La de Charles Bradley no fue una vida fácil. Hoy reconocido como una de las mejores y más interesantes voces que nos ha dado el soul en los últimos años, durante mucho tiempo Bradley se limitaba a sobrevivir. Como tú, como yo. Desde joven tuvo que ganarse la vida cogiendo cualquier trabajo que se le pusiera por delante. Había que meterse algo de comer en la boca y eso siendo un afroamericano analfabeto de Brooklyn en la segunda mitad del siglo XX no resultaba sencillo. Cuando pudimos conocer su voz, su arte, su magia como cantante de soul, solo pudimos aplaudir y celebrar que la vida le cambiase para siempre. Él se mostraría agradecido, disfrutando de esa segunda vida que le había llegado, siempre con una sonrisa en la boca.

Nacido un 5 de noviembre de 1948, cualquiera podría decir que tras la guerra su familia, él, contarían con nuevas y buenas oportunidad. No fue el caso. Nacido en Gainesville, cuna de Tom Petty entre otros, él es un animal de Brooklyn. Hoy Brooklyn es un barrio gentrificado, pero otrora fue un lugar de inmigración y minorías étnicas. Un lugar de esos de los que puede costar salir si has nacido en la calle equivocada, en la familia sin suerte. Un lugar donde hacer cosas peligrosas y arriesgadas no parece tan mala idea. Lo que sea con tal de respirar, de coger aire, de abandonar esas calles para un futuro mejor. La vida de Charles Bradley no difería de este perfil, pero quizá su carácter bonachón le impedía hacer según qué cosas.

Te contamos una de las grandes desgracias del soul: la muerte de Marvin Gaye

Lo que sí da Brooklyn es dureza. Al menos a nuestro protagonista. O sales duro, o no sales. Charles Bradley no conoció a su padre. Su madre les abandonó cuando apenas había cumplido el primer año de edad. Acabaría regresando pasados unos años, en la década de los sesenta, pero mientras tanto sus abuelos se hicieron cargo de su educación y manutención. Décadas después un hermano sería asesinado por su sobrino. Para más inri su madre sufría problemas mentales que hacía de su convivencia algo muy difícil. El propio Bradley tenía miedo con ella.

Eso hizo que ya como adolescente decidiera abandonar su casa. Desde ese momento Charles Bradley pasaría a vivir donde podía, en la calle, en vagones de metro, yendo de un lado para otro, oliendo y tocando el peligro en las calles, en cada esquina. Malvivía. Por eso decidió que cualquier trabajo era bueno. No consistía en ser feliz y mejorar, sino en sobrevivir primero para poder ser feliz. Algo. Poco. Compaginaba trabajos en cocinas, bares, o como barrendero. Estado de Nueva York, California, donde le dejasen. Y cuando terminaba de ganar unos cuantos dólares realizando esas labores disfrutaba. Se ponía pintón, se iba a la tasca más cercana, o a la primera que le aceptase, y se ganaba un extra siendo feliz y disfrutando como imitador de James Brown.

Ah, James Brown. En los sesenta no habría muchos espectáculos que llegasen al nivel del suyo. Cambiaba a cualquiera que le viera. Con 14 años la hermana de Charles Bradley le llevó a un concierto de James Brown en el Teatro Apollo, hogar de algunas de las mejores actuaciones del Rey del soul. El adolescente Bradley entendió que aquello era lo que quería hacer, aunque fuese en un bar de mala muerte. Consiguió incluso una parte de la fama que alcanzó Brown. Imitándole forjó una identidad. Los movimientos, la voz, el desgarrarse en cada actuación como lo hiciera su ídolo. Todo eso lo pudimos disfrutar cualquiera que le viera en directo durante su breve carrera.

Tuvieron que pasar largas décadas para que alguien descubriera a Charles Bradley. Ocurrió en Daptone Records, un sello de funk y soul situado en Brooklyn. Cómo no. Allí Amy Winehouse había grabado parte de su ‘Back to Black’. Y por allí se pasaba Bradley de vez en cuando, incluso echaba una mano en lo que podía. Si tocaba barrer el suelo se hacía. Estaba acostumbrado y era un tipo agradecido, le bastaba con disfrutar de lo que allí podía verse y escucharse. Pronto era uno más de la familia, cuando Thomas Brenneck, guitarrista de los Dap-Kings, banda de Sharon Jones, buscaba un cantante para una nueva banda y decidió testarle. Brenneck se daría cuenta de que ahí no había un cantante para una banda, sino una banda entera. El objetivo cambió y todo debía girar en torno al veterano cantante.

El primer paso era encontrar su voz. ¿Qué debía hacer? No debió ser complicado. Charles Bradley recibió clases de gramática. No olvidemos su analfabetismo. Así podría componer algunas letras. Todo esto con 62 años. Pasan rápido a grabar un álbum de nombre ‘No Time For Dreaming’, un título esclarecedor. Ya no hay tiempo para soñar, para pensar, para creer. Es hora de vivir, de disfrutar, de trabajar. Son muchos años sembrando en lugares insospechados y ya va siendo hora de recoger los frutos. Por una única vez.

De ahí a la fama solo había un paso. Porque si en disco engancha, en directo era una experiencia única. De esas que vividas una vez uno no olvida jamás. Charles Bradley tenía una gran voz. Sin embargo era muchos más, contaba con una presencia escénica magnífica gracias a sus años en tascas imitando a James Brown. Charles Bradley en concierto era un huracán que te golpeaba con sus magnetismo, era un torbellino de emociones. Parecía que le iba la vida en ello, parecía que te cantaba expresamente a ti. Y seguramente hiciera ambas cosas en cada concierto. Sus canciones tienen ese algo que evocan a la gran historia del soul. A su ídolo y a otros grandes artistas. ‘The World (Is Going Up In Flames)’ o ‘Changes’, la versión que hace de Black Sabbath, son dos joyas del soul. ‘How Long’, ‘How Is It So Hard’, canciones todas ellas con una magia especial. Un tipo único e irrepetible que se nos fue en 2017. Un hombre al que la repentina fama no le cambió. Seguía siendo el mismo tipo afable y generoso. Él solo quería salir de gira todo lo que pudiera, grabar todo lo posible. Sabedor de la enfermedad de su madre y aunque les costó muchos disgustos en su relación, Charles Bradley no se separó de ella nunca. Siguieron viviendo juntos hasta la muerte de ella en 2015. Esa ‘Changes’ iba dedicada a ella.