La historia del rock and roll va unida a varios nombres, algunos de los cuales le han acompañado siempre. Como el de The Rolling Stones, uno de esos grupos que siguen en la brecha habiendo llegado en la segunda oleada del rock, allá a principios de los sesenta. Fueron protagonistas de la British Invasion, vivieron la psicodelia y el verano del amor, el cambio en los gustos y la llegada de nuevos sonidos, la renovación musical de los 80 y, desde los 90, se encuentran inmersos en una eterna segunda juventud.

En este reportaje me dispongo a repasar la carrera de The Rolling Stones de principio a fin haciéndolo, eso sí, de manera un tanto superficial. Son 60 años de carrera, material suficiente para una enciclopedia. No tengo tanta ambición, pero en las siguientes líneas vas a disfrutar con algunos de los aspectos más importantes de la vida del grupo, de su obra y la de sus protagonistas. La de The Rolling Stones es una historia de rock and roll.

La historia de The Rolling Stones

El germen de la banda

Años antes de que se juntasen para tocar o incluso de que soñaran con hacerlo, Keith Richards y Mick Jagger se conocieron siendo compañeros de colegio en Dartford. Después de que Mick abandonase el barrio por traslado familiar, el destino les volvió a unir un 17 de octubre de 1961. Ese día se cruzaron en el andén 2 de la estación de Dartford. Les unió los discos de Muddy Waters y Chuck Berry que Jagger llevaba. Desde ese momento se volvieron inseparables y para 1962 llamaron el interés de Alexis Korner, de la Alexis Korner’s Blues Incorporated, llamando su atención. Ahí conocieron a Brian Jones, Ian Stewart y Charlie Watts.

Los inicios no fueron sencillos, como los de cualquier banda novata. El nombre The Rolling Stones surgió de casualidad, cuando en una llamada telefónica con una revista Brian Jones fue preguntado por el nombre del grupo y lo primero que vio fue un vinilo de Muddy Waters en el suelo, con la canción ‘Rollin’ Stone’ en él. El cambio de suerte del grupo llegó con la aparición de Andrew Loog Oldham como mánager de The Rolling Stones. Se fiaron de él, le hicieron caso y les llevó a la fama. La calidad la tenían, el saber hacer, las voces, el tacto… necesitaban de un guía y ese fue Oldham.

En estos primeros tiempos los Stones dedicaban su música a versiones de artistas negros norteamericanos de la década previa. El blues y un rock con toques blueseros marcaban su sonido. Había nombre, había mimbres y había grupo. La imagen que Oldham les dio fue la apuesta a The Beatles: The Rolling Stones serían los chicos malos del rock. Faltaba el logo, que aún tardaría en llegar… y las canciones.

Los primeros discos, las primeras canciones

Su primer single fue una versión de Chuck Berry llamada ‘Come On’. No te molestes, es una canción en la que apenas asoman rasgos de lo que después conoceríamos. Tan floja resulta que el grupo se negó a tocarla en directo y Decca, su discográfica, solo puso un anuncio para promocionarlo. Aún así el trabajo de Oldham se notaba y unos fans bien dirigidos pusieron el single en las listas de éxitos. Número 21. Para una floja canción era un buen comienzo. Curiosamente uno de los primeros saltos cualitativos y donde empieza a verse su calidad es en una canción que les ceden The Beatles: ‘I Wanna Be Your Man’. Las diferencias entre ambas versiones, eso sí, son notorias.

En estos primeros años Andrew Loog Oldham se desesperaba ante la nula capacidad compositiva de The Rolling Stones. Por ello les apretó hasta convencer a Richards y Jagger de que debían componer para así ganar más dinero. Tú dile a Mick Jagger cómo ganar más dinero y lo tienes en la mano. Con ‘Not Fade Away’, versión de Buddy Holly, llegaron al número 3. Eran un realidad y dos versiones les dieron sus primeros números uno: ‘It’s All Over Now’ (Bobby y Shirley Womack), ‘Little Red Rooster’ (Willie Dixon).

