Ir al Azkena Rock Festival significa hacer un pequeño viaje de dos días en los que tu único objetivo es vivir y disfrutar del rock and roll. En su edición de 2018 hemos completado dicho objetivo con creces. Buena música, buen rollo, buenos amigos, buen sonido, buenos grupos y cerveza. ¿Qué más se puede pedir? Quizá no era el cartel soñado y no se acercaba a la mágica edición de 2017, pero hay que admitir que la gente de Last Tour sabe lo que hace.

 

El Azkena es un festival cuidado, sin estridencias, donde todo parece encaminado a mejorar la experiencia del consumidor. Esa sensación recibimos al entrar por las puertas del recinto, aunque nos chocase ver un hashtag mal realizado -“#Al Azkena Se Va”, separaciones incluidas- en la lona que, con la imagen de Tom Petty, daba la bienvenida a los rockeros. Pasado ese susto inicial, nuestra primera acción fue hacer una vuelta de reconocimiento del recinto. Poco parece cambiar, sigue habiendo espacio para todos, sin agobios, puedes ver los conciertos en las primeras filas sin problemas, Trashville cambia de cara pero sigue molando, la hierba es amplia -y bien que la usamos en las primeras horas de la tarde, cuando el sol más pegaba-.

 

The Sheepdogs Concierto

Día 1: Viernes 22

Sin embargo y aunque el recinto sume puntos, nosotros estamos en el Azkena Rock Festival 2018 por sus bandas. Por eso arrancamos la aventura el viernes con el concierto que The Sheepdogs ofrecieron en la Virgen Blanca al mediodía. Solazo, sí, pero nada que un par de cervezas no ayuden a mitigar. Y mientras disfrutamos de nuestra particular ‘rubia’ los canadienses van soltando clase y calidad tema tras tema, desde el primero al último, en una hora de concierto que no da respiro. El público entra poco a poco en calor, de la mano de una banda que suena a grupo grande. Genios del rock and roll.

Ya en el recinto por la tarde y tras disfrutar del soul de los gallegos The Soul Jacket, en esa complicada tesitura de abrir un festival, volvimos a acudir a nuestra cita con The Sheepdogs. Repetían los canadienses y, si nuestra memoria no falla, el setlist fue sino idéntico, muy similar con apenas unas variaciones. Y aún así volvimos a gozar con sus guitarras, con la imponente presencia de Ewan Currie. No es para menos, con ese discazo que han publicado en 2018, un Changing Colours que, si existiese justicia, les debe situar como una banda importante en el rock actual.

Chris Robinson

Dudamos si continuar con Rival Sons o los vitorianos The Allnighters y erróneamente nos fuimos con los primeros. Intermitentes, afectados por el calor, con demasiadas pausas… quizá una de las pocas notas negativas del fin de semana. Tras pasar por Trashville para disfrutar con la curiosa locura de The Yelling Kitchen Prince, llegaba el momento de ver qué proponía Van Morrison. Poco duramos. Necesitados de emociones más fuertes, lo que el León de Belfast nos ofrecía era muy interesante, pero no lo que queríamos. Momento de hacer un alto en el camino, avituallarse, y llegamos a tiempo de ver un cierre de concierto con ‘Gloria’ sonando y el público entregado. Nosotros ya camino de Dead Cross a disfrutar, en horario extraño para los de Mike Patton y Dave Lombardo, de una descarga de energía brutal, con mensaje en contra de La Manada por parte de Patton incluido.

Ya de noche era hora de disfrutar con el buen rollo y el hippismo de la Chris Robinson Brotherhood. Tremendos una vez más, arrollando Neal Casal con sus solos de guitarra, abrigando la voz de un Chris Robinson que sigue siendo uno de los mejores en eso de cantar. Después repartimos nuestro tiempo entre el supergrupo que ha montado Wayne Kramer con sus MC50, correctos sin más, poco de The 5.6.7.8’s, infames, y unos interesantísimos Nebula. Malditos solapes. Cerramos el viernes con el buen hacer de Girlschool, que cumplieron con la papeleta de sustituir a un grupo tan diferente como Urge Overkill.

