The Ramones were a dirty east coast version of The Beach Boys
Pauline Murray, Penetration

La década de los setenta fue una muy complicada para muchas ciudades en todo el mundo. Quizá las principales muestras de esto fueron Londres y Nueva York. En el caso de la Gran Manzana, el esplendor de los años anteriores dio paso a una lenta decadencia que comenzó a finales de los sesenta y se acrecentó por la crisis económica de principios de los setenta, hasta el punto de llegar a la bancarrota. La tasa de crimen se disparaba año a año y en un paseo por Times Square podía verse a chulos y prostitutas ofreciendo sus servicios. Los mendigos y la suciedad le daban a la ciudad una imagen muy diferente a la que ahora estamos acostumbrados a ver. En un panorama tan decadente los camellos vieron su oportunidad y dominaban las calles logrando que la droga se convirtiese en un habitante más de la ciudad, tan reconocible como lo era el Empire State Building o lo iban a ser una Torres Gemelas que en 1973 comenzarían su reinado en el skyline de Nueva York. Y si bajo este telón de caos uno espera encontrar poco más que destrucción, la realidad dejó muestras artísticas muy interesantes. En las calles de Nueva York se escondía una incipiente escena musical, que les devolvería a una vanguardia que perdieron cuando el folk que dominó la ciudad -y que supo retratar la decadencia de la ciudad en el American City Suite de Cashman & West– décadas atrás se vio superado por la pujanza del rock. La costa este tomó el relevo a lo largo de los sesenta, con la pujanza del rock y el surf primero y el movimiento hippie después. Esa nueva escena fue poco a poco calando entre un público ávido de nuevos sonidos y que vivía al día, buscando una nueva aventura cada noche. En esa Nueva York nacieron y maduraron los Ramones.

The Ramones

Tras la estela del rock garajero y sucio llegado desde Detroit a finales de los sesenta y con otros como los New York Dolls más cercanos y presentes, los Ramones lograron hacerse un nombre gracias a unas actuaciones cargadas de caos y velocidad, que se alejaban de los grandes grupos del momento. El glam, el heavy o el rock progresivo eran sonidos imposibles de imitar por unos Ramones que en lo que a virtuosismo sobre sus instrumentos se refiere estaban lejos de muchos. Sus referencias eran otras y ese protopunk que seguían de la mano de MC5, The Stooges, los Dolls o The Dictators fue rematado por los Ramones en su primer álbum en 1976. No se trataba de ser lo mejores, sino de tocar lo que sentían, sacando en ese primer disco toda una explosión llena del caos en el que vivían, y que aunque cumple años ni pierde vigencia ni se avejenta. Sacaron ‘Ramones’ cuando la escena punk apenas nacía y sin ser demasiado conscientes de ello lanzaron a todos los que vendrían después, gracias a ese clásico, a esas catorce canciones que terminarían por definir un género para siempre. En apenas 29 minutos devolvieron al rock a sus básicos, a sus instintos más primarios, y los aceleraron hasta el extremo. Como ocurriría durante toda su carrera dejaron las florituras a un lado y centraron sus esfuerzos en dos aspectos: un ritmo endiablado y unas letras que se clavan dentro en su primera escucha. Y si tanto el disco como su trayectoria dan buen ejemplo de ello, en el caso particular de ‘Ramones’ queda reflejado en sus primeras tres canciones, donde Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy hacen una potente descarga en tres clásicos. Abre el álbum Blitzkrieg Bop en lo que es toda una declaración de intenciones, tanto en ejecución como en nombre. En la música la guerra rápida es sinónimo de Ramones. Le siguen Beat on the Brat y Judy is a Punk para completar una carta de presentación perfecta. Tres himnos para la historia.

Desde sus inicios el cuarteto de Nueva York enseñó que no tenían ningún tipo de miedo o reparo en mostrar sus influencias. Porque no solo de los Stooges o los Dolls vivían los Ramones. Entre sus canciones se aprecia el gusto por la música surf y el garaje de los sesenta. También por el rock and roll más clásico, como se ve en la cover que hacen del Let’s Dance de Chris Montez, algo que repetirían en discos posteriores. En el cuarto corte del disco, la romántica I Wanna Be Your Boyfriend, Tommy Ramone acerca a la banda a las girl’s bands de la década anterior, a esas Ronettes, Shirelles o Marvelettes que tanto encandilaban a Joey. Y en su letra se muestra otra de las características del grupo. De nuevo nada de florituras, su intención es simple y llanamente llegar y enganchar a todo aquel que les de una oportunidad. El ‘I wanna be your boyfriend’ se repite machaconamente durante los dos minutos y 24 segundos que dura el tema, pero consigue su objetivo. Uno realmente cree que Joey quiere ser el novio de esa chica. Y nada más. Los Ramones escribieron en este álbum homónimo sobre ellos mismos, desde este mismo tema infantil o en las menos inocentes 53rd & 3rd y Now I Want to Sniff Some Glue. En la primera Dee Dee recuerda sus experiencias como chapero en sus años adolescentes, mientras que en la segunda evoca los días en los que siendo apenas un chaval esnifaba pegamento. Simple.

Aquella era una época en la que los padres seguían molestándose y enfadándose con sus hijos por la música que estos escuchaban. Y los Ramones fueron un soplo de aire fresco para muchos jóvenes que buscaban algo con lo que identificarse, cuatro tíos que se salían de lo convencional. Blanco y en botella. Esas letras, ruido y velocidad que les fascinaban a ellos eran demonizadas por sus padres, aún a pesar de verse en las canciones trazas de un rock inocente que décadas anteriores les había enamorado a ellos. Con los Ramones se acrecentaba ese conflicto generacional. Muchos padres quizá no entendían lo que hacían, o quizá no les terminaba de gustar el hecho de que los Ramones acelerasen el rock para siempre. Quizá fue precisamente el ritmo endiablado de sus canciones lo que les llevó a grabar los catorce cortes del álbum en apenas una semana y con solo 6400 dólares a su disposición. O lo fue su buena ética de trabajo. En el estudio se mostraron como en el escenario, trabajadores sin descanso. A Johnny no le hacía mucha gracia tener que repetir tomas de manera insistente, algo que sufrirían más adelante cuando trabajaron con Phil Spector como productor, amenazas con pistola mediante. Los instrumentos quedaron grabados en tres días y los cuatro restantes fueron dedicados a las voces.

Esta manera de grabar hacía hincapié en uno de los principios que movieron la banda en sus inicios, el ‘Do It Yourself’ -‘Hazlo tu Mismo’-, un aspecto que forma parte de la idiosincrasia punk y que Johnny le grabó a fuego a Joe Strummer y los Clash cuando se cruzaron por primera vez en Londres. No eran buenos y hacían mucho ruido, pero era suficiente para subirse a un escenario a pasarlo bien. ‘Ramones’ no tuvo un éxito correspondido con su fama, ya que tardó 38 años en alcanzar el disco oro -500.000 ventas-, en 2014. Pero su influencia es obvia en la música que le sucedió tanto en lo que a bandas contemporáneas se refiere como a otras que surgieron muchos años después. ‘Ramones’ inserta en quien lo escucha unas ganas irrefenables de agarrar un instrumento y montar una banda. Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy en cambio solo querían ser más rápidos.