Steve Marriott fue una leyenda viva del rock. Sí, ya en vida era visto como un mito, como, eso, una leyenda rockera que parecía haber pasado al olvido. Respetado por su trabajo pero sin nada nuevo que ofrecer al público. A sus fans. En los sesenta y principios de los 70 fueron muchos. Sin embargo, con la muerte de Steve Marriott muchos se sorprenderían de que aún estuviera vivo. Su vida había sido caótica y no había hecho ascos a diferentes adicciones, pero dicha sorpresa llegaba por el hecho de que la última década con vida de Marriott había pasado sin pena ni gloria. En el ostracismo. Del todo a la nada en 25 años.

Steve Marriott nació un 30 de enero de 1947 en Londres, en una de esas muchas partes de la ciudad que los turistas no conocemos. Marriott fue un trasto desde pequeño, creándole problemas a sus padres desde el colegio o su día a día en casa. Parecía hecho para el show business. El espectáculo era lo suyo, aunque fuese ante sus compañeros de clase. Quizá por eso con 13 años protagonizaba programas televisivos u obras de teatro. Sin embargo lo de ser actor no le llamaba. Para sus padres esto supuso un motivo de amargura. Cuando por fin parecían calmar al acelerado trasto que Marriott llevaba dentro, resulta que este no es feliz y no quiere saber nada de actuar. Incluso había sido aceptado en una escuela de interpretación que, ante su potencial, decidió no cobrarle nada por su estancia en ella. En vano.

Lo suyo era la música. Lo suyo era imitar a Buddy Holly, su héroe durante tantos y tantos años. Consumía todo vinilo siempre y cuando este incluyera música proveniente de los Estados Unidos de América. Despreciaba a grupos como The Beatles, a quienes veía como una especie de boyband. Aunque algo les reconocía: hacían lo que el soñaba, vivir de la música. De su música. Por eso pronto empezó a montar bandas, ya con 12 años debutaba en un escenario. No se cansaría hasta formar la que sería definitiva: Small Faces. Una de las grandes bandas de los sesenta. Todo arrancaría tras abandonar el sueño -de sus padres- de ser actor. Entró a trabajar en una tienda de música y así conoció a Ronnie Lane. Pronto se hicieron amigos y la conexión musical hizo el resto.

Small Faces y Humble Pie

La primera piedra de Small Faces estaba puesta. Después llegarían Ian McLagan y Kenney Jones. Con el grupo formado era cuestión de tiempo para que el éxito les besase los pies. Buenas canciones, buenos discos, pero una historia breve. Demasiado. Quizá por eso mismo parecen estar en un escalón por debajo de otras bandas como The Who o The Kinks. Injusticia. Toda la carrera de los Small Faces puedes leerla aquí. No insistiré demasiado, excepto en los aspectos que marcarían el resto de la vida de Steve Marriott. Las prisas, el improviso, lo inesperado y aleatorio. Pronto se hartó del grupo. Quería explorar otros sonidos y cuando lograban esto en el estudio, resultaba que no eran capaces de reproducir esas canciones en el escenario. Frustrado, en una noche de fin de año, en medio de un concierto en París, mandó todo a la mierda. Ahí. De repente. Dejando tirados a sus compañeros.

El resto formarían Faces con Rod Stewart y Ronnie Wood. Como sería Steve Marriott como frontman que para sustituirle sus compañeros necesitaron de dos grandes artistas como Wood y Stewart. No hablamos de dos cualesquiera. Y es que Steve Marriott era un buen guitarrista pero principalmente una de las mejores voces que nos ha dejado el rock y la música. Brillante, capaz de llevar a cabo muchos registros, de atreverse con cualquier bluesman que se precie o con la mismísima Tina Turner. Y salir de todas esas victorioso. Robert Plant cogió demasiados apuntes de su estilo. Desde ‘Tin Soldier’ a ‘Afterglow of your love’ o ‘Watcha wanna do about it’, la voz de Steve Marriott era el instrumento que elevaba a maestría las brillantes canciones de Small Faces.

