Elvis Presley terminó sus días gordo, preso de un cuerpo que aborrecía. En aquel 16 de agosto de 1976, a sus 41 años de edad daba una última bocanada de aire y decía adiós. No era un adiós deseado pero sí quizá uno esperado por alguien que tenía un miedo terrible a morir. Sin embargo ‘el rey del rock and roll’ que se supone era Elvis Presley hacía mucho tiempo que se había ido. Solo era una sombra de su pasado, una maldita sombra de ese cantante que llevó al rock a la categoría de revolución mundial. Un triste final para uno de los mayores mitos de la historia reciente de la música.

No vamos a hablar de su muerte y ese grotesco final que nos dieron los últimos meses de Elvis, eso ya lo hicimos aquí con mayor o menor acierto. Vamos a recuperar algunos aspectos de dichos últimos tiempos para intentar construir un perfil más concreto del rey. En los 50 su simple presencia volvía loca a cualquier joven que tuviera cerca. En los sesenta los nuevos sonidos del rock le dejaron en un segundo plano hasta que tuvo la brillante idea de abandonar las películas de medio pelo que le ofrecía Hollywood. Una especie de retiro dorado, el primero, hasta que realizó el Comeback Special de 1968 y Elvis Presley retomó su carrera musical por todo lo alto.

Adiós a las baladas sencillas de consumo rápido, Elvis Presley volvió a lo grande con su eterna Priscilla al lado. Las constantes exigencias e infidelidades del rey no les habían separado aún. En 1969 Elvis Presley lanzaba ‘Suspicious Minds’, en la que su compositor habla de un amor al que sigue atado aún a pesar de estar casado, y con ella volvía al número uno. Estaba en forma. Estaba activo. Mantenía su sex appeal, su atractivo, su sonrisa encantadora y esa voz única e irrepetible, llena de carisma en cualquier tono.

Mantuvo un excelente nivel en la primera mitad de los setenta. De repente algo pasó. Comenzó a ganar peso sin freno, algo que siempre había sido un problema para él. Un problema porque Elvis Presley odiaba verse gordo. Y un problema porque para el público él debía ser perfecto, así le habían conocido y así debía seguir siendo. La fama, esa gran amiga. En su última gira Elvis Presley estaba tan gordo que apenas le entraban dos trajes de todos los que alguna vez lució. Uno de ellos, el negro, lo rompía en su último concierto, en Indianápolis. Apenas mes y medio antes de su muerte.

Elvis Presley comiendo

Elvis Presley gordo y un traje que se rompe en directo

Para Elvis Presley estar gordo significaba un riesgo. Las aseguradoras le temían por los posibles problemas cardiorrespiratorios que podía sufrir. El ridículo del traje roto era un nuevo aviso, uno más. Tenía el colon desviado. La presión alta le obligaba a tomar más pastillas de las necesarias, además de las que él mismo se autoprescribía, en la más amplia costumbre americana, ya que se había convertido en algo así como un médico personal. Siempre interesado en el tema, tenía docenas de libros sobre la materia en su hogar. Elvis Presley sufría glaucoma. Y aún con todo esto en mente Elvis Presley y las drogas no fueron una ecuación real.

El artista de Memphis fue un firme defensor antidrogas y seguiría siéndolo toda la vida pero Elvis Presley adoraba las drogas legales que sus médicos o él mismo podía prescribirse. Que Elvis Presley estuviera gordo era un problema más de cara al público y su autoestima que una cuestión de salud real. Elvis aún estaba en forma como demostraba con sus aún habituales giras, o haciendo deporte en su mansión de Graceland. Era capaz de retar a chavales jóvenes y ganarles. Otro de los problemas que le costaba superar era el olor corporal que había traído su aumento de peso, con una mayor sudoración.

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No era un hombre desdichado. Solo quizá, en cierta manera, desde que Priscilla Presley abandonase a Elvis. Sin embargo quería a su hija Lisa Marie con locura y Elvis Presley no estaba dispuesto a dejarla olvidada. Iba a superar sus problemas de manera legal. ¿Cómo? El rey estaba dispuesto a seguir una dieta, con incluso ayunos de varios días, y hacer deporte de manera habitual para volver a su peso ideal. O acercarse al menos. La RCA le exigía nuevas canciones, pero él no estaba con demasiadas ganas de eso. Su futuro pasaba por otro lado.

¿Leía cosas extrañas? Puede ser, como se vio en el baño donde Ginger Alden encontró a Elvis muerto junto a, al parecer, un libro que unía técnicas sexuales y energía psíquica. Elvis Presley era el hombre a quien Richard Nixon declaró agente de la actual DEA. La realidad nos dice que el rey del rock siempre había sido un hombre peculiar, como podemos ver en todas estas anécdotas de la recta final de su vida.