Ídolo de muchas personas, leyenda del rock, creador y miembro de uno de los grupos musicales más importantes del rock y la cultura popular. John Lennon. El de Liverpool tiene canciones eternas, tanto en su etapa en The Beatles como en su carrera en solitario. De esta segunda parte destaca su lado más social y político. Pero cuando uno escarba en el personaje, algo se descuadra de esta aparentemente impoluta imagen. No llevaba una doble vida, pero sí podemos hablar de las dos caras de John Lennon. No era el santo que muchos creen o quieren creer.

Uno escucha ‘Imagine’ y anhela un mundo pacífico en el que todos somos uno. Un planeta en el que no hay odios y vivimos en armonía. Si escuchas ‘Give Peace a Chance’ deseas que terminen todas las guerras. Te entran ganas de salir a la calle a manifestarte por el fin de los conflictos militares. Esto podemos hacerlo con otras muchas canciones del John Lennon más crítico. Lo hacía en The Beatles con aquella ‘Revolution’ de la que hizo dos versiones ligeramente diferentes en lo musical y en la letra.

El clásico ‘Happy Xmas (War is Over)’, ‘John Sinclair’, ‘Working Class Hero’, ‘Woman is the Nigger of the World’, ‘Sunday Bloody Sunday’… Es innegable el perfil crítico del artista de Liverpool. Siempre fue visto como el Beatle rebelde, y aquella afirmación sobre que eran más famosos que Jesucristo exageró esa fama. Escuchadas o leídas hoy, esas declaraciones parecen un juego de niños. John Lennon quería cambiar el mundo en el que vivía. Y lo intentó hacer desde la música, desde sus declaraciones como estrella del rock, y desde sus actuaciones. Como aquellas dos semanas en cama “por la Paz” junto a su ya esposa Yoko Ono. ¿Por qué hablamos entonces de las dos caras de John Lennon?

John Lennon

El lado oscuro de John Lennon

Como suele pasar con personajes famosos -más en el pasado que hoy-, la imagen que se puede tener de uno no siempre tiene que ser la correcta. Y en el caso de Lennon esto se cumplía. Podríamos arrancar hablando de sus infidelidades, pero esto no es algo que nos preocupe demasiado. Allá cada uno cómo gestiona las relaciones con sus parejas. Pero sí podemos señalar que era un hombre posesivo, capaz de acompañar a Yoko Ono hasta el baño para hacer todo con ella. Incluso en lugares públicos, como los estudios de grabación de EMI. U obligar a Cynthia, su primera mujer, a teñirse el pelo, peinarse y vestirse como Brigitte Bardot. Para satisfacer su idolatría o fetichismo.

Las dos caras de John Lennon incluyen su lado violento. Sí, el hombre que cantó a la paz podía desatar una ira descomunal en forma de violencia. Lo admitía en su última entrevista, publicada dos días después de su muerte, en Playboy. Cynthia Lennon aseguraba en el libro que escribió sobre el artista que era una persona violenta, hostil con ella misma y con su hijo Julian, al que trataba con agresividad, al menos verbal. Esto se pudo conocer en un documento de 1968. En pleno divorcio entre John Lennon y Cynthia, la empleada del hogar no dejaba en buen lugar al Beatle.

En las dos caras de John Lennon vemos también un lado autodestructivo. Ahí está su fin de semana perdido’, esos dieciocho meses en los que lejos de Yoko Ono se metió en una espiral negativa. Abusando del alcohol y las drogas sin aparente remedio. Montando escándalos en lugares públicos. Como aquella vez que fue echado de un pub junto a Harry Nilsson por reírse e insultar a la banda que actuaba en directo -The Smothers Brothers-. Parecía que ridiculizar a la gente era algo que le gustaba, ya que lo hizo incluso en público y hasta con sus compañeros en The Beatles.

En aquellos dieciocho meses perdidos vivió un affaire con May Pang a priori ‘preparado’ por Yoko Ono. Pang aseguró que en una ocasión intentó estrangularla. Historias variadas y numerosas del irascible genio que gastaba el ‘Fab Four’. Hablamos de las dos caras de John Lennon porque no era un santo. Por más que uno sea muy fan de su música -y creéme, lo soy-, no podemos obviar ese lado. Nos queda un personaje menos redondo, menos idealizable, pero sin duda más real, con aristas, buenas y malas. Quien sabe si tras aquellos cinco años en barbecho en el Edificio Dakota de Nueva York hubiéramos conocido a un Lennon diferente. Mark Chapman nos dejó sin él un 8 de diciembre.