Steve Marriott

Después de los Small Faces llegarían Humble Pie, con Peter Frampton a su lado. Una de las guitarras más afiladas del rock. Más historia. Del pop rock y la psicodelia al puro hard rock que se imponía en aquellos años. Sin embargo no tuvieron el éxito que esperaban. Sí, eran importantes y sí, eran exitosos, pero no al nivel de otros como los mencionados The Who o The Rolling Stones. Y el impetuoso carácter de Steve Marriott no ayudaba. Solo escuchar ‘30 days in the hole‘ ayuda a entender la magnitud del sonido de los Humble Pie. Además había un aspecto del negocio de la música que a Marriott se le había metido dentro: le robaban. Y mucho.

Con Small Faces su manager fue Don Arden, quien robó todo el dinero que pudo al grupo. Estos, con varios éxitos y números 1 a ambos lados del Atlántico, no recibían todo el dinero que esperaban. Cuando echaron cuentas, mandaron todo a la mierda y con razón. En su tiempo con Humble Pie le ocurriría lo mismo, en este caso con Dee Anthony, manager que a la postre tenía relaciones con la mafia. Cuando Marriott intentó cobrar lo que le pertenecía, un tal John Gotti le ‘animó’ a que no lo hiciera. Hundido, se olvidó de Humble Pie y de todo. Intentó reformar Small Faces en un par de ocasiones, sin éxito. Al menos la segunda de esas ocasiones lo hizo por ayudar a su amigo del alma, un Ronnie Lane que ya sufría de la esclerosis múltiple que le llevaría a la tumba.

La muerte de Steve Marriott

Que Peter Frampton se hiciera millonario con su disco en solitario no ayudó a calmar el odio que Steve Marriott sentía por la industria de la música. En los 80 boicoteó todo intento de volver al estrellato. Acabó sus días tocando en pubs o escenarios pequeños, siempre con el pago del concierto por adelantado. En caso contrario él no salía al escenario. No se fiaba de nadie, ni siquiera de cada una de sus mujeres. Tres tuvo y con todas terminó mal, en ocasiones por su complicado carácter, tan pronto de buen humor como insoportable, como por sus problemas con las drogas y el alcohol. En los setenta incluso tuvo la oportunidad de entrar en The Rolling Stones.

Cuando Mick Taylor dejó la banda, Keith Richards propuso a Steve Marriott como guitarra. Le hicieron una audición y todo parecía ir bien. Marriott se mantenía en un segundo plano, tocando la guitarra brillantemente. Ya había demostrado su nivel a las seis cuerdas con Small Faces y Humble Pie. No cantaba. Sabía que si lo hacía Mick Jagger vetaría su presencia en el grupo. Hasta que no pudo evitarlo. Cuando Richards empezó a jugar con su guitarra, Marriott se lanzó al micrófono con todo y su futuro como posible millonario quedó enterrado. Jagger dijo no y ni siquiera el consenso del resto del grupo le hizo cambiar de opinión. No le culpo.

Steve Marriott terminó sus días en el olvido. Entre pubs y escenarios de mala monta, Peter Frampton decidió ayudar a su amigo. Era la enésima muestra de ayuda por parte de un rockero. Hablaron de reunir a Humble Pie. Seguramente no tendrían el mismo éxito, pero podrían vivir dignamente, especialmente un Marriott que merecía algo más de lo que tenía. Todo parecía ir bien, sin embargo a las pocas horas de reunirse Steve Marriott mandó todo a la mierda y se volvió a Inglaterra. Apenas unas horas después de volver, tras beberse todo lo que tenía por casa, se encendió un cigarro y se tumbó. Se quedó dormido y el incendio provocado por aquel cigarro acabaría con la vida de una estrella de rock como pocas. Uno de los mejores frontmans de la historia del rock. Una de esas voces que no tiene que envidiar a nadie de esas listas con los mejores cantantes de la historia. Steve Marriott, un tipo único e irrepetible.