Los años setenta y David Bowie formaron una de las uniones más particulares e interesantes de la historia del rock. El brillante artista inglés, capaz de todo, fue algo así como un rey para la prensa y los medios especializados. Capaz de ofrecer una polémica tras otra, o de reinventarse musicalmente y hacer que su música anterior quedase incluso antigua. David Bowie se labró en aquellos años una fama de personaje único e irrepetible que perduró hasta aquel 10 de enero de 2016 en el que nos abandonó. Fascinante de principio a fin, los años de David Bowie en Berlín (1976-1979) son aún desconocidos para el gran público.

A mediados de los años 70, Bowie estaba sumergido en la personalidad del Thin White Duke. Las drogas eran el motor que parecía moverle diariamente. Así grabó Young Americans y Station to Station. Discos que precederían su etapa berlinesa. Como el Thin White Duke estaba completamente fuera de si. Era un personaje, sí, pero llegar a los extremos de realizar el saludo nazi al llegar a la estación de tren de London Victoria era demasiado hasta para él. Aspectos que admitiría después, afirmando que aquellos fueron sus días más oscuros.

Queriendo escapar de esa persona en la que se estaba convirtiendo, David Bowie decidió mudarse a Berlín. La vida en Los Angeles era una bacanal sin fin, llena de drogas. Sufrió varias sobredosis que pudieron acabar con su vida. Quería alejarse de las drogas, convertirlas en parte de su pasado. Con David Bowie en Berlín, este decide mudarse con su amigo Iggy Pop, por aquel entonces un reconocido politoxicómano. No parecía la mejor de las ideas. Incluso la escena de David Bowie en Berlín no parecía directamente apropiada.

Drogas, Iggy y Bowie

Berlín era en aquellos años una fiesta salvaje sin fin. Las drogas parecían permitidas. Así lo definía el propio Iggy Pop. Ambos compartieron piso hasta que Bowie decidió que había sido suficiente. Pidió educadamente al líder de The Stooges que se buscase alojamiento. Las fiestas sí que siguieron compartiéndolas. Cuando se situó David Bowie en Berlín, una de las primeras cosas que hizo fue hacerse habitual de un club dirigido por la transexual Romy Haag. Con ella Bowie mantuvo una relación cercana, íntima, que muchos aseguran fue algo más que una amistad. Bowie estaba obnubilado por la belleza de Haag.

No era solo su belleza lo que enganchó a Bowie. También su colección de discos, su magnetismo y sus intereses culturales. Como tampoco fueron las fiestas o las drogas los que pusieron a David Bowie en Berlín. Quizá el saludo nazi en Londres no fue casual. Y es que Bowie sentía una sana fascinación por varios momentos de la historia alemana. Centrados especialmente en la República de Weimar y la vida cultural del Berlín de los años veinte. También por la Alemania Nazi y su estética.

David Bowie en Berlín

Y el muro. Ese muro sobre el que anda Heroes, la gran canción de la trilogía de discos de David Bowie en Berlín. Bowie no solo salió de fiesta o paseó en bicicleta de manera anónima por Berlín. Hizo muy buenos discos. De la mano de Brian Eno y Tony Visconti -el hombre de la pareja que se besa en Heroes- construyó Low, Heroes y Lodger. Musicalmente también estaba fascinado por la escena berlinesa, en especial los ya icónicos Kraftwerk, pero también de otros como Tangerine Dream.

Cuando se posó David Bowie en Berlín, venía de su época más oscura. De esa de la que llegó a decir que no recordaba muchos momentos. Salió de la ciudad alemana cambiado, reforzado, quizá mejorado como persona. Como artista siguió siendo uno de los mejores de todos los tiempos. Incluso le dio tiempo a producir los dos discos que definirían la carrera de Iggy Pop en solitario: The Idiot y Lust For Life.

No volvería a estar David Bowie en Berlín hasta diez años después. Alguna escapada aquí y allá, sí, pero cuando volvió a hacer historia fue con aquel concierto en el lado occidental del muro. Sus canciones eran coreadas por aquellos que veían el concierto. También por aquellos que, cemento mediante, debían conformarse con escucharlas y corearlas. Sí. David Bowie era ya un Héroe a ambos lados del muro. Las voces y los aplausos llegados desde el este conmovieron a un David Bowie que seguro volvió a rememorar sus tres años en Berlín. Y le reconcilió con el mundo.