John Lennon y el resto de miembros de The Beatles daban una serie de entrevistas individuales en febrero de 1966. Nada hacía presagiar la tormenta que llegaría después. Una de las mayores polémicas del grupo estaba por llegar. El ‘somos más famosos que Jesús’ de John Lennon haría temblar los cimientos de The Beatles en Estados Unidos y algunas otras partes del globo. Malentendidos, nervios, miedos, violencia, amenazas, todo eso y más sería el día a día del grupo y del artista de Liverpool en los meses venideros. Pero vayamos paso a paso.

El 4 de marzo de 1966 el periódico Evening Standard publicaba una de esas entrevistas. En este día el protagonista era John Lennon. Bajo el título ‘Cómo vive un Beatle: así vive…’ la periodista Maureen Cleave intentaba escarbar más allá de las declaraciones típicas que venían dando The Beatles desde hacía cuatro años. Graciosos, chisposos y divertidos, era el momento de que el mundo les conociera en profundidad y vieran el cambio que se producía en ellos, el mismo que en la sociedad y el resto de jóvenes, más críticos con lo que les rodeaba. Cleave era, además, buena amiga de los cuatro Beatles y estaba lejos de pretender o buscar la polémica con aquel trabajo. Les preguntó en profundidad sobre qué les motivaba, que les hacía vivir, o, directamente, cuestiones más banales sobre cómo afrontaban el día a día.

En aquella época Lennon, quizá el Beatle más reflexivo y crítico con la sociedad en la que vivía, leía mucho sobre religión. La lectura era su manera de ampliar conocimiento, de cultivarse. Otros autores que Lennon mencionaba en la entrevista eran Oscar Wilde, George Orwell o Aldous Huxley. Entre confidencias y bromas, con la clásica sátira del artista, John Lennon terminaría por hablar del cristianismo y la religión en profundidad, expresando con claridad y nitidez que The Beatles ‘somos más famosos y populares que Jesucristo’. Esta frase hoy no pasaría de una polémica un tanto light, con los cuatro altavoces de la ultraderecha y el cristianismo radical soliviantados por ello y usando las redes sociales intentando encontrar un altavoz y gente que les haga casito.

El cristianismo se irá. Desaparecerá y minimizará su influencia. No necesito discutir sobe eso, tengo razón y voy a tener razón. Nosotros somos ahora más famosos que Jesús, no sé qué se irá primero, si el rock and roll o el cristianismo. Jesucristo estaba bien pero sus discípulos eran ordinarios, son ellos los que lo arruinaron”

John Lennon a Maureen Cleave en Evening Standard

Podríamos pensar que esta frase fue motivo de polémica ipso facto, pero ni siquiera en el tradicional Reino Unido de 1966 vieron motivos para alterarse y llamar a filas. John Lennon con su ‘somos más famosos que Jesús’ solo expresaba lo que vivía tanto él como su país: el cristianismo y la religión pasaban –y pasan, seguramente- por un periodo de crisis, especialmente en lo que asistencia a iglesias se refiere. En aquellos mediados de los sesenta la propia Iglesia anglicana intentaba mejorar y modernizar su imagen para atraer gente joven. Eran conscientes de que habían perdido calado en la sociedad e incluso el Obispo de Woolwich había expresado esto públicamente. Por tanto la frase de Lennon pasó desapercibida en líneas generales. Los pequeños conatos de queja no fueron a mayores. De hecho en aquel país llegó a verse la crítica de Lennon como un ataque o reflexión normal ante la poca relevancia de la Iglesia británica. No pocos se reían de ella, como Peter Sellers, y no pasaba nada.

somos mas famosos que jesus john lennon

Los meses pasaron. The Beatles publicó Revolver, su mejor álbum hasta la fecha. El grupo estaba especialmente orgulloso del trabajo realizado y del sonido resultante. Querían promocionarlo, querían compartirlo con el mundo y que la gente disfrutase de su paso adelante en lo musical. Por ello Brian Epstein, su mánager, decidió organizar otra beneficiosa gira por Estados Unidos aunque The Beatles y John Lennon ya estaban cansados de este ritmo de trabajo. Los conciertos les dejaban un sabor cada vez más agrio que dulce porque no podían escucharse ante los gritos de las fans. Lo hacían porque eso era lo que se suponía que debían hacer, pero les faltaba convicción, apenas subían media hora al escenario y preferían pasar más tiempo en el estudio. La gira por Estados Unidos comenzaría un 12 de agosto en Chicago y duraría 17 días a lo largo y ancho del país, con un último concierto en el Candlestick Park de San Francisco. El circo estaba a punto de terminar.