Entre tanto iban lanzando discos, repletos de, sí, versiones, y con alguna original de Richards y Jagger. El salto llegó en 1965 con tres números 1 de cosecha propia. Comenzó la racha ‘The Last Time’, una adaptación de una canción gospel, un tema genial; y el trío lo cerró ‘Get Off Of My Cloud’, un blues rock con alma de baile que engancha desde la batería. Algo que pasa en el otro éxito de ese año y que es también una de las canciones más reconocidas de The Rolling Stones y del rock: ‘Satisfaction’.

Las bases estaban sentadas y ya eran los nuevos chicos de moda, tocaba volar más alto.

La relación entre The Rolling Stones y The Beatles

Las rivalidades del deporte palidecen al lado de la que vivieron The Beatles y The Rolling Stones en los años sesenta. Dos bandas inglesas dominaban el mercado anglosajón. Grupos que dividían al público, a los fans, y a la crítica. Algo que supo explotar a la perfección Andrew Loog Oldham, al dejar claro desde el principio que sus chicos eran todo lo contrario a The Beatles: The Rolling Stones eran gamberros, eran peligrosos, y sus pintas lo decían todo. Los de Liverpool apostaban por el clásico estilo británico en la línea de Cliff Richard, con todo el grupo en conjunto con esos trajes perfectos e impolutos. Los Stones, en cambio, no hacían nada de eso. Cada uno vestía a su aire, los pelos los llevaban como querían, si podía ser lo más transgresor posible para la época.

Si The Beatles eran los yernos perfectos, no querías a un Rolling Stone cerca de tu hija. Así de simple. Sin embargo la realidad nos dice que estos dos grupos se llevaban fenomenal. Ambos compartían unos intereses similares, sino idénticos, por la música negra americana. Habían mamado lo mismo. The Beatles les dio uno de sus primeros éxitos a The Rolling Stones. Y no dudaban en compartir fiestas y sobre todo ideas, colaboraciones, propuestas y consejos. Al fin y al cabo eran unos chavales jóvenes viviendo algo para lo que no les habían preparado.

Así que sí: la mala relación entre los dos grupos era todo una cuestión de prensa e imagen.

Los chicos de oro

El éxito internacional de ‘Satisfaction’ elevó a The Rolling Stones a los altares. Las giras estadounidenses eran más frecuentes y empezaban a poder hacer lo que querían. El primer disco lanzado con temas exclusivamente propios fue ‘Aftermath’ e incluía himnos clásicos de la banda como ‘Paint It Black’, ‘Mother’s Little Helper’ o ‘Under My Thumb’. En este álbum Brian Jones comenzaba a explorar nuevos instrumentos como el sitar, el dulcémele o la marimba. The Rolling Stones se unían así a otros grupos como los mismos The Beatles o The Beach Boys que exploraban nuevos horizontes en su música. Cuidado, llegaba la psicodelia y esto no sentaría bien a los Stones.

Claro que eso ellos no lo sabían. Mientras tanto en Estados Unidos sus conciertos se vendían solos, llenazo tras llenazo, y la policía debía acudir casi a cada bolo para evitar altercados. Necesitaban controlar a la juventud, que de aquella para la pacata América eran unos rebeldes sin causa. Todo esto iba genial con esa imagen de chicos malos del rock que tenían The Rolling Stones. A ‘Aftermath’ le seguiría ‘Between the Buttons’, disco que en su versión estadounidense incluiría el single de doble cara A formado por ‘Let’s Spend The Night Together’ y ‘Ruby Tuesday’. Otros dos clásicos a sumar.

The Rolling Stones, sus inicios con las drogas y la redada de Redlands

Esa imagen de chicos malos les convertía en una diana perfecta de los medios de comunicación y la opinión pública. La maquinaria se puso en funcionamiento y desde principios de 1967 el bombardeo fue constante, con informaciones que hablaban de su consumo de drogas. En aquellos años las drogas eran un común de la industria musical, al menos la británica. Las informaciones, no solo sobre los Stones sino también de otros músicos, escandalizaban a una sociedad que desconocía todo esto.

