El fin de semana perdido de John Lennon ha traído mucha cola desde mediados de los setenta. Así lo llamó él, haciendo referencia a una película de Billy Wilder en la que el protagonista es un escritor dipsómano que no puede evitar abrazar la botella cada poco tiempo. De esta manera se sentía un Lennon que de 1975 en adelante hacía de menos a estos casi dos años –no un fin de semana-, dieciocho meses en los que vivió una explosividad creativa, amén de un sinfín de aventuras que quizá son las que han pasado a la historia. Todo por el carácter a veces triste, a veces cómico, a veces ridículo de dichas historias.

La gran pregunta que todo fan de John Lennon se ha hecho alguna vez es qué pasó en aquel tiempo del fin de semana perdido. ¿Fue tan malo y perverso el artista durante este tiempo? Ni por asomo. No fue un dechado de virtudes, pero tampoco lo fue durante su etapa Beatle y no muchos ponen el grito en el cielo. John Lennon vivió el fin de semana perdido como si fuese su última fiesta de soltero. Porque así estaba, soltero. Mudado a Los Ángeles con May Pang, su asistente y después amante o pareja, dependiendo del día, Lennon contaba a quien quisiera escucharle que Yoko Ono le había echado de casa y nada parecía que pudiera llegar una reconciliación. A la prensa en cambio le indicaba que se encontraban tomándose un tiempo. ¿A quién creer? Más bien lo segundo aunque en esta historia del fin de semana perdido de John Lennon ni sí, ni no, ni todo lo contrario.

La ruptura de John Lennon y Yoko Ono

La relación con Yoko Ono no iba tan mal como se ha querido pintar en más de una ocasión. En lo sentimental e ideológico seguían funcionando relativamente bien. Se querían, se soportaban la mayor parte de las veces, pero es cierto que algo empezaba a no hacer click del todo. Su relación había sido muy intensa desde el primer minuto y eso podía estar empezando a hacer mella. Los principales problemas como pareja eran otros. En primer lugar a Yoko Ono le pesaba todo el odio que seguía recibiendo como mujer de John Lennon y ser ‘la causante de la ruptura de The Beatles’. Necesitaba alejarse de ello y poder hacer de nuevo una vida normal, sin odio a su alrededor. Además el sexo de Yoko Ono y John Lennon había dejado de ser bueno. Parecían hacerlo por inercia, algo fallaba en la cama. Y para más inri Ono notaba en Lennon una cierta necesidad de poder salir a las calles a vivir la vida de la estrella del rock and roll que llevaba años sin tocar. Golfear. Incluso serle infiel.

¿Cómo ser infiel a Yoko Ono? Eso se preguntaba John Lennon… y la misma Yoko. Porque ambos se sentaron y hablaron del tema, al menos eso ha señalado siempre la artista japonesa. Lo primero, Lennon parecía necesitar del visto bueno de su mujer para poder serle infiel. Esta no lo vio con malos ojos. Un tiempo podía funcionarles bien. Antes de que el fin de semana perdido de Lennon comenzase como tal, Yoko Ono le comentó que había lugares en Nueva York donde una estrella de rock podía sentarse en el bar y esperar a que alguna groupie apareciese para acabar juntos en la cama. Esto a Lennon no le parecía buena idea. Hubiera sido fácil, pero él era John Lennon, no podía pasar por ahí. Así que necesitaban otra manera. Yoko Ono la vio en la figura de May Pang, asistente de ambos, quien sentía una clara atracción por un Lennon que nunca había escondido que era algo mutuo. Periodistas incluso señalan que John Lennon y May Pang ya se habían acostado antes del fin de semana perdido.

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Sea como fuese, Yoko ‘arregló’ la relación que pasarían a tener su marido y Pang. Esta última no podía creerse lo que oía y el artista hacía como que no lo veía con buenos ojos… con la boca pequeña. Aunque en primera instancia la idea era quedarse en Nueva York, pronto John Lennon se vio en la necesidad de poner tierra de por medio y alejarse físicamente de Yoko Ono. La imposibilidad de ser infiel a Yoko en sus narices ha sido uno de los argumentos que durante muchos años se ha dado para esa distancia física, pero realmente había alguno más, como el hecho de que en la industria musical todo pasaba por la ciudad de Los Angeles, que había superado a San Francisco como polo principal de la escena. Con Lennon en Los Angeles y Pang cuidando de él Yoko conseguía el objetivo de tener controlado y vigilado por su asistente. No es desdeñable la incapacidad de John Lennon de valerse por sí solo. Desde el boom de The Beatles en 1962 siempre había tenido a alguien haciendo todo por él.

