La muerte de Buddy Holly, Ritchie Valens y ‘The Big Bopper’ quedó marcada y definida como ‘el día que murió la música’. ‘The day the music died’. Una conmemoración y recuerdo ayudado en parte por esa magnífica canción de Don Maclean llamada ‘American Pie’. Con Buddy Holly se fue uno de esos pioneros que dieron al rock and roll el impulso que necesitaba. Canciones suyas como ‘Peggy Sue’, ‘Oh Boy’ o ‘That’ll Be The Day’ son historia aún viva de la música contemporánea, del rock. Pero ¿quién era Buddy Holly y qué pasó aquel 3 de febrero de 1959 en el que nos quedamos sin Buddy Holly?

Buddy Holly, canciones y artista de éxito

Buddy Holly era uno de los grandes éxitos de aquel primitivo rock and roll de mediados y finales de los 50. Su aspecto de chico bueno y formal, estudiante, trabajador, el yerno perfecto, contrastaba de manera perfecta con la provocación que parecía promulgar Elvis Presley. Entre los artistas blancos que habían hecho suya esa música negra, Buddy Holly y Elvis Presley eran los principales exponentes. Había otros como Jerry Lewis, sin duda. Junto a ellos los Chuck Berry, Ray Charles, Little Richard y compañía.

En las canciones de Buddy Holly como ‘Peggy Sue’ o ese éxito inicial que fue ‘That’ll Be The Day’ no había nada del fuego, sexualidad –para la época-, e ira que veíamos en otros como los mencionados Elvis, Berry o Richard. Holly pasaba por ser una especie de rockero de corte blanco, para todos los públicos, uno que no enfadará a tus padres si te pillan escuchándole en tu habitación. Sin embargo no era solo eso lo que llamaba la atención. Sus canciones buenas y pegadizas, amén de su atractiva voz, hacían de él un más que interesante artista. Uno que influenciaría a otros como The Beatles. Aún hoy sigue resultando interesante.

La carrera y vida de Buddy Holly vivieron un imparable ascenso desde que lanzase esa ‘That’ll Be The Day’ en mayo de 1957. Desde ese momento hasta febrero de 1959 le daría tiempo a lanzar más de 15 singles, tocar el cielo con la fama internacional, giras por Australia o una extenuante por el Reino Unido de 50 conciertos en 25 días. Buddy Holly tuvo tiempo hasta de casarse con María Elena Santiago. En apenas año y medio hizo tanto o más que otros muchos en toda una vida.

Un gira por el Medio Oeste en pleno invierno

Canciones Buddy Holly

La fecha clave de esta historia es ese 3 de febrero de 1959 y la muerte de Buddy Holly. Sin embargo como toda buena historia esta necesita un contexto con el que situar y entender el por qué de los hechos acontecidos aquella noche. Buddy Holly había dejado atrás The Crickets y afrontaba una nueva etapa como estrella en solitario, bajo su nombre. Al fin y al cabo la breve era ‘The Crickets’ fue una treta para recuperar derechos y asegurar una vía económica estable.

Tras unas pequeñas vacaciones con su esposa María, Buddy Holly se embarcó en una intensa y extenuante gira por el Medio Oeste estadounidense. Los estados de Wisconsin, Minnesota, Iowa, Illinois, Ohio y Kentucky les recibirían a lo largo de 24 días. Número de conciertos, veinticuatro. Algo no cuadra bajo la mentalidad de una gira de hoy día, pero en aquella época era normal. No había descanso posible ya que entre concierto y concierto Buddy Holly y los suyos debían realizar largos viajes para llegar a tiempo a cada actuación.

La gira se llamaba ‘Winter Dance Party’ y reunía a Buddy Holly y su nueva banda, Ritchie Valens, ‘The Big Bopper’ J.P. Richardson y a la banda de Dion DiMucci. El principal atractivo de la misma era por supuesto el cantante de ‘Peggy Sue’. A finales de los 50 las carreteras de Estados Unidos –y casi cualquier sitio de Occidente- no eran lo que son hoy día. Menos aún en el Medio Oeste americano, atravesando carreteras que hoy día nos harían temblar. Allí iban los miembros de cada grupo, en autobuses cochambrosos y que debían arreglar y cambiar cada pocos conciertos.

Empleaban autobuses escolares que los colegios habían desechado por malos, viejos o rotos. La gira se llevaría a cabo en pleno invierno, entre el 23 de enero y el 15 de febrero. Sin parar, repito. Con frío y sin comodidades de ningún tipo, teniendo que descargar ellos mismos su equipo de trabajo, en aquel 1959 lo de ser estrella del rock and roll estaba lejos de ser lo que apenas 5 o 10 años después sería, cuando The Beatles se entretenían con vinos caros y champagne entre concierto y concierto. Por no comparar con el siglo XXI.

El sinsentido de una gira con recorrido en zigzag

No terminaban ahí las penas sufridas por los miembros de la gira que llevaría a la muerte de Buddy Holly. Si 24 conciertos en 24 días, con sus respectivos desplazamientos, parecen demasiados, con el añadido de ser en un terreno tan amplio como el Medio Oeste estadounidense, la gira carecía de sentido alguno. No había un recorrido circular que ahorrase distancias. Las fechas fueron uniéndose sin ningún orden, yendo los artistas de una punta a otra de un estado, volviendo hacia atrás para después regresar al primer punto. Así durante días.

