Los años 80 comenzaron cargados de bonanza y buenas noticias para Tom Petty y sus Heartbreakers. Al ‘Damn the Torpedoes’ grabado en 1979 y el éxito que supuso le siguió un igualmente interesante y positivo ‘Hard Promises’. Se habían convertido en estrellas del rock and roll con derecho propio, al menos en Estados Unidos y resto del mundo anglosajón, y ahí permanecerían para siempre. Sin embargo con el pasar de la década su estrella se desvanecía y aunque guardaban su reputación, su trabajo pasaba a un segundo plano ante otras bandas y estilos más boyantes. Tom Petty necesitaba dar un golpe en la mesa y ese sería Full Moon Fever (1989), el excelente álbum con el que pondría fin a los 80 y reverdecería no tan viejos laureles.

Para su desgracia no se encontraba cómodo con lo que le rodeaba. Los Heartbreakers se estaban empezando a convertir en una carga para un Tom Petty que necesitaba aire. Necesitaba parar un tiempo y respirar tras ‘Let Me Up (I’ve Had Enough)’, disco lanzado por el grupo que pasó sin pena ni gloria y del que solo recordamos ‘Jammin’ Me’, la canción con la que abrían el LP. La idea de hacer algo en solitario comenzaba a pasar por su cabeza y tanteó a la persona con la que sentía un mayor apego dentro del grupo: Mike Campbell. Estaba harto de tener que hacer el trabajo de todos, aunque a eso se hubiera comprometido cuando decidió que allí no se cobraba a partes iguales antes de grabar ‘Damn the Torpedoes’. Harto estaba también de sacarles la cara, de solucionar sus numerosas broncas.

Se acabó. Ya me he cansado de todo esto” fueron las palabras que le dijo a un atónito Campbell que de repente se veía sin trabajo. De hecho fue una discusión entre el propio guitarrista y Stan Lynch, batería y eterno protagonista de las polémicas dentro del grupo, la gota que colmó el vaso. Eso y todo lo que rodeó a ‘Let Me Up (I’ve Had Enough)’ (1987), incluidas sus malas ventas, hacían florecer la idea de volar en solitario en Tom Petty. Ese disco previo de Tom Petty and the Heartbreakers dejó una sensación agridulce en todo el mundo, siendo el propio artista el que indicaba que se había hecho “apresuradamente”. Empezaba a calar la idea de que quizá podía tocar a su fin aquella aventura que significaba ser una estrella de rock.

Tom Petty Saturday Night Live

Ningún disco de Tom Petty sin problemas… Mike Campbell contra Stan Lynch: fight!

Volvamos a Campbell y Lynch. En los meses de septiembre y octubre de 1987 Tom Petty and the Heartbreakers estaban inmersos en una gira como banda soporte de Bob Dylan. Ya lo habían hecho en el pasado y aquella sería la última ocasión. Terminó de manera célebre. El 5 de octubre dieron un concierto en Locarno, Suiza, y después les esperaba un traslado a París para tocar en la capital francesa. Había dos opciones para viajar: el avión, opción que adoptó la gran mayoría de miembros de la gira, o el autobús, trayecto de 14 horas con todas las comodidades pero… eran 14 horas. La opción parecía obvia excepto para dos personas: Stan Lynch y Mike Campbell.

Tenían motivos muy diferentes. El guitarrista y mano derecha de Petty deseaba viajar con su mujer e hijos y aprovechar el poco tiempo que da una gira de rock para la vida familiar. Las familias no solían pasar demasiado tiempo en la caravana del grupo, pero a finales de los 80 y tras muchos años juntos, quizá demasiados, necesitaban alguna que otra libertad. ¿Y Stan Lynch? El batería por su parte quería correrse una fiesta que hiciera honor a la leyenda del rock and roll. Catorce horas en autobús no eran problema si incluías alcohol, sustancias y unas cuantas groupies deseosas de encerrarse con Lynch. El tipo iba a pegarse una orgía de campeonato. “Un festival de putas” en palabras del propio Mike Campbell. Arrea.

Alguien debía ceder porque era obvio que las niñas de Campbell no debían ver lo que Lynch estaba por hacer. Ninguno quería. Incluso se propuso el liberado autobús de las coristas para el viaje familiar. De hecho no es muy normal llevarte a la familia de gira rockera. Nunca lo ha sido. La discusión fue histórica, horrible para todo el mundo que tuvo que soportarla. Con ellos en la habitación estaba el propio Petty viendo como todo se iba de las manos. Se dijeron de todo, nada bonito y Campbell decidió que hasta ahí había llegado su paciencia con Lynch. Era, quizá, quien más le defendía ante un Petty que las había tenido de todos los colores con el batería. Algo se rompió para siempre en el seno de los Heartbreakers fundacionales.