Lo gordo llegaría un 12 de febrero de 1967. Ese día la policía del condado de Sussex se dirige a Redlands, la casa de Keith Richards en la zona. A una hora y media en coche de Londres, más o menos. Redada en Redlands, bien podría ser el título de una novela negra. Allí se organizó una fiesta entre unos pocos amigos, entre los que estaban Mick Jagger, Keith Richards y Marianne Faithfull. Durante un rato de la tarde aparecieron George Harrison y Pattie Boyd. Jagger probaría el LSD por primera vez. También la sensación de tener 18 policías vigilando sus movimientos. Cuando la policía educadamente llama y entra en la casa el subidón del viaje aún les duraba. Risitas continuas. Había restos de lo consumido. Suficiente para que nadie se fuese detenido pero sí les cayesen unos cuantos cargos.

La prensa se les echó encima y ellos huyeron a Marruecos. Bueno, huir, huir… se fueron de vacaciones para descansar y alejarse de los focos. Jagger, Richards, Jones y sus parejas. Richards empezaría su relación con Anita Pallenberg, la novia de Brian Jones. Después Mick Jagger y Keith Richards tuvieron que pasar por los juzgados de Chichester -el mismo día que Brian Jones sufría una redada en casa-, pasaron por la cárcel de Lewes y finalmente recibieron una pequeña multa y sentencias de tres meses (Jagger) y un año de prisión (Richards). Serían liberados bajo fianza.

Este hecho inició una década en la que The Rolling Stones y especialmente Jagger y Richards serían perseguidos por la justicia. Con insistencia. Además, las drogas les serían asociadas de por vida, especialmente en un Keith Richards que no mucho después empezaría su personal baile con la heroína. La imagen de chicos malos sería ya de por vida.

La psicodelia y el fracaso de ‘Their Satanic Majestic Request’

Las drogas, la exploración musical, los nuevos movimientos culturales y sociales… sea lo que fuere la psicodelia había llegado a los sesenta y The Rolling Stones se subieron a ella. Un error. Publicaron el disco ‘Their Satanic Majestic Request‘ y fue un éxito de ventas, pero la crítica y las sensaciones posteriores -y con el paso del tiempo- no resultaron positivas. Ni siquiera dentro del grupo se sintió como un disco cien por cien convincente.

Para la crítica y el público intentaron subirse a la ola de lo que The Beatles hicieron con ‘Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band’, hasta tal punto de que la portada parece una copia barata. De cinta de gasolinera. ‘She’s A Rainbow’ es sin duda la gran canción del álbum. Hasta en un mal momento les dio para sacar un clásico de todo esto, pero el resultado es irregular, por no decir pobre. Como quiera que al grupo no le convenció nada el paso dado en la psicodelia, rápidamente dejaron todo eso atrás y siguieron a lo suyo. Si el planeta quería hacer psicodelia, bien, pero con ellos que no contasen. Volvían al blues rock.

La muerte de Brian Jones

Un momento clave del grupo llegaba. El que se sentía miembro fundador del mismo, Brian Jones, fallecería el 3 de julio de 1969. The Rolling Stones ya miraban adelante y habían lanzado el magnífico ‘Beggars Banquet’ para delicia de sus fans. Las excelentes ‘Sympathy for the Devil’ y ‘Street Fighting Man’ abrían cada cara del disco. Un producto redondo. El último en el que participó Jones de manera realmente activa.

Su actitud con el grupo había cambiado. Parecía harto, cansado, quería probar cosas diferentes. The Rolling Stones no le llenaba a Brian Jones. Su escasa implicación y su creciente y peligrosa relación con las drogas llevaron al grupo a despedirle. No podían contar con él cuando tocaba trabajar. Apenas un mes después de esto fallecía en extrañas circunstancias, un 3 de julio de 1969 del que te contamos todos los detalles aquí.