El fin de semana perdido de John Lennon… con May Pang

John Lennon May Pang Julian

A priori John Lennon sí iba a vivir un fin de semana perdido, porque el viaje con May Pang estaba previsto para solo dos semanas. La realidad fue diferente. Se le fue de las manos. Lennon empezó a disfrutar de una renovada juventud. Y es que si bien apenas contaba con 33-34 años, desde sus veintidós había vivido con obligaciones diarias como Beatle y estrella de rock. De repente podía dedicarse a vivir como en Hamburgo, divirtiéndose con la guitarra, emborrachándose y montando aventuras allá donde pudiera. Dejaba atrás las ataduras, las obligaciones y volvía a tener 20 años. John Lennon comenzaba un largo periodo de eterna despedida de soltero. Sus primeras semanas en Los Angeles fueron cuanto menos curiosas. Llegó con cheques viaje por valor de 10.000 dólares para sobrevivir esos primeros días, cortesía de su discográfica Capitol Records.

En Los Angeles a John Lennon no le faltaban viejos amigos. Ringo Starr vivía allí, también Mal Evans, antiguo chico para todo de The Beatles que había dejado Inglaterra huyendo de la separación de su mujer. Aprovechó esta época para hacer cosas que antes no solía, como ir a Las Vegas a jugarse el dinero en el casino, fue a conciertos de Jerry Lee Lewis a conocer a uno de sus ídolos, e incluso fue a un cine x para ver ‘Garganta Profunda’, aunque salió de la sala a los 20 minutos aburrido ante lo que veía. Él, que había visto de todo en Hamburgo cuando apenas era un chaval que descubría un nuevo mundo. Sin embargo no todo eran alegrías y bondades. Elliot Mintz, amigo y portavoz de John Lennon y Yoko Ono, aseguraba que Lennon tuvo épocas en las que llamaba a diario a Yoko pidiéndole volver a casa, así como ella le llamaba para saber qué tal se las ingeniaba el músico. Hasta 23 veces llegaron a hablar en un solo día. Una vez borracho, algo que ocurría a menudo, John Lennon convertía su fin de semana perdido en un mar de lágrimas y lloros sobre lo mucho que echaba de menos a Yoko Ono, con esa extraña y a veces incómoda melancolía que solo un borracho parece capaz de sacar cuando todo está siendo divertido.

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En contraposición May Pang ejerció una excelente influencia en el fin de semana perdido de John Lennon. Era amable, sin ningún egoísmo, comprensiva con los vaivenes y cambios de humor del artista, dulce. Lennon pasaba de ser encantador, divertido y adorable a sacar una lengua viperina e irritante en cuestión de dos copas. No era buen bebedor, nunca lo fue y no cambiaría. May Pang era consciente de que no era la única mujer en la vida de Lennon durante ese tiempo, aunque se conformaba con el rango de ser la pareja ‘oficial’, a veces solo la asistente. La sensación en el ambiente, entre los amigos y el entorno de Lennon, era que Yoko vigilaba cada uno de sus pasos desde la distancia. Así, se enteraría cuando Lennon completaba el círculo siéndole infiel a la mujer con la que le era infiel a ella. Una mañana, desayunando fuera, una mujer se acercó al de Liverpool, le entregó un papel con su número de teléfono y solo le comentó que “no quería molestarte, solo quiero que tengas esto. Úsalo cuando estés preparado”. A la mañana siguiente Mintz acudió a recoger a Lennon para encontrarse a la mujer vestida con solo un caro brazalete en su muñeca, mientras el cantante le pedía que se deshiciera de ella de manera discreta.

Lennon no dejó de viajar a Nueva York. Este era un periodo en el que estaba bajo peligro de deportación por parte del gobierno estadounidense, y debía acudir a la Gran Manzana con frecuencia. Estaba paranoico con ello y creía que le seguían a todas partes. Como quiera que aún tenía la llave de su casa con Yoko Ono, en una de las ocasiones entró y destrozó un objeto que creía era de un amante de su mujer. El mismo hombre que le insistía a Ono en que tuviera todo el sexo que pudiera sacaba su lado más celoso y posesivo, ese lado oscuro que siempre tuvo. Yoko acabaría por cambiar su cerradura al día siguiente. Además Lennon, a instancias de May Pang, retomó su relación con su hijo Julian, pasando buenos momentos durante este tiempo y arrepintiéndose de lo que se había perdido. Fueron varias veces a Disney World, aunque llegó a ser desagradable con él en más de una ocasión, como cuando Julian despertó a su padre tras una noche de juerga de este. Ay, esa lengua. Con quien no cambió su manera de ser fue con Cynthia Powell, su primera mujer. A ella seguía haciéndole la vida imposible. En un viaje compartido por los cuatro –Pang, Lennon, Julian y Cynthia- padre, novia e hijo iban en primera clase mientras que Cynthia debió conformarse con un asiento en las últimas filas del avión, donde rompió a llorar por el enésimo desplante del hombre al que tanto amó.