Recapitulemos: disco con malas ventas y gira no muy exitosa, un grupo agrietado por las rencillas, un líder hastiado. Con estos antecedentes que Tom Petty quisiera explorar su carrera en solitario era lo más normal del mundo. Y sin aún saberlo volver así a tomar las riendas de su futuro.

Los primeros pasos de Tom Petty para Full Moon Fever

En aquellos años Tom Petty había extendido el ámbito de amistades en lo que a estrellas de la música se refería, sin olvidarnos de su amistad perenne con Stevie Nicks. De pronto se juntaba con iguales como George Harrison o Jeff Lynne. Precisamente con este último se sentaría Tom Petty a jugar con la guitarra un par de tardes y ahí nacería el germen de Full Moon Fever. Una sesión sin mucha historia de la que salieron un par de canciones, entre ellas un excelente tema como ‘Yer so Bad’. Las dudas de Petty con ella se las resolvía Lynne casi al instante. Había una conexión clara entre ambos tanto en lo musical como en lo personal. Se complementaban. Así que para el de Gainesville no fue difícil pedirle a su nuevo amigo si quería producir su nuevo disco.

Había productor. Había algunas canciones. Y había una nueva forma de trabajar. Hasta entonces Tom Petty and the Heartbreakers gastaban horas y horas repitiendo tomas en el estudio hasta conseguir que la canción sonase perfecta, sin ninguna fisura. Con Lynne aquello pasaba a mejor historia. No era hacer una grabación en directo, sino grabar diferentes cosas, añadir capas, superponer guitarras y, sobretodo, hacerlo todo sin mucho margen para pensar. Si algo no sale a la primera, si una idea se atasca, debían pasar a otra y ya se solucionaría lo anterior en otro momento. Crear de manera fresca, creer en ellos mismos, no reincidir hasta el cansancio en las mismas cuatro ideas. Una evolución interesante que se nota de cabo a rabo en el disco.

Full Moon Fever para Tom Petty podríamos decir que es el ‘Rubber Soul’ de The Beatles. Ese punto donde el artista empieza a jugar de verdad en el estudio, aprendiendo cosas nuevas y experimentando. Metidos ya en harina, necesitaban un lugar donde grabar y para esto Petty llamó a Mike Campbell, que disponía de algo parecido a un estudio en su garaje, entre bicicletas y motos. ¿Se reunían los Heartbreakers para el disco? Ni soñarlo. De hecho Tom Petty ni siquiera avisó al resto del grupo de que no contaba con ellos para la grabación. Se lo encontraron de repente y aunque algunos como Tench o Epstein colaborarían puntualmente, no sentó nada bien.

Se suponía que íbamos a hacer un disco de los Heartbreakers. Llamé al jefe de nuestro equipo (Petty) como una semana antes de cuando se suponía que íbamos a empezar, solo para peguntarle a qué hora teníamos que ir. Y solo me dijo “eh… ummmm…”. Se puso a balbucear y, al final, me dijo que estaban grabando un disco en solitario”. Palabras de un Benmont Tench al que aún se le nota algo dolido tras escucharle hablar de aquel momento. Las semejanzas con ‘Damn the Torpedoes’ eran ya notorias: un Tom Petty que necesitaba un cambio, retomar el poder de su carrera, unos Heartbreakers tocados…

Quizá por esto, quizá por su caída como estrella del rock and roll, en Full Moon Fever escuchamos a un Tom Petty quizá más melancólico de lo que hasta entonces había estado. Hay un halo de tristeza, de melancolía, en su voz, como puede apreciarse en la canción más conocida del disco: ‘Free Fallin’. La canción que le dio su segundo himno eterno tras ‘American Girl’, esa en la que le canta a una chica normal, sencilla, de su país. Esa que se siente perdida, que necesita escapar, que necesita una vida nueva. Esa que, en definitiva, era un poco Tom Petty a finales de los ochenta.