Altamont: el más desgraciado concierto de The Rolling Stones

“Let it Bleed”

Aunque hemos llegado al punto clave en lo musical de la carrera de The Rolling Stones, la siguiente parada en este viaje cuasi cronológico nos lleva a Altamont. En un intento de emular el éxito de Woodstock, ahora en la costa Oeste, los Stones lideraban un cartel con nombres como Grateful Dead, Jefferon Airplane o Crosby, Stills, Nash & Young. Pero si algo había dejado entrever Woodstock fue que el verano del amor llegaba a su fin. El evento de Altamont no estaba bien organizado y como remate la seguridad quedó al cargo de los ‘Ángeles del Infierno’, una banda de moteros que de pacíficos tenían poco. No solo fueron violentos con el público -huelga decir que entre el público también hubo peleas-, sino que se liaron a mamporros hasta con los artistas. Tal es el caso de Marty Balin de Jefferson Airplane o el propio Mick Jagger.

Claro que como la organización resultó tan nefasta, sin su presencia delante del escenario es bastante probable que aquello hubiera terminado con peores consecuencias en forma de avalancha. El caso es que Grateful Dead se negaron a subir al escenario, notando un empeoramiento en el ambiente, y The Rolling Stones, quizá ajenos a todos, tiraron adelante con el cierre del evento. Meredith Hunter, un asistente drogado, intentó subir al escenario. Le frenaron los ‘Ángeles del Infierno’ a base de medicina física. Lo volvió a intentar, sacando un arma de fuego y una vez los encargados de la seguridad vieron esto le apuñalaron, falleciendo en el acto.

Los Stones pararon el concierto, pensando que simplemente había alguien herido, uno más de entre todas las peleas que intuían desde el escenario. Ahí arriba no se ve nada, créeme. Siguieron tocando, terminaron el concierto y adiós muy buenas… hasta que se enteraron de todo y el hecho llegó a los medios. Su imagen de chicos malos quedaba muy, muy tocada.

La Santísima ‘Cuatrinidad’ de los Stones.

En estos saltos temporales volvemos a ‘Beggars Banquet’, el disco que inicia los años de oro de The Rolling Stones. Desde 1968 hasta 1972 lanzaron cuatro discos, todos excelentes. Unos fans adoran más uno que otro, pero es innegable que esta es la mejor época musical de los Stones. El segundo disco de la racha fue el magnífico ‘Let It Bleed’, con canciones como la homónima, ‘Gimme Shelter’, ‘Midnight Rambler’, ‘You Got The Silver’ o ‘You Can’t Always Get What You Want’. Siguen sumando clásicos, año tras año.

Después llegaría ‘Sticky Fingers’, disco que además trajo la icónica imagen con la que asociamos a The Rolling Stones: la lengua roja. Este álbum trae temas como ‘Brown Sugar’, ‘Wild Horses’, ‘Can’t You Hear Me Knocking’, ‘Bitch’, ‘Dead Flowers’ o ‘Moonlight Mile’. Rozaban la perfección, una que les llegaría con el último y cuarto disco de esto que hemos venido a llamar la Santísima ‘Cuatrinidad’ de los Stones.

En esta época tenían problemas de todo tipo. A los legales ya conocidos por las drogas y el de imagen por el concierto de Altamont, se les unían los económicos. El grupo tenía problemas fiscales y les recomendaron huir del país. Llevaban siete años sin pagar impuestos, sin saberlo. Se repartieron por el sur de Francia y usando el hogar en alquiler de Keith Richards, Villa Nellcôte, grabaron el brillante ‘Exile On Main Street’, en un ambiente lisérgico donde las drogas campaban a sus anchas, así como la creatividad disfrutaba de su punto álgido a la par que la productividad y los horarios vivían sus horas negras. Te hablamos del disco a fondo en este podcast.