John Lennon, Harry Nilsson y los escándalos del Troubadour

John Lennon Harry Nilson

Si algo se conoce de este fin de semana perdido de John Lennon son sus fiestas y borracheras. Especialmente con un Harry Nilsson al que adoraba. Un sentimiento recíproco. La de Nilsson y Lennon era una relación alocada, en cierta manera eran tal para cual, genios, impredecibles, desagradables y encantadores en casi el mismo momento. A Harry Nilson le gustaba beber y tenía un excelente aguante, una afición que John Lennon compartía con el problema de que ni tenía aguante ni era buen bebedor. En esta época le bastaban dos copas para pasar de encantador a ser un cabrón con pintas. Con Nilsson compartió hogar, un hotel, junto también a Ringo Starr, Klaus Voorman y Keith Moon. Lo mejor de cada casa. Con Keith Moon John Lennon abrazó la muy rockera costumbre de destrozar habitaciones de hotel. Tras varias desventuras junto al batería de The Who fueron obligados a abandonar el hotel y todos decidieron seguir viviendo juntos en una casa ‘propia’. Vivieron en la misma mansión en la que Bobby Kennedy tuvo sus aventuras con Marilyn Monroe, de hecho John Lennon y May Pang dormían en la misma cama que ellos.

Con semejantes compañeros de aventuras y borracheras nada podía salir bien. El Troubadour vivió un par de noches desagradables y ridículas por parte de John Lennon durante este fin de semana perdido. Dos que al menos han llegado a nuestros días. Durante un concierto de Ann Peebles, artista que había lanzado uno de los discos favoritos de Lennon en aquel momento, el Beatle decidió que la mejor idea posible era pegarse una compresa en la cabeza y ‘animar’ la zona VIP. Diferentes protagonistas de aquella noche aseguran que Lennon faltó el respeto a una camarera al grito de “¿acaso no sabes quién soy?”, llegando a agredirla cuando esta le respondió que “solo un tonto con una compresa en la cabeza”. Aunque un amigo de Lennon como Jim Keltner y Pang niegan que esto sucediera, la camarera denunció a Lennon y este llegó a un acuerdo privado previo al juicio. La segunda ocasión en la que Lennon pasó el límite en el Troubadour fue junto a su compañero de batallas Harry Nilsson.

Nilsson era muy pillo al beber. Nunca se metía en un jaleo si podía meter a otro. Eso hizo con Lennon la noche en la que Los Smothers Brothers, dúo cómico musical, actuaban sobre el escenario. Nilsson y Lennon completamente borrachos montando bulla, especialmente un Lennon desagradable con Dick Smothers. Los camareros y encargados del local tuvieron que pedirles que se fueran y ante la negativa se vieron obligados a sacarles por la fuerza, con los clásicos “no sabes quién soy yo” del famoso de turno, en este caso Lennon. Los Smothers Brothers le disculparon, no sin antes recibir un ramo de flores por parte de cada uno, Nilsson y Lennon, así como el artista enviar disculpas a los trabajadores del local. Con Harry Nilsson John Lennon se empeñó en que sería él quien lanzase de manera definitiva al estrellato a un hombre que no terminaba de alcanzar lo que prometía.

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Se metió a ‘mánager-productor’ y le produjo su álbum ‘Pussycats’. La producción del disco fue una odisea. El alcohol corría en el estudio más que los instrumentos. El trabajo parecía secundario. A tal punto llegó el asunto que Lennon decidió mudarse a Nueva York, siendo el final de Los Angeles durante el fin de semana perdido. Y una vez en la Gran Manzana, Lennon impuso una estricta prohibición del alcohol en el lugar de trabajo. Músicos como Jim Keltner aseguraban que aunque divertido, era imposible trabajar con Nilsson y Lennon porque pensaban más en el alcohol que en la música. También intentó grabar lo que después sería ‘Rock ‘N’ Roll’, pero fue imposible aún a pesar de contar con amigos y músicos del máximo nivel. Ganaba la jarana. Aún así, aquel periodo de producción en Los Angeles sirvió para que casi todo el mundo importante en la industria pasase por allí, desde Mick Jagger, Stevie Wonder a, sí, Paul McCartney. Durante el fin de semana perdido John Lennon retomó su amistad con el Beatle que mejor le conocía, su amigo del alma. Incluso grabaron una jam juntos, sin mucha calidad, de la que Lennon aseguraba que había más de 30 personas tocando en el estudio pero que realmente lo único que hacían todos era ver cómo tocaban y se entendían McCartney y Lennon.

Durante los 18 meses del fin de semana perdido John Lennon lanzó una canción para Mick Jagger, un disco para Harry Nilsson, Fame junto a David Bowie, ayudó a Ringo Starr con su disco ‘Goodnight Vienna’ y lanzó dos álbumes: ‘Mind Games’ y ‘Walls and Bridges’. Este incluía su único número uno estadounidense en su etapa post Beatle: Whatever Gets You Through The Night. Conoció a Elton John y volvió a subirse a un escenario por perder una apuesta con él. Vivió la vida, sufrió su ruptura con Yoko Ono, golfeó y, en definitiva, disfrutó de una despedida de soltero y de una vuelta a sus años de juventud. En 1975, tras bajar del escenario en ese concierto con Elton John, se reconciliaría con Yoko Ono y se tomaría un descanso de 5 años para disfrutar de la paternidad y de su hijo Sean Lennon. Fue feliz antes, durante y después.