Muse lanza su primer disco en tres años. Habían estado en barbecho desde que en 2015 publicasen Drones. En este 2018 nos llega Simulation Theory, un álbum en el que siguen explorando nuevas vías para embellecer su sonido. No les vale con seguir tirando de la fórmula que les ha funcionado. Ya lo sabíamos. Agradecemos grupos como este, especialmente si los nuevos caminos que van siguiendo son respetuosos con la idiosincrasia del grupo. Y Simulation Theory es fiel a lo que Muse ha sido y a lo que significa su música.

Gustará más o menos y ante eso no podemos hacer mucho. Pero es innegable que Simulation Theory suena a Muse. El grupo británico se pone ochentero y eso les sienta bien. Van más allá de donde les llevaba Drones y les sale un disco curioso y entretenido, aunque con altibajos. Simulation Theory no va a pasar a la historia, pero hay calidad. Han tirado a unos ochenta de sintetizadores y baterías pegadizas. Sí, se acercan al synth-pop y por momentos funciona.

Lo mejor del disco llega pronto. El arranque del primer tema, ‘Algorithm’, nos pone una base inicial que parece hecha explícitamente el inicio de conciertos ante grandes audiencias. La canción no va mal, pero tampoco destaca especialmente. Son el segundo y el tercer corte donde nos abrazamos a Simulation Theory y confiamos en que vaya a haber un buen producto. Esas ‘The Dark Side’ y ‘Pressure’ funcionan muy bien y nos dejan muy claro que si alguno viene buscando ‘Hysteria’ o ‘Black Holes and Revelations’, mejor se va para otro lado.

Simulation Theory

Llegados al sexto tema, ‘Something Human’, el álbum entra en una espiral irregular que termina por perdernos y, en las primeras escuchas, cansarnos. No es este un álbum que entre fácil en un primer momento. Necesita varias oportunidades, pero se las damos gustosamente porque la palabra Muse es sinónimo de calidad. De música bien hecha. Como decía, en la segunda parte del disco Simulation Theory pierde su aparente noción de concepto y semejanza entre los temas, pero aún así nos deja una destacada canción como ‘Blockades’.

Simulation Theory tiene una ventaja ante grupos que intentan algo similar: la calidad instrumental y compositiva de los miembros de Muse. Y la voz de Matt Bellamy, que siempre ha sido un instrumento clave en el sonido de la banda de Devon. A eso nos abrazamos en esas primeras escuchas que nos dejan un poco más fríos de lo que esperábamos. Especialmente teniendo en cuenta que hemos llegado vírgenes a la primera escucha, sin haber atendido a los singles promocionales. Si bien su concierto en el estadio de San Mamés de Bilbao nos convenció, pero un directo de Muse es, podríamos decir, un seguro de vida.

Este no es un disco que pasará a la historia. Habrá fans que lo adoren. Pero en líneas generales no pasa de un disco entretenido, un tanto resultón, efectivo pero que en apenas unas semanas habremos olvidado. No nos deja un poso intenso. Como tampoco diremos que nos ha aburrido. Muse demuestran con Simulation Theory que saben evolucionar con sensatez. Que saben llegar a registros aparentemente distantes de su sonido más reconocido sin perder su identidad. Y eso no muchos son capaces de hacerlo.