Un 4 de enero de 1967 The Doors lanzaban al mercado su homónimo primer disco. Convertido desde su salida en uno de los álbumes claves de la historia del rock, definitorio en el sonido de una época, los sesenta, e influencia de tantos y tantos artistas desde entonces. El rock psicodélico no podría entenderse completamente sin este excelente disco. Clave, también, en el movimiento hippie y la contracultura de aquella apasionante década que fue la de los sesenta. La Rolling Stone lo puso en el número 42 en su lista de los 500 mejores discos de la historia.

The Doors es sin duda una de las mejores obras de debut de una banda en el rock and roll. Un disco que hizo inmortal al grupo californiano. Grabado en apenas seis días, Ray Manzarek aseguraba que sonaba tal y como sonaban The Doors en directo por aquellos días. Un directo llevado al estudio, con pequeños arreglos. Una gran fusión de estilos, con el rock y el blues a la cabeza. Un disco oscuro, casi subterráneo, de once canciones breves excepto dos, donde dejaron llevar su creatividad al extremo. The Doors no dejaron de hacer grandes discos, pero este fue el que sin duda definió su sonido y su trayectoria. Lo repasamos en cinco de sus canciones más emblemáticas.

Break On Through (To The Other Side)

El álbum arranca con este enérgico tema. Una de las mejores del disco. Pura carga emocional y adrenalítica desde los golpes de batería que abren el tema. Empezamos a conocer las marcas de la casa de la banda, unos riffs de guitarra potentes a cargo de Robby Krieger, el órgano acelerado y casi orgásmico de Ray Manzarek, así como la batería de John Densmore que une todo, dejándose guiar por el resto de la banda para ser el empaste perfecto.

Y sí, la enorme presencia por encima de todas las cosas de la voz de Jim Morrison. Sensual, adictiva, por momentos un rugido, en otros una caricia oscura. Break On Through tenía los mimbres perfectos para ser un excelente single de debut, pero la banda no conocería el éxito hasta que Light My Fire se hizo un nombre en las listas de ventas.

The Crystal Ship

El disco continúa con Soul Kitchen, que rebaja un poco la energía que nos ha metido en el cuerpo Break On Through. The Doors aquí se deja guiar por completo por la voz de Morrison, el resto de instrumentos bailan a su son, casi hipnótizados por la, valga la redundancia, hipnótica voz del Rey Lagarto. Y más de lo mismo ocurre con este tercer tema del álbum, que se va a un tiempo lento y tranquilo.

Morrison le canta a su primera novia, poco después de la ruptura, de una manera sutil, casi recitando. Los instrumentos envuelven su voz, le arropan y abrazan, en un viaje lisérgico, uno más de los que hay en el álbum. Morrison además da pie a la especulación con la línea “Before you slip into unconsciousness, I’d like to have another kiss”. ¿Habla de una sobredosis y/o drogas de manera descarada? ¿De la muerte? ¿Del final de la relación? Difícil adivinar, y por eso nos gusta más.

Alabama Song (Whisky Bar)

Haz una prueba. Ve a un bar rockero y pide este tema de The Doors mientras ventilas tu primera cerveza. No tardará en sonar. No sabemos porqué ocurre, pero así sucede. Algo tiene esta canción que engancha, enigmática como ella sola, dentro de esos psicodélicos riffs de guitarra y órgano que acompañan la canción. Quien no la conozca acabará moviéndose a su ritmo y quizá también cantando antes de terminar su primera escucha.

No es la mejor canción del álbum, pero diremos que ‘lo tiene’. De hecho y para sorpresa de muchos, Alabama Song (Whisky Bar) es una versión de una versión, por así decirlo. Primero escrita en forma de poema en alemán en 1925, acabaría siendo grabada en inglés poco después.

Light My Fire

Difícil definir la canción que marca el disco. Para unos será Break On Through, para otros The End, para otros Light My Fire. Lo que sí sabemos es que el éxito de Light My Fire como single marcó a la banda, que pasó a ser la nueva sensación de la música americana. Esta fue además la primera canción que compuso Robby Krieger, y vaya canción. Siete minutos de pura psicodelia que va in crescendo hasta el desgarro de la voz de Morrison. Sencillamente espectacular.

Esta fue una de las canciones que contó con presencia externa en el estudio. The Doors no tenían bajista en plantilla, esa labor en los directos quedaba en la mano izquierda de Ray Manzarek y su piano Fender. Para grabarla en estudio contaron con la ayuda de Larry Knechtel, miembro de esa superbanda de estudio que fue The Wrecking Crew. En Estados Unidos alcanzó el número uno de las listas, marcando el destino de la banda. Después llegaría el show de Ed Sullivan, una línea –‘girl, we couldn’t get much higher’– que parecía mencionar a las drogas y la prohibición de volver al show por siempre.

The End

Hay formas y formas de terminar un álbum. Una de ellas es con una canción de título The End. Otra es con un tema de ese título y además, esta calidad. Y lo rematamos con once minutos de duración, la más larga de un disco formado por temas cortos, de entre dos minutos y medio y tres minutos y medio, con las excepciones de The End y los siete minutos de Light My Fire. The Doors sabía cuando la ocasión merecía estirarse.

Grabada en puro directo, en apenas dos intentos, la letra de la canción significa algo diferente para cada persona que la escucha. La llegada de la muerte, el adiós a un amigo o pareja, la ruptura con alguna etapa de la vida, o con las cosas que han intentado definirnos, marcarnos como ganado, y no nos permiten ser nosotros mismos. Cualquiera de ellas parece tan válida. Eso es la música, sensaciones, sentimientos.

Nos dejamos otros grandes temas en el tintero: Soul Kitchen, Twentieth Century Fox, Back Door Man… Por eso dinos, ¿cuál es tu canción favorita del álbum y por qué?