quedaba cumplido. Una tarea ardua, larga y complicada, pero con Damn the Torpedoes Tom Petty and the Heartbreakers consiguieron su ansiado éxito y reconocimiento como gran banda del rock. Pasaban a jugar en las ligas mayores y, ahora sí, el dinero empezaba a entrar a espuertas. Stan Lynch recordaba en la biografía de Tom Petty –escrita por Warren Zanesel día en el que Jimmy Iovine se le acercó con una fotografía de una señora casa en Long Island mientras le decía “esta casa la ha pagado ‘Refugee’”. Montados para siempre en el Olimpo del rock, en la fama… y en el dólar.