Aprovechamos el próximo estreno en cines de Bohemian Rhapsody para repasar diferentes aspectos de Queen. Su principal icono, Freddie Mercury, es el protagonista de este texto.

Nos abandonó para siempre un 24 de noviembre de 1991, pero Freddie Mercury sigue siendo uno de los iconos más reconocibles del rock para el gran público. Su imagen en el mítico concierto de Wembley, su bigote, sus poses, su magnífica voz… todo ello está grabado de manera nítida en la memoria de millones de personas. Aún a pesar de ser un grupo muy coral, con miembros de una enorme calidad instrumental y compositoria, Freddie Mercury acabó siendo la cara e imagen de Queen. Su magnetismo lo hizo irremediable.

Es difícil no escuchar una canción de Queen y no pensar en alguna de las innumerables escenas que nos dejó Freddie Mercury. El cantante británico era todo pasión en lo que a la música se refiere. Sobre los escenarios y también en el estudio. Y qué decir de su imagen como estrella del rock. Mercury, en la línea de Mick Jagger y numerosas estrellas del Glam, no sentía pudor alguno para innovar con su estética. Pelo largo, corto, bigote, mallas coloridas, cuero… cualquier cosa valía. Y es que el propio Freddie Mercury señaló que se divertía con su ropa sobre el escenario, “no estás viendo un concierto, es un espectáculo de moda”. Genio y figura.

Freddie Mercury

Pero en directo ante el público no era solo la ropa lo que generaba ese magnetismo. A pesar de ser una persona tímida hasta el extremo, sobre el escenario Freddie Mercury se transformaba en un volcán en erupción. Su energía en los conciertos era casi inigualable, lo que unido a su poderío vocal formaba una mezcla explosiva. No puedo imaginarme lo que podía ser ver por primera vez aquel huracán en plena acción. Para Mercury un concierto no era simplemente una muestra de tus canciones ante el público, era algo más, era “un acto teatral”. No fue el único, pero sí que puso mucho de su parte para convertir el rock and roll en un espectáculo de grandes magnitudes.

Además Freddie era un tipo de recursos. Durante un concierto en los primeros años de Queen el pie de micro se partió en dos. ¿Qué hizo la estrella? Seguir cantando como si nada, porque, recuerda, ‘The Show Must Go On’. ¿Y qué descubrió? Que emplear solo medio pie de micro era más cómodo para su espectáculo sobre el escenario. Y así se creó otra de las imágenes icónicas del rock, la de Freddie Mercury sujetando medio pie de micro, dominándolo como si fuese un juguete.

Freddie Mercury era, además, un tipo que no necesitaba abuela. Y eso en el rock es un valor añadido. Los mojigatos al rincón, los rockeros queremos tipos que demuestren que, por pequeña que sea su banda, se sienten unas malditas estrellas de esto. Y Freddie no solo lo era, sino que lo demostraba a cada paso que podía. Sus andares por el escenario, sí, pero sus declaraciones también. “¿Por qué tenemos éxito? Por mi carisma, cariño”. ¿Genio y figura? ¿O vanidad? Nada de eso, solo un día más en la vida de una verdadera estrella del rock.

Y sí, esa vida de rock and roll star también la llevaba a cabo fuera de los escenarios, cuando los focos se apagaban. ¿Se apagaban, de verdad? Para Freddie Mercury quizá no. Las historias sobre fiestas y borracheras son conocidas. En el vídeo de ‘A Hard Life’ tiene que tomar precauciones al sentarse por tener la pierna rota… tras una borrachera en Munich. La estrella británica era capaz de tumbar a Elton John, quien en los 70 y 80 no paraba por casa, básicamente. Al bueno de Freddie Mercury se le hacía de día.

Ostentoso con la ropa, una voz descomunal, un carisma irrepetible, una actitud extravagante, Freddie Mercury era una auténtica estrella de rock. Repetimos, un tipo tímido hasta el extremo de apenas dar entrevistas por ello. Pero basta irse a 1986, volver a ese concierto en Wembley, y verle manejar al público a su antojo. Un animal, una bestia, un volcán. Haciendo lo que quiere con miles de personas. Usando su voz, su carisma, su genio. Ese fue Freddie Mercury.