 

Mott the Hoople

Día 2: Sábado 23

El sábado el sol seguía amenazando sobre nuestras cabezas, pero nuestras ganas de rock and roll crecían, lejos de disminuir. Al mediodía un poco de The James Taylor Quartet para abrir boca, callejear por Vitoria-Gasteiz y disfrutar de sus pintxos y bares. Había que coger fuerzas, el sábado prometía y mucho.

Tanto se alargó el coger fuerzas que no llegamos a nuestro primer objetivo del día: Mamagigi’s, interesante banda country de Bizkaia. Nos tuvimos que conformar con llegar al potente bolo de Lords of Altamont, en una hora un tanto inusual para un grupo como el suyo. Gran concierto, empañado por la actitud de los miembros de seguridad al expulsar del escenario y con muy malas maneras a un espectador al que el grupo había animado a subir y participar con ellos. Fallo de la organización, que debe medir estas cosas. La pitada del respetable fue en consonancia con los malos modos vistos.

Quitado el susto, aprovechamos para hacer unas compras en los siempre interesantes stands del Azkena Rock Festival, vimos la segunda mitad del concierto de Berri Txarrak tirados en la campa y directos a Mott The Hoople. Uno de los momentos más esperados del festival y van los tipos y arrancan con ‘The Golden Age of Rock and Roll’. Una declaración de intenciones, el bolo prometía y los británicos cumplieron con creces. Bolazo, uno de los grandes momentos del festival, actitud, buena música, gran sonido, buen rollo… y un pipa en traje, que siempre gusta.

Joan Jett

Hora de disfrutar con Turbonegro, su Turbojugend, y la fiesta que proponen los noruegos. Han derivado el espectáculo en eso, una fiesta, y la verdad que les queda un show muy disfrutón, con diferentes versiones metidas a lo largo del bolo. A mitad del concierto tiempo para irnos a The Dream Syndicate, y el grupo ‘indie’ del festival se casca un señor bolazo de un nivel que asusta. Uno de los grandes ganadores del fin de semana con diferencia -y eso que no lo vimos entero-.

Refrescado el gaznate una vez más, llegaba el turno de la reina del rock: la gran Joan Jett. Otro conciertazo a sumar al Azkena Rock Festival 2018. La estadounidense está en plena forma, disfrutó como una enana con el público, estuvo cómplice con él y ni siquiera los problemas de sonido en sus monitores le quitaron la sonrisa. Y su sonrisa se extendió al público que llenaba el escenario principal. Sonaron sus clásicos, sí, ‘I Love Rock and Roll’, ‘Bad Reputation’, ‘I Hate Myself For Loving You’, pero también muchos otros temas que demostraron que tiene canciones para dar y tomar.

Homenaje Tom Petty

Como quiera que servidor tiene en Tom Petty a una de sus referencias musicales, tocó decir no a The Beasts of Bourbon -no sin dolor- e ir al homenaje que Carlos Vudú y el Clan Jukebox realizaban en el tercer escenario. No nos equivocamos. Musicalmente geniales, con gente de M-Clan y Loquillo entre la banda, una cuidada selección de canciones e invitados, en especial una Nat Simmons que nos cautivó con su voz y buen rollo. Les tocó el marrón de sustituir a Urge Overkill haciendo el homenaje, con apenas tiempo para preparar el espectáculo, y lo bordaron. Aún nos dio tiempo a disfrutar un rato con el bolazo de Gluecifer, pero mi mente seguía volando con Tom Petty y fue momento de decir adiós al Azkena Rock Festival 2018.

Una edición más el Azkena sigue gozando de un gran predicamento entre los rockeros. Siempre hay cosas por mejorar, como que durante el concierto de Van Morrison apenas tuvieras opciones de ver otra cosa. -Trashville o… Trashville-. La cerveza no merece tener ese nombre, pero esto es cosa de todos los festivales grandes. Pero mientras el Azkena Rock Festival siga siendo fiel al rock de su nombre, seguiremos yendo. No nos falles.