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Brian Epstein y todo el equipo que trabajaba por y para The Beatles tenían entre ceja y ceja la firme convicción que debían evolucionar la visión que el público tenía de la banda. De ser un simple fenómeno de masas, un grupo pop que quizá pasaría al olvido más pronto que tarde, si querían perdurar en la eternidad debían mostrar algo más. Por ello vieron aquellas entrevistas a Maureen Cleave como una excelente oportunidad para que Lennon, McCartney, Harrison y Starr fuesen vistos con otros ojos. Mostraban inquietudes y intereses más allá de la música. De ahí su decepción cuando las declaraciones realizadas en marzo por The Beatles a Evening Standard pasaron sin pena ni gloria cuando fueron publicadas en Estados Unidos poco después de aquel 4 de marzo inicial. Newsweek, Detroit, un reportaje de cinco páginas de The New York Times Magazine, nada. Nadie vio nada raro, ni siquiera en esa frasecita en la que John Lennon aseguraba que ‘The Beatles somos más famosos que Jesús’.

¿Qué sucedió entonces? Que en esa insistencia del equipo de prensa de The Beatles por vender esa renovada imagen de los Fab Four llegaron a Datebook, una revista dedicada a la gente joven de la sociedad americana, con una clara mentalidad progresista para la época. Llegaba a plantear cuestiones como la legalización de la marihuana, o las relaciones interraciales. Sí, tal y como lo lees, pero míralo con los ojos de la aún más puritana sociedad estadounidense de 1966. Con Paul McCartney en portada, Datebook acogió de buen grado aquellas declaraciones y entrevistas, siendo incluidas en un número que añadía preguntas y reportajes sobre la guerra de Vietnam, las drogas, el sexo y, ojo, el pelo largo. Las cosas que les molaban a los jóvenes. El pelo largo. La principal declaración de The Beatles era del propio McCartney, que se llevaba todo el protagonismo al haber hablado en tono muy crítico de Estados Unidos y el gran racismo que se sufría –y sufre- en el país. La frase ‘somos más famosos que Jesús’ de John Lennon ni siquiera aparecía en portada.

Ninguno de The Beatles era un ferviente creyente o seguidor del cristianismo. En aquellas mismas entrevistas George Harrison también habló de la religión y el cristianismo en su entrevista, declarando que estos debían aceptar algo de debate en torno a sí mismos, amén de realizar una fuerte crítica al gobierno estadounidense por la guerra de Vietnam. La frase de John Lennon aparecía ligeramente cambiada para poder generar así más impacto: ‘No sé qué desaparecerá antes, el cristianismo o el rock and roll’. Datebook lo consiguió cuando decidió enviar la revista a emisoras de radio del sur de Estados Unidos, ese ‘cinturón de la Biblia’ donde el Ku Klux Klan aún contaba con un gran calado. La mecha se encendió rápido. Unos locutores de la WAQY, emisora de Alabama, afirmaron que no volverían a pinchar a The Beatles. Además pidieron a sus oyentes que mostrasen su parecer ante las declaraciones de Lennon, el cual fue claramente negativo. No se cortaron ni un pelo y alentaron las destrucciones y quemas de discos y productos de The Beatles, a lo que se sumaron otras emisoras de radio no solo del ‘cinturón de la Biblia’ sino de todo el país. La sensación reinante entre ese cristianismo ferviente era la de que The Beatles –no solo John Lennon- no podían irse de rositas ante tamaño sacrilegio.

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‘Somos más famosos que Jesús’ fue una frase considerada blasfema y tras ello John Lennon y The Beatles desaparecieron de numerosas emisoras y publicaciones estadounidenses. Además aprovecharon la coyuntura para meterse con aspectos completamente aleatorios y estúpidos de The Beatles como sus influencias negras o, de nuevo, ojo, el pelo largo. Dejando a un lado Estados Unidos, The Beatles fueron prohibidos en emisoras de corte nacional o religioso en diferentes países como Holanda, Sudáfrica o, sí, la España de Franco tan católica, apostólica y romana que no podía desaprovechar la oportunidad. El Vaticano llegó a responder a un John Lennon que no les había dado vela en este entierro, señalando que no se debía hablar alegremente de la religión, ni siquiera en este mundo de beatniks en el que vivían. Les faltó añadir melenudos, rojos y separatistas. No todo estaba perdido y John Lennon tuvo también defensas tanto en el Reino Unido como en unos Estados Unidos donde incluso una revista jesuita llegó a posicionarse de su lado, dándole la razón.