Full Moon Fever: Un álbum imperecedero

No hay nada como no tener nada que perder para crear buena música”, señalaba el propio Tom Petty sobre el proceso de creación y grabación de Full Moon Fever. Se nota en las canciones. Desatado, dejando atrás y olvidando lo que la gente sabía de él, saliendo de sí mismo para reencontrarse una vez más. La primera cara del disco es sencillamente magnífica, de hecho se convierte en una pequeña losa para una segunda que de ningún modo es mala. Cuenta con obras como ‘Yer So Bad’ o ‘Zombie Zoo’ que son muy buenas canciones. ¿Por qué sucede esto? Por cinco temas con nombre y apellidos: la propia ‘Free Fallin’’, ‘I Won’t Back Down’, ‘Love Is A Long Road’, ‘A Face In The Crowd’ y ‘Runnin’ Down A Dream’.

Tom Petty consiguió con esta primera cara de Full Moon Fever cinco canciones que formarían parte de su repertorio en directo durante años, tres de ellas hasta el final de su carrera. El single de lanzamiento de Full Moon Fever fue precisamente una ‘I Won’t Back Down’ en la que Tom Petty manda un aviso a quien quiera escucharle: no piensa rendirse, sigo aquí y voy a luchar por lo que es mío. Además George Harrison se encuentra ahí de fondo, poniéndole acompañamiento en la guitarra y coros a su amigo, quien durante la grabación de esta canción no tenía su garganta en el mejor momento debido a un resfriado. Si quieres seguir explorando la canción no te pierdas la excelente versión de Johnny Cash.

A lo largo del disco disfrutamos de una de las mejores voces que teníamos hasta el momento de un Tom Petty al que Jeff Lynne da todo el protagonismo. Situando guitarras por detrás, la voz del líder de la banda suena más clara, nítida y potente que nunca. Algo que se nota en esa cañera canción que es ‘Runnin’ Down A Dream’ y que cierra la primera cara del que era, es, el disco favorito de cuantos ha producido Jeff Lynne. Palabras mayores. Full Moon Fever fue un éxito total y absoluto de crítica y público, aupado por esa excelente canción que es ‘Free Fallin’’ que como decía se convirtió automáticamente en un himno estadounidense, disfrutándola incluso en escenas icónicas del cine de Hollywood como ‘Jerry Maguire’.

Mientras Tom Petty peleaba por grabar y lanzar el álbum contra su discográfica Stan Lynch, su batería, se dedicaba a decir por las calles de Los Angeles, a amigos y músicos conocidos, que lo que iba a ser Full Moon Fever era una basura.

Nominado a mejor álbum en los Grammy de 1990, el disco aún tuvo que soportar dificultades antes de su lanzamiento el 24 de abril de 1989. Los propios Heartbreakers torpedeaban el primer proyecto en solitario de Tom Petty. Stan Lynch –sí, de nuevo Stan Lynch-, se paseaba por Los Ángeles diciéndole a todo el que quisiera escucharle en el mundo de la música que había escuchado el disco que preparaba Petty y era una mierda. Simple y claro. A Howie Epstein no le gustaba ‘Free Fallin’’, demostrando que de visionario tenía poco. ¿Y la discográfica? Un chiste de mal gusto. Desde el día uno MCA rechazó Full Moon Fever el álbum en el que Tom Petty había puesto todo su cariño y empeño. Aquello no iba a ser lanzado de ninguna de las maneras. Por suerte para Petty la compañía cambió de jefes y pudo ver su proyecto relanzado aunque su relación con MCA quedaría tocada de muerte. Warner Bros había mostrado su interés en lanzar esas canciones y Tom Petty decidió que más pronto que tarde cambiaría de aires, un proceso que terminaría de realizarse con el lanzamiento del otro gran disco de su carrera: ‘Wildflowers’.

Como remate la discográfica montaría en cólera cuando Tom Petty fue a ‘Saturday Night Live’ y no promocionó el single que tocaba. Debían hacer ‘I Won’t Back Down’ -con Ringo Starr en su videoclip- pero la banda aún no se sentía cómodo con la canción, así que sin dudarlo Petty y los suyos ejecutaron ‘Runnin’ Down A Dream’ y ‘Free Fallin’’. Ni siquiera preguntó a su sello. De hecho cuando se enteró del cabreo en MCA el artista se puso al teléfono con esos jefes que tantas pegas le ponían. Al fin y al cabo Tom Petty y nadie más les había dado Full Moon Fever. En otras palabras: un disco cinco veces platino en Estados Unidos. Y eso es mucho dinero.