La anécdota mil veces contada. La felación más famosa de la historia del rock. De la música. Palabras mayores en una disciplina que hizo del sexo libre y desenfrenado uno de sus principales mantras. Una felación contada en una canción. Como tantas otras. Pero aquí había algo diferente. Por sus protagonistas, por la forma de contarlo, por el lugar en el que ocurrió. Fue en Nueva York, en el mítico Chelsea Hotel y sí, ella era Janis Joplin y él Leonard Cohen.

No pudo suceder en otro sitio. El Chelsea Hotel era lugar de reunión y dormitorio de muchos artistas, consagrados o no. También pasó gente normal, sí, pero no era extraño ver por allí a relevantes personalidades de diferentes disciplinas. Podía ser un artista que pagaba su alquiler dejando un cuadro a Stanley Bard, gerente del histórico hotel. Podía ser Andy Warhol de paso para ver a Nico. Podía ser Keith Richards, Sid Vicious, Bob Dylan o Jimi Hendrix. O podían ser, fueron, Leonard Cohen y Janis Joplin.

Janis Joplin

Ella era la estrella del momento. Su voz y su música parecían ser los representantes de una generación. Su actitud con la vida, hippie, dejándose llevar y disfrutar, era una imagen de la sociedad, de la contracultura en la que vivían. La procesión, como ya contamos en su momento, iba por dentro. La aparente mujer dura vivía en un frágil frasco de cristal que se hacía añicos y pedazos cada poco. Janis Joplin se alojaba en el Chelsea Hotel mientras grababa un álbum con su banda en la ciudad de Nueva York.

Él era un aspirante a cantautor de folk. Un escritor incapaz de tener éxito con sus libros, un poeta sin éxito desmedido. Se sentía un incomprendido. Sin saberlo ni quererlo se vio metido de lleno en la industria de la música, alternativa para él, donde sí parecía capaz de sacar adelante sus creaciones. Pero no dejaba de ser un desconocido con ganas de hacerse un nombre. Vivía en soledad, de la misma manera que parecía cantar.

Quizá fuese el destino, quizá la casualidad, pero había algo en sus historias que haría que terminasen uniéndose por una sola noche. Porque eso fue todo lo que duró esta historia. Quizá ambos necesitaban sentir la compañía de alguien y no pasar una noche más en soledad. Eran dos almas solitarias, por diferentes motivos, pero vagaban por Nueva York y sus respectivas vidas intentando encontrar el cariño de un igual. Y el Chelsea Hotel les unió.

Leonard Cohen

Él se montó en el ascensor. Ella entró detrás. Tras marcar sus respectivos pisos y mantener una conversación intrascendente, ella le señaló lo que buscaba. Directa, como el volcán en erupción que era sobre el escenario. Sin medias tintas, tal y como vivía. Y no, no le buscaba a él. Buscaba a Kris Kristofferson. Él, mujeriego, donjuán, en ese momento quizá bromista, le dijo que era él. A ella le hizo gracia o, sencillamente, estaba cansada de deambular un día más. Fue ella la que decidió que esa noche compartirían cama y confidencias.

Una felación. Una noche de mutua compañía. Una canción. Leonard Cohen decidió inmortalizar aquel recuerdo en una de sus mejores obras: Chelsea Hotel #2. Hay un #1 bastante más crudo y menos emotivo. Durante algún tiempo la autora de la felación permanecía desconocida. Pero un día, él, sin preguntarle a ella, decidió desvelar el secreto. Ella estaba indefensa. No podía dar su consentimiento porque, por desgracia, ya nos había dejado. A Janis Joplin ya nadie podía preguntarle.

Leonard Cohen rompió la relación de confianza establecida en aquella noche en la que quizá se prometieron amor eterno a sabiendas de que al día siguiente no se saludarían en el rellano del Chelsea Hotel. Leonard Cohen nos lo contó, nos dijo quien y era ella, y nunca se perdonaría ese desliz.