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Curiosamente las mismas voces británicas que en marzo callaron y no vieron nada normal, aprovecharon la situación para sumarse al carro y darle caña a Lennon. Con un Jerry Lee Lewis casado con su prima de 13 años hubo polémica pero no alcanzó el mismo nivel a ninguno de los dos lados del charco, al menos a nivel mediático. Con una gira por Estados Unidos pendiente, las amenazas de disturbios, violencia e incluso de asesinato de John Lennon o cualquiera del resto de los Beatles no tardaron en llegar. Estados Unidos, qué país. La gira estaba en entredicho y bailó sobre el alambre, con un Brian Epstein dispuesto a cancelarla si todo se salía de madre. Antes tocaba intentar salvarla. ¿Cómo? Pidiendo disculpas. Si todo debía arrancar un 12 de agosto, la semana previa Epstein acudía a Nueva York a realizar una rueda de prensa, mostrar su mejor cara y dejar claro que Lennon en ningún caso quiso faltar el respeto a nadie, menos a Jesús. ¿Funcionó esta estrategia? No.

Solo quedaba una bala: la disculpa del propio John Lennon por asegurar que The Beatles ‘somos más famosos que Jesús’. El problema radicaba en que en primer lugar Lennon no entendía por qué debía disculparse. No veía maldad en sus palabras, solo una manipulación y tergiversación de lo que había dicho. No quería hacerlo, aunque le entraron en razón. El 12 de agosto, en Chicago y ante todos los medios que pudieron presentarse, unos formales The Beatles –americanas oscuras, camisas lisas y claras, rostros serios- se disponían a dar el pistoletazo de salida a la gira con su primera rueda de prensa. En aquellos tiempos se tocaba y se hablaba ante los medios de cada ciudad. McCartney, Harrison y Starr quedaban en un segundo plano y se limitaban a mirar y apoyar física y moralmente a su amigo, un John Lennon que no esquivó ninguna pregunta. Hoy hubiera leído una declaración previamente escrita, pero Lennon decidió responder una a una todas las preguntas que le hacían. Antes había llorado en brazos de Epstein, temeroso de que les pudiera pasar algo a alguno de sus compañeros de grupo. Recompuesto, salió ante los medios de comunicación y atajó la polémica con la religión y Jesús desde el principio.

Supongo que si hubiera dicho que la televisión era más popular que Jesús, no hubiera habido problema. Siento haber abierto la boca. No soy anti Dios, ni anti Cristo, ni anti religión. No la estaba criticando. No dije que fuésemos más grandes o mejores. No creo en un señor mayor en el cielo, creo en que eso que la gente llama Dios es algo en todos nosotros. Si queréis que me disculpe, si eso os va a hacer felices, entonces bien, lo siento.

La disculpa de John Lennon ante los periodistas

Esta respuesta sirvió para enfriar los caldeados ánimos, al menos en lo que a prensa se refiere. L’Osservatore Romano, periódico del Vaticano, señaló que la disculpa era suficiente y con él otros muchos medios que habían atacado a Lennon. Se cancelaron piras y hogueras de objetos y discos de The Beatles, pero sin embargo las amenazas individuales y del Ku Klux Klan no cesaron. Amenazas teléfonicas directas a los Fab Four, ante pantallas de televisión, un joven miembro de Ku Klux Klan señaló en televisión que eran una organización dispuesta a sembrar el terror y que encontrarían la manera de que The Beatles abandonasen la gira. En Memphis, uno de los lugares críticos de la gira, alguien lanzó una traca de petardos durante la actuación de los Liverpool, haciendo que equipo y el resto de miembros de The Beatles se girasen inmediatamente a mirar a John Lennon convencidos de que le había disparado y no estaría en pie. La situación de paranoia no cesó hasta la vuelta al Reino Unido.

Durante el resto de conferencias de prensa The Beatles no volvieron a tocar el tema de la religión o Jesús, sin embargo no cesaron sus críticas al sistema y sociedad norteamericano. Como a la guerra de Vietnam. Curiosamente Lennon en uno de sus viajes de LSD llegó a reunir a sus compañeros en el estudio solo para afirmarles que era Jesucristo resucitado. McCartney, Harrison y Starr, acostumbrados a estas cosas, ni se inmutaron, con Ringo Starr soltando un “genial, reunión concluida, vayamos a comer”. El único vencedor real en esta historia fue Datebook que consiguió vender más de un millón de copias del número de la revista, mucho, muchísimo para ellos. The Beatles tocaría en Candlestick Park aquel 29 de agosto, para no volver a una gira nunca más. Decidieron que habían tenido suficiente. Suficientes gritos, suficientes polémicas –Manila-, suficientes amenazas. Demasiado vivido en cuatro años, demasiado trabajo extenuante y sin parar. Era turno de meterse en el estudio, vivir, tranquilizarse y experimentar. Solo volverían a subirse al escenario de un techo londinense, para despedirse de su país y el mundo. Quién sabe si la gota que colmó el vaso fue de aquella frase de John Lennon diciendo ‘somos más famosos que Jesús’. Quién sabe si Mark Chapman, ferviente cristiano, empezó a guiar su destino y el asesinato de John Lennon desde entonces.