Ronnie Wood

Tras la muerte de Brian Jones había un hueco que completar, ahora de manera definitiva. Primero fue Mick Taylor, excelente guitarra. Participó en toda la época dorada del grupo y aportó cosas increíbles. Sin embargo algo no casaba entre ambas partes y él, cansado de ser tratado como un niño que les echaba un cable, decidió dejar el grupo. Dejar los Rolling Stones, sí, algo que después solo haría Bill Wyman. A mediados de los 70 el puesto volvía a estar vacante.

Muchos guitarras probaron para entrar en la banda, algunos sin siquiera ser conscientes de que estaban en una audición como Rory Gallagher o Jeff Beck, otros siendo conscientes como Wayne Perkins o Peter Frampton. Uno que dejó una anécdota curiosa fue Steve Marriott, como te contábamos aquí. El líder de Small Faces y Humble Pie estaba en un rinconcito tocando la guitarra, consciente de que estaba ante una oportunidad de oro y no debía cagarla. Nada de ponerse al micrófono. Hasta que Keith Richards empezó a jugar con la guitarra, Marriott no supo controlarse, desató su voz y Jagger le vetó. Así llegaron a Ronnie Wood, quien curiosamente había formado parte de los Faces, el grupo que siguió a los Small Faces. Con este había más feeling, especialmente en lo que a Richards respectaba, y el puesto fue suyo sin dudar.

Época de cambios y trabajos en solitario

Desde 1973 o 1974 la popularidad de los Stones, así como de otros grupos de los sesenta, va en decadencia. Los nuevos estilos musicales se imponen y los jóvenes apuestan por nuevos artistas y géneros, como fueron el punk o la música disco. Aún con esto los conciertos seguían funcionando bien. Sin embargo era notorio y claro que ya no gozaban del interés general. En ese ambiente The Rolling Stones supieron responder con ‘Some Girls’, disco lanzado en 1978 que incluía joyas como ‘Miss You’, ‘Beast of Burden’ o ‘Shattered’.

Los inicios de los 80 abrieron grietas en el grupo. Un Keith Richards limpio de la heroína decidió volver a coliderar una banda en la que Mick Jagger hacía y deshacía a su antojo. Esto no gustó al cantante y los Glimmer Twins vivieron su época más complicada y extraña. Jagger no quería salir de gira, ni siquiera para promocionar ‘Emotional Rescue’. De hecho Mick decidió dar más cancha a su carrera en solitario, para desgracia de un Richards que entiende la vida del músico dentro de un todo, de un grupo. Puede decirse que ‘Dirty Work’ fue compuesto y producido por Richards en solitario ante la ausencia de Jagger.

La segunda mitad de los ochenta fue, para Keith Richards, la Tercera Guerra Mundial. Su relación con Mick Jagger, con sus idas y venidas, lo era todo para el grupo y aquí pasaron por el momento más bajo. Sin embargo supieron reconducir el asunto y unieron a la banda para una última fiesta.

El regreso de The Rolling Stones: una banda girando por el mundo

Esa fiesta dura ya más de tres décadas. Desde que en 1989 se embarcasen en el mastodóntico proyecto de la gira ‘Steel Wheels’, el grupo ha tenido las ideas muy claras. No les hace falta grabar, lo que la gente quiere a estas alturas es verles encima de un escenario. Y como parece que van a morir con las botas puestas, llevamos tres décadas disfrutando de ellos a lo largo y alto del globo. Eso sí, sin un Bill Wyman que se bajó de la caravana a principios de los noventa, en un movimiento que sorprendió a propios y extraños.

Desde entonces The Rolling Stones parecen vivir una gira continua, incluso aunque pasen varios años sin salir al escenario. Sus producciones visuales y físicas son enormes, preciosas, miden cada detalle al límite para que la experiencia sea un disfrute para su público. Incluso llegaron a tocar en La Havana, en un concierto histórico en todos los aspectos. Sí, han seguido sacando discos, incluso algunas buenas obras -algo nada sencillo cuando tu carrera supera las cinco décadas-, pero llegados a este punto… ¿qué más nos da? The Rolling Stones son historia viva del rock y más nos vale disfrutarlo.