Hace no tanto parecía que en España solo podía hacerse un pop descendiente de la Movida Madrileña si querías hacer carrera -cámbiale la etiqueta y llámalo indie español para que todo siga igual-, añadiendo el punk y el rock kalimotxero como extras con cierto tirón. Siempre hubo excepciones pero hoy esas excepciones son la norma. Disfrutamos con estilos atípicos en este país, como los que nos trae Nat Simons. Su último disco Lights es una delicia.

Lanzado en febrero de 2018, hablamos por tanto de que Lights tiene ya un recorrido en las estanterías y escuchas digitales. No voy a negar que lo descubrí a finales de junio. No conocía a Nat Simons hasta que en una fresca noche vitoriana, al calor de las hombros rockeros que me acompañaban en el Homenaje a Tom Petty celebrado en el Azkena Rock Festival 2018, descubrí su voz como una de las acompañantes de Carlos Vudú y el Clan Jukebox.

Ahí encontré una voz que me resultaba interesante, por lo que indagar más era cuestión de tiempo. Tras escuchar su primer álbum, Home on High, decidí entrar de lleno en la aventura de Lights. En este segundo disco Nat Simons explora nuevos sonidos, dentro del intenso mundo de la americana, moviéndose por momentos a sonidos más actuales, dejándose caer por las diferentes aristas que sus composiciones invitan a tocar.

Lights arranca con uno de los temas del álbum que más destacan en una primera escucha: Endless Summer Road. Su estribillo entra directo a nuestros oídos, todo luz, alegría, una canción que evoca a primavera y verano, a tardes perdidas en el campo. Le sigue otra excelente canción, People, con aromas honkytonk bien llevados a su terreno. Un acierto de Nat Simons empezar así, con dos canciones que te meten de lleno en Lights y piden seguir con la escucha descubriendo lo que ella y su excelente banda te ofrecen.

Grabado en Carolina del Norte de la mano del gran Gary Louris de The Jayhawks, quien descubrió el trabajo de Nat Simons en uno de sus pasos por España con la banda americana. Se nota la mano de Louris en la producción, mostrando un disco redondo de principio a fin. La banda suena a la perfección, envolviendo y rodeando la interesante voz de Nat Simons.

El disco sigue, y poco a poco va encontrando una evolución. Pasa de unos sonidos más ‘brillantes’, como en las canciones ya mencionadas o la excelente The Way It Is, para poco a poco ir buscando estancias más evocadoras, cuasi psicodélicas, en el segundo tramo del álbum. Ahí crecen temas como Into the Woods, precioso, pero también la dulce Crazy For You. En ambos caminos se mueve con acierto, mostrando una importante calidad compositiva.

Una vez escuchado nos quedamos con la sensación de estar ante un disco redondo de principio a fin. Un álbum muy recomendable, y no solo para los amantes de la americana y sonidos similares. Yo seguiré un tiempo más sin quitar sus canciones, dejando que se instalen en mi cabeza para siempre. Mientras tanto, seguiremos expectantes la trayectoria que Nat Simons va a ir construyendo de aquí en adelante. Promete.