Pongamos un ejemplo. Entre el segundo y tercer concierto de la gira debían recorrer los 637 kilómetros que separaban la hoy tristemente célebre Kenosha, en Wisconsin, y Mankato, en el estado de Minnesota. El cuarto día les llevaba a Eau Claire, de nuevo en Wisconsin, para terminar el quinto en Montevideo, Minnesota de nuevo, a 200 kilómetros del inicial Mankato. Una auténtica locura que debían sobrellevar además viviendo los duros rigores del invierno del norte estadounidense.

Las gripes, resfriados e incluso ingresos en hospitales por congelaciones se fueron sucediendo. Los conciertos de Buddy Holly y los suyos se daban como se podían, con el protagonista o Valens haciendo las veces de batería por el ingreso del único existente en la gira. El lunes 2 de febrero la gira paraba en Clear Lake, Iowa, y Buddy Holly estaba ya harto de las condiciones en las que se encontraban. Por delante tenían casi seiscientos kilómetros hasta la siguiente ciudad. Un temporal de frío, niebla y nieve les acechaba.

Decidido, Buddy Holly levantó el teléfono y realizó las pertinentes gestiones para tener un avión disponible para la gira. Consiguió uno de cuatro plazas. La suerte parecía cambiar, creía. Él no sabía cuánto, por desgracia.

Un avión para Buddy Holly y un sorteo para el resto

Accidente Avión Buddy Holly

Buddy Holly habló con sus compañeros de banda y el resto de estrellas de la gira. El avión haría un primer viaje mientras el resto del convoy seguiría su camino en autobús. Tras el aterrizaje, el avión volvería a recoger al resto, a mitad de camino. La idea era buena. Primero tocaba decidir quién iba en el avión en ese primer viaje que resultaría definitivo para la muerte de Buddy Holly.

Una plaza era segura para el líder de la gira. Buddy Holly era el principal reclamo de los conciertos y además él se había encargado de realizar las gestiones para contratar el avión. Quedaban dos plazas. Dos porque el avión era un Beechcraft 35 Bonanza con cola de V que solo permitía tres asientos además del piloto. ‘The Big Bopper’ estaba enfermo de gripe y le pidió a Waylon Jennings, guitarrista de Buddy Holly, su plaza en el avión.

De primeras con el líder y protagonista de la historia iban a viajar los miembros de su grupo. Pero todo cambió. Primero por la gripe de Richardson y después por un cara o cruz maldito. Antes de esto, Jennings y Holly tuvieron un cruce de palabras tan profético como maldito. Buddy Holly, con sorna pero de broma le dijo “espero que tu viejo autobús se congele”, a lo que Jennings respondió “bueno, yo espero tu viejo avión se estrelle”. Ouch.

El asiento disponible se lo jugaron en un sorteo Ritchie Valens y Tomas Allsup ante la petición del primero, que resultó desgraciadamente afortunado. Dion DiMucci siempre ha asegurado que rechazó la plaza que le ofrecieron cuando le dijeron que debía pagar 36 dólares, 320 hoy. Un aspecto este que si bien muchos dando por bueno, otros no.

El accidente de Buddy Holly

El avión despegó a las 00.55 de 3 de febrero. No llegaría muy lejos. En pista su luz de cola fue vista durante apenas unos minutos, pero las complicadísimas condiciones meteorológicas hicieron imposible seguirlo. Era imposible volar, más si cabe para un piloto que después quedó demostrado que era incapaz de hacerlo en esas condiciones. Nunca lo había hecho, siempre había trabajado con buena visibilidad.

Apenas cinco minutos después del despegue, la torre de control intentó contactar con el piloto, sin éxito. Como hacía tan mal tiempo dieron por seguro que esas condiciones impedían el contacto por radio. Cuando aún veían la luz del avión y lo vieron descender levemente no temieron lo peor. Cogería altura rápidamente. Se fueron a dormir sin saber que no muy lejos de la pista de despegue el avión se había estrellado. El encuentro del avión fue casual.

El dueño de la compañía de vuelo siguió una ruta similar a la del Bonanza siniestrado de Buddy Holly. Ahí, en el aire, a las 9.35 de la mañana, descubrió horrorizado la tragedia. No se pudo hacer nada por los ocupantes de la aeronave, quienes fallecieron al instante. Así se cerraba una breve pero magnífica canción, la de Buddy Holly.

La gira de Buddy Holly continúa adelante… sin él

Para extrañeza hoy, la gira no se detuvo aún a pesar de perder a sus principales reclamos. Se completó entera, a modo de homenaje de Buddy Holly tras su muerte. El profesionalismo mal entendido por parte de unos empresarios sin escrúpulos que ni siquiera dieron un día de respiro a la banda de Buddy Holly y el resto de integrantes del tour. Aquel mismo 3 de febrero se dio el concierto esperado en Moorhead.

Quedaría un epílogo. El que Don MacLean redactaría en forma de canción 12 años después. ‘American Pie’, su obra sobre lo que él denominó ‘El día que murió la música’, devolvió los focos sobre el desgraciado accidente que llevó a la muerte a Buddy Holly, Ritchie Valens y ‘The Big Bopper’. De manera no autorizada y no oficial se convirtió en un bello relato de una historia que ojalá nunca hubiera